4 TRES CIENTOS SESENTA Y CINCOS Y UN 366 DE ONCES




dada la continuidad de la ausencia de tibieza
considerando la permanencia de las carencias y
... las ansiedades que se perpetran cotidianamente
... y el frío sobre todo en especial o solo
... o el frío completo en salchicha con mayonesa viscosa
... seminal y estéril
... la sábana sucia que cubre monstruosos ayuntamientos
... la escasez de radiación solar
.......... (lo poco que alcanza a llegar a través del monóxido de
carbono, el humo de chimeneas pastizales que se
queman en febrero cigarrillos chimeneas tubos de escape tubos chimeneas humo)
.......... de la que tiene que atravesar además esa sucia
sábana que cubre apenas -como mera sábana polucionada-
esas teratológicas cópulas esos coitos de ahítos
................................. esas violaciones y estupros
.................................................... y las ondas
de radio en amplitud o frecuencia modulada
las largas y las cortas ondas
.............................. de radio de televisión o télex
las ondas que emiten las antenas emisoras
....................................y las receptoras, que también reciben
esas ondas que la luz solar debe atravesar
.........................................lo inconcebiblemente banal y eficazmente hipnógeno
de lo que se radiodifunde y televe
..................................lo opaco de los cristales
......................................"color humo por dentro
....................................espejo color bronce hacia el exterior"
.................................. los cristales que dispersan los que refractan
los que cromatizan la luz ..... lo exiguo de la tasa de luz que alcanza
a corresponder per cápita, por cabeza
...........................................lo gachas que se encuentran estas últimas
...........................................(lo desigual de la tasa de luz de cabeza a cabeza)
............................................lo sucio de la sábana que lo cubre todo
...............................................................................o casi todo
..........................................................................o hartas cosas
........................................ (la sucia sábana no se cubre a sí misma)
considerando también los olores a añejo, a podrido a quemado o
infectado
..........................................parece que como que hubiera que hacer alguna cosa.

........................................Aunque cabe la posibilidad de que sea mejor
...........................................................no hacer nada
...........................................................nada hacia la izquierda
............................................................ nada
......................................................hacia
....................................................la
......................................... derecha
...............................................nada hacia adelante tampoco, más aún,
especialmente, nada hacia adelante -está la inercia
.............................................................nada hacia atrás, no se puede,
trate usted de nadar hacia atrás, no se puede, la historia
.......................................................................no retrocede
-está la historia
-están las bayonetas de la historia bajo las banderas de la historia
-está la sangre en las bayonetas de la historia bajo las banderas de la
.......................................................................................historia
.......................................coagulada ya, reseca, más bien, como yesca
yesca de sangre sobre las bayonetas de la historia bajo las banderas de
............... la historia -de lo que está atrás
.......................(no fumar, peligro grave de incendios, demasiada yesca
-sangre seca- atrás)
Nada tampoco ni hacia arriba ni hacia abajo ni hacia adentro ni hacia .................................................................................... afuera
.............................nada hacer, no hacer nada
-cruzarse de brazos -sentarse en posición de loto -tirarse boca arriba y
-mirar el cielo
............................(nada hacia arriba; no pensar en escalar el cielo)
-tirarse boca abajo, la mejilla pegada al suelo
...........................................o hundida en el barro
(no pensar en hundirse; no evitar hundirse)
...............................al menos cabe la posibilidad de que eso fuera lo que
parece que como que hubiera que hacer, la cosa aquella
........................................................................... alguna
cabe la posibilidad de que eso fuese: alejarse de la acción
.......... con las manos en los bolsillos
o con las manos tomadas a la espalda
o con las manos enlazadas en la nuca
...................... o levantadas ..... mirando el suelo
................................................a patadas con las piedras
................................................aplastando descuidadamente
eventuales caracoles cuncunas, lombrices o cucarachas distraídos-as
............................. -jamás tomarán venganza-
alejarse de la acción: irse despacio a ninguna parte
................................pues no hay donde irse
................................pero hay que irse
-tal vez, digo yo, como que habría que irse....... -a ninguna parte
-tal vez haya donde esconderse, no sé
................................................ en todo caso sería preciso
no salir a la calle:
........................los sujetos que en París rayaron las murallas de mayo
graficaron las palabras francesas que traducidas al idioma español dicen:
.................... la/acción/está/en/la/calle
..........................................................y si hay que alejarse de la acción
sería inconsecuente tomar una micro
.......................tomar el metro, una liebre, un bus urbano o interurbano,
tomar
bebidas alcohólicas o de cola o cafecitos

habría que morirse de hambre, pienso
secarse en una esquina poco frecuentada o en un sótano oscuro, digo yo
porque las torres Santa María podrán ser los edificios más altos de
Chile
pero haga usted la prueba de subir
-tendrá que ir bien vestido-
tomar uno de esos ascensores que adivinan el pensamiento o poco menos
y que son tan veloces como altas son esas torres
y llegue lo más arriba que pueda, hasta la terraza, si es posible
actúe hacia arriba para después tirarse y no hacer nada
abastecido de libertad por lo libre de la caída
que te hace abrir los brazos y planear, acercándote a tu reflejo
que se acerca hacia arriba desde los espejos de agua
con tu imagen multiplicada por los vidrios que por fuera son espejos
que reflejan tu imagen cayendo de modo que tú no alcanzas a ver adentro
pero que no les impide verte dentro pasar volando en caída libre
-y creerían que pasó un ángel y habrá un momento de silencio...-


No podrás: alguien sujetará a usted del brazo justo a tiempo
............. alguien o algo, algún robot por ejemplo
..............y alguien -o algo- llamará a una ambulancia
a través de un citófono a un teléfono que llamará a una central que
.......... pasará el mensaje a otro teléfono etcétera
todo a velocidad escasamente menor que la de la luz o la de tu cuerpo
en la frustrada caída
.................probablemente el radio del radiopatrulla no será necesario
habrá una sirena o tal vez no, habrá en todo caso un silencio eléctrico
de terapia de choque ...... tac/
....................................... un vacío
................................................y un hueco para ti en una terapia
............................de grupo
..................... de un grupo cualquiera
y sean cuales fueren los cuentos que te cuenten, desgraciado
la cuenta que te pasen
...........................saldrás del hospital clínica o centro médico
tarareando gracias a la vida
motivado por los avisos y consejos de la publicidad que nos ayuda a
vivir mejor
...............desde la radio o el televisor
que tanto habrán contribuido a tu curación
.................................rumbo al local más cercano
................................ en que se pueda jugarle una cartilla a la
Polla Gol ....................a cambio de un templo donde sacrificar un
gallo a Esculapio ........que ya no se usan esas cosas, pues hombre
.................................para después entretenerse un rato mascando
chicle de un sabor predilecto
......................................en la máquina de pinbol o pinpong electrónico
..... O sea que en resumen habría que morirse sin alharaca
..... sin pánico cundiendo ni cúnico pandiendo ni púnico candi endo

suave, callado el loro
.........................-- morirse
o quedarse en la vereda como un pedazo más grande que el promedio
...................................de basura
saboreando algo así como un candi masticable o un goyak
y hasta incluso un caramelo bueno, de Serrano, o fino,
de Ambrosoli,
................pero muriéndose,
....................................... muriéndose sin alharaca,
......................................................muriéndose.


Rodrigo Lira
Revista "La Bicicleta". 1980

Dia raro


¡Fuera! ¡Basta! ¡Si, soy un bicho bolita! Soy un bicho bolita ¿nunca viste uno? ¡Uy dios mío que hincha pelotas!… está bien, está bien, está bien, me hago bolita…mira…ahí tienes…¿conforme? Ahora déjame en paz por favor, no estoy tan al pedo como tú. Tengo ¡pro-yec-tos! ¡tra-ba-jos! ¡Saca la mano, ya te mostré, fuera! Que pesadilla interminable. Para que habré venido hasta aqui. Ah, si, para el funeral de Marcel.

Copiado del Blog de Igor
Buenos Aires
Argentina

Declaración SECH San Antonio.


La SECH provincial considera que dada las condiciones político-culturales que determinan el periodo, se hace necesario emitir una declaración, que intenta ser analítica, que aluda a algunos hechos relevantes para nuestra comunidad y que está en relación directa con nuestro trabajo, casi siempre centrado en la promoción del libro y la lectura, y en las escrituras que surgen del territorio en cuestión.

En primer término nos sentimos como agentes e interlocutores significativos de la cultura local y nacional, no sólo porque somos un gremio que tiene una trayectoria importante institucionalmente, sino porque hay proyectos de escritura que lo avalan.

Como gremio, y también como escritores particulares, hace un tiempo largo que hemos hecho un llamado de atención a las autoridades por el uso abusivo y burdo que se hace de la noción "litoral de los poetas", promovida por el oficialismo y por agentes políticos gubernamentales y privados (aliados en proyectos de "desarrollo", generalmente del rubro turístico-gastronómico). Aquí el tributo es mínimo, quizás la pura mención, y al gremio no sólo no se lo toma en cuenta, sino que se lo desprecia.

El otro punto al que queríamos hacer referencia es el que tiene relación con el proyecto Centro Cultural Integrado que impuso la autoridad, sin atender a los diagnósticos previos que han realizado muchos agentes culturales locales. En este punto había prioridades que el proyecto no contempla, ya sea el tema bibliotecario y la perspectiva educativo-cultural, que nosotros y nuestras organizaciones aliadas hemos discutido durante tantos años (Espacio cultural, Escuela 1 y otras organizaciones sociales y culturales). Lo que nos parece grave es que existe la posibilidad de que recursos de todos los chilenos sean manejados por una corporación compuesta por el empresariado, lo que supone un sesgo impresentable. Esto sumado a la presencia siempre invasiva de una municipalidad que, en la práctica, está constituida en un poder fáctico. Nosotros reclamamos el derecho a formar parte de esa instancia, por ningún motivo vamos a permitir que un bien patrimonial, construido con recursos de todos los chilenos, se entregue a manos privadas así como así. Creemos que podemos y debemos formar parte de un equipo de gestión que pueda hacerse cargo de una institución que, aunque parte cojeando, hay que asumirla, porque corresponde a un voluntarismo oficial, el que además, vamos a estar obligados a agradecer, con ese estilo humillante con que las autoridades "suelen beneficiarnos".

Por otra parte ponemos en tela de juicio a las autoridades por eludir y hasta omitir el tema de un proyecto bibliotecario moderno para nuestra ciudad, optando y apoyando sin ningún pudor, proyectos empresariales que han provocado un daño profundo en el imaginario urbano de nuestra comunidad, como es el proyecto Mall-Casino. El contraste es evidente.

El municipio y la gobernación (el gobierno) ha privilegiado el evento de contenido levemente cultural por sobre el tema infraestructura y la solidificación de estrategias potentes, medio y largo placistas. Estos y otros temas nos gustaría conversar con la autoridad y compartir con la comunidad, penando siempre en el desarrollo territorial.




Marcelo Mellado



Publicado en El Líder San Antonio, jueves 15 de octubre de 2009.
Buscando su dirección

Aclaración

"Las noticias sobre mi muerte han sido exageradas"

Mark Twain

Miedo


" Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso. "


Raymond Carver

Aburrido


Hoy Martes, porque es Martes en estricto orden semanal
y con la hora marcando el paso. El desfile agobiante
que minutos muchos más que menos
agregan vacíos al ser. O sea me envejecen ¿me entiende?
Hoy día martes, con el ruido del mundo zapateando en una oreja
y con el sol tan alto como le es posible.
Hoy Martes me declaro cansado. Léase hastiado, hasta la coronilla y aburrido,
muy aburrido de todo y de nada
Con la inapetencia glacial invadiendo la república de mi mismo
y sus provincias y sus colonias y todo donde estuve o estoy
Con las emociones botadas a huelga
atiborrado de la vulgaridad diaria, que esa si que es harta
y bucólica
Sin gloria ni pecado que pueda revertirlo
aburrido de la puta vida que cobra caro a los sin plata como yo, que no tengo
y nunca voy a tener, lo se
a menos que la suerte se equivoque o se apiade
y pueda comprarme emociones clandestinas, que esas si son fuertes,
remecedoras y despierta muertos
porque lo estamos por si no se ha dado cuenta.
Cansado y aburrido
Mascando chicle dos en uno que no es lo mismo que uno en dos...
o uno para dos
algo que en principio fue buena idea
pero que nunca debió serlo
Ciertas cosas no se autorizan, pero igual se hacen
y yo las hice y ya no quiero hacerlas
Para que me entienda bien.
Hoy día la vida abrió la jaula y no quise volar
Que la vida sin plata es miserable ¿no cree ud?
con la tripa vacía y la garganta seca me apagaron la chispa
y me aburrieron.
Ah! nefasta realidad mercantil
si ni un miserable poemita como este me entretiene
Mascando chicle y con las manos en los bolsillos
y si, es verdad, se pueden hacer ambas cosas
al tiempo que me derrito al sol
Paresco un charco en el pavimento
Contando autos, hormigas, gorriones y viejas gordas
alisandome el pelo con dos dedos y escuchando el tic tac angustiante
Desquiciado en un tono mayor, estridente y vacío
Hoy Martes, hastiado de todo y de todos, me declaro en duelo absoluto
Hasta nuevo aviso, osea que voy y no se si vuelvo
Sin cargo de conciencia para ir liviano
Ciertos viajes son largos y hay que ir solo
Martes, Martes!! que no me gusta el día ni la hora
ni que me digan que no me embarque
y yo que pagué el pasaje con Bip y en primera clase
al ladito del chofer para saber donde mierda vamos
para no perderme las maravillas de la vida que ando buscando
Aburrido, desquiciado, medio loco ya
Mordiendo el cigarro que se acaba ¡Por la puta si es el último!
y el Martes lánguido y miserable no se marcha.

Yo no voto

He de señalar que nuevamente somos objeto de la más grotesca y aberrante burla. Maquinada la misma para reírse de nuestras insignificantes pequeñeces, de nuestras revueltas inconducentes o cualquier tono discorde a su programática confabulación.
Se podría decir que solo sufro de un repentino arrebato paranoico u esquizoide y que la realidad dicta mucho de lo que asevero, mas les aseguro que no es así
El desencanto con nuestra seudo democracia es terminal. No existe proceso más cínico e hipócrita que este. Se encuentran toda esa pléyade de candidatos pintarrajeados en sugerentes tonos opuestos, pero que comparten en su interior el alma negra de quienes ambicionan el poder a como de lugar. Haciendo de paso, oídos sordos a cualquier protesta por justa que esta sea.
Considero pertinente señalar con certeza. Para quienes aún esperan ilusionados a casi veinte años de la preparación del carnaval, Que la mentada alegría no llegará. No era posible que aquello sucediera. Los que fueron elegidos para traérnosla yacen absortos en el beneficio propio. Un proceso degenerativo fraguado desde el mismo término de la dictadura. Nos han mantenido sedados y astutamente han sacado provecho de nuestra somnolencia. Nos manejan en un puño y ni siquiera nos percatamos de esta desgracia.
Y aquí seguimos. Contemplando nuevamente los discursos repetidos, las sonrisas falsas que nos observan desde cuanto afiche desplegado sobre nuestras cabezas. Escuchando las consignas que se aúllan desesperadas, peleando a patadas por un cupo de poder con traiciones y bajezas de la peor calaña. Candidatos caricaturescos, cómicos en su impostura, títeres más que nada, cuyos hilos todos sospechan quienes gobiernan, pero que nadie admite saberlo. Si, es una grotesca y aberrante burla, si pensamos en las precariedades diarias de nosotros “los manipulados inconcientes”, los de las cifras micro, los desvinculados, (sin trabajo, cesante. Hasta flojo de mierda me han dicho). Los únicos que nos apretamos el cinturón cuando nos lo piden, los que tenemos que dar el mejor esfuerzo cuando las cosa van mal, como si no lo hiciéramos siempre; Nosotros que esperamos la prometida recompensa que nunca llega. Nosotros las víctimas de esta patraña democrática.
Quiero decir entonces, aunque puede que no le importe a nadie, que yo me niego y reniego a participar de esta comedia irrelevante, y no por el hecho de ser un resentido intrínseco, sino más bien por un asunto de dignidad que aún conservo pese a sus salvajadas corrompedoras. Yo no quiero una cuota de poder o un segundito de fama. Me da asco participar en el festín de los vencedores. Por todo esto es que me abstengo de toda posible y desahuciada gloria. Yo no elijo lo inelegible. Yo no voto.

¿Quién paga los platos rotos?



Tengo la impresión de no poder sobrevivir estas "fiestas". Por un asunto de disposición animica y también económica desde luego.

Por vino me quedé sin penas


La culpa fue del vino le dije, mientras me vestía y ella desnuda miraba el cielo tendida sobre la cama. Hay culpas imposibles de asumir. Y en cierta forma pudiera ser comprensible. Existía toda esa mezcla odorífera impregnando la atmósfera, ese estremecimiento visceral enardeciendo la piel y el salobre sudor mezclándose con saliva en la comisura de los labios. Estaba la sensibilidad angustiosa en la yema de los dedos y la urgencia extrema de perderse en un abrazo en la antesala de la embestida inicial. Pero insisto, la culpa fue del vino, un cabernet de excepción, de afrodisíacas y almizcladas cepas, que cual poción milagrosa, sembró el rubor en las mejillas asombradas derribando de paso cualquier asomo de pudor u decencia según como se mire.
La culpa la tuvo el vino y el par de botellas vacías que yacen victoriosas sobre la mesa recogen mi silueta totalmente saciada que huye rumbo a la puerta. Escapa de lo que vendría, de lo que yo suponía inevitable y para lo cual no poseía respuesta alguna. Pero nada de ello aconteció. Ninguna sílaba pronunciaron sus labios aparte de un inaudible hasta pronto resignado y un último abrazo de despedida. Entonces fue que el vino inocente, en un acto de venganza justiciera por tantas condenas en noches como ésta, escanció de un golpe la culpa sobre mí.

LA OTRA PESCA




Existen ciertos cambios que son necesarios. El hacer un punto aparte justo a tiempo frente a la rutina indiferente, la impotencia y la desdicha. Un cambio drástico de trabajo, de ciudad, hasta de amigos, provoca el renacer de la capacidad de asombro, la perplejidad necesaria para reencantarse con el mundo cuando éste apesta más de la cuenta.
Cuando al territorio lo transforman y nos impiden habitarlo. Cuando el progreso mal entendido subyuga nuestras tradiciones y costumbres, toda nuestra precaria cultura. Hasta nuestras más básicas y rudimentarias formas de sobrevivencia. Allí es necesario e imperioso el cambio. El traslado desde esos lugares desérticos hacia una nueva tierra fértil y promisoria.
Y la travesía debe hacerse en silencio cual rito fúnebre. Una suerte de duelo por la muerte que va quedando atrás. Porque cada cambio es la muerte de viejos deseos y el renacer de otros nuevos. En definitiva la muerte siempre implica, aparte del dolor cauterizado por el llanto, el florecimiento de otras esperanzas, de nueva vida. Existen otros horizontes que debemos perseguir en nuestro cambio de timón. En algunos casos, la búsqueda de la verdad última, el amor verdadero, la dignidad y justicia perdidas. En otros, la creación como sustento de ideas y desarrollo. El relato del entorno para preservar la memoria.
Es en este contexto y en el marco de una serie de trabajos audiovisuales que se realizarán propiciados por la CNCA, en el que existe un proyecto en que participaría activamente el Taller Buceo Táctico. La perfomance de concretarse consistiría a groso modo en el traslado de una embarcación u bote pesquero, tirado por un determinado numero de personas. Se partiría desde el muelle artesanal, pasando frente a la mole de hormigón que es el casino poniendo como punto de destino la Escuela 1 o nueva Escuela como la llaman algunos, con toda la significancia que ello conlleva. De ser así, sería el responso necesario para Denis Muñoz Aguilera, Pescador que agobiado por la crisis terminal que afecta a su rubro y que nadie hace nada por resolver, pusiera fin a su vida esta semana como último recurso desesperado frente a nuestra impávida indiferencia.

Haiku


De madrugada,
negros cantos de pájaros.
Quejas del alma.

Ley de Murphy


Si esperas un autobús que no llega, o un taxi o que empiece la sesión de una película (cualquier actividad en la que esté prohibido fumar), enciende un cigarro e inmediatamente aparecerán autobuses, taxis y empezará el cine.

Juliet, Juliet...

GRAFFITI

El trabajo dignifica al hombre; lo que le degrada son los sueldos

El brindis de despedida


Fue en el año 1985. Osvaldo Villanueva intentó dos veces quitarse la vida y no lo consiguió. Cansado de la insatisfacción permanente de sus días, de la amargura crónica que envolvía sus palabras. Pensó en el suicidio como única solución a tan desastrosa existencia. La razón de tal comportamiento la encontró luego de largas sesiones con su siquiatra. Según éste, su depresión se debía a la muerte de sus padres. Esto último ocurrió durante su niñez, pero ni siquiera él lo recordaba claramente. Saber que lo del fuego fue un accidente y que la providencia o más bien la suerte, (Osvaldo era un ateo acérrimo), lo salvó de morir quemado igual que sus padres, no disminuyó ni un ápice su fatalidad.
La primera vez fue un sábado por la mañana. Luego del desayuno y haber revisado el periódico. Ató el extremo de una cuerda a la viga que pasaba por el cielo de la vieja cocina y el otro extremo lo anudó fuertemente a su cuello. Saltó entonces de la silla en donde se había subido, pero la viga semipodrida no resistió sus 90Kg. de peso y toda su humanidad fue a dar al suelo en un aparatoso aterrizaje. Para la segunda ocasión optó por las píldoras. Se tomó decenas de pastillas tranquilizantes mezcladas con la mejor botella de ron que tenia en la licorera. ¿El resultado?, una pérdida parcial de la memoria inmediata y un desastroso dolor de estómago luego del lavado que le hicieron en la posta central. Sólo recuerda una serie de sondas entrando y saliendo de su cuerpo y la inmutable indiferencia de las enfermeras, seguramente hastiadas de los frecuentes casos como el suyo. Así es que definitivamente desechó de momento la idea del suicidio. Al menos hasta encontrar algún sistema más eficiente y menos doloroso.
Convencido de ser presa de una mala suerte congénita. Decidió enfrentar sus fantasmas depresivos, total que puede perder. Opta entonces, por disfrutar lo que más pueda los años que le quedan de vida. Pensando claro, antes de encontrar una nueva ocasión de suicidarse. Es aquí que invierte la mayor parte de su salario en comprar valiosos y elegantes trajes. También unos zapatos a la moda y un elegante reloj, y un sombrero de tela, que aunque no se usan, siempre quiso tener uno. La mayoría de sus chaquetas son de cuello alto para intentar ocultar la desagradable cicatriz que le cruza el cuello producto de su primer intento. Así es que aperado en todos estos detalles cosméticos se lanza al encuentro de cuanto evento social tenga conocimiento. Rodearse de gente era la mejor terapia que pudo imaginar e increíblemente, la única que su siquiatra no le recomendó. Siempre sospechó de él. Era probable que fuera tan amargado como él mismo.
Se hizo habitué de cines y teatros. Asistió a cuanto evento artístico o deportivo hubiera y fue asiduo oyente a los mítines políticos de la época. Iba también a clubes y discotecas, en donde se hizo conocido por sus generosas propinas. Tenía Osvaldo la caballerosidad precisa para tratar a la variada fauna que rondaba aquellos lugares y por ésto también lo reconocían. Y así todo se transformó en una rutina. El constante deambular de local en local, de calles y más calles huyendo bajo sus zapatos. Buscando en el lugar más inesperado quién sabe que esperanzadora redención.
Fue en uno de estos clubes que la conoció. No recordaba el nombre, sólo que estaba al final del callejón y que eran las cuatro de la madrugada. Su nombre era Natalia y era bailarina del local. Bueno, en realidad era toplera, striptisera o como quiera que le digan. Eso no le importó. Criatura más hermosa que ella nunca había visto. Se enamoró perdidamente de aquella mujer de pelo negro y mirada calma, sosegada, al igual que sus palabras. Asistía todas las noches que actuaba a ver su show y era el único que enviaba una caja de chocolates al vestuario de la chica. Ella sonreía agradecida, pero a su jefe el asunto no le parecía nada bien y cada vez que podía la sermoneaba por compartir demasiado con ése cliente. Sin embargo a ella no le importaban sus opiniones, por el contrario. Incentivaba las visitas de Osvaldo ya que también le había atraído. Le llamaba la atención lo educado que era y su mirada franca, directa, que en el fondo ella creía adivinar una inmensa soledad y ternura. Sería que a ella le pasaba algo parecido. La soledad acompaña a todos los que rondan éstos sitios.
Pasaron tres meses de haberla conocido y ya la acompañaba hasta el lugar donde vivía. Al cabo de un tiempo empezó a quedarse al menos unas dos noches a la semana, luego fueron tres, hasta que un día decidieron juntarse a vivir definitivamente. Transcurrió un tiempo más y Osvaldo le pidió que abandonara su trabajo. Le explicó que con el sueldo que él ganaba era suficiente para mantenerlos a los dos, que él cubriría cualquier necesidad que ella tuviera. Natalia aprobó de buena gana la idea y al día siguiente le dijo a su jefe que renunciaba. Éste aceptó a regañadientes. Era la mejor chica del local y de seguro perdería algunos clientes. Pero a pesar de aquello igual le deseó suerte en la nueva vida que comenzaba.

Osvaldo era feliz. Su vida transformada por completo giraba en torno a ésta mujer. Todas sus conversaciones, ya sea en el trabajo o en el almacén en donde hacia sus compras, tenían como tema principal su relación con Natalia. Los vecinos del barrio comentaban lo cambiado que estaba. Si hasta conversador se había puesto. Sus ojos se iluminaban solo al mencionarla. Ella, que por entonces ya tenia varios meses de embarazo, había aceptado casarse con él. Para aquello reservaron hora en el registro civil y prepararon una pequeña celebración a la cual solo invitaron unos pocos compañeros de trabajo de Osvaldo, dado que no era posible hacer lo mismo con Natalia. A ella su familia la abandonó siendo pequeña y pasó la mayor parte de su niñez en orfanatos. Un día se escapó y de una u otra manera logró sobrevivir. Por lo tanto no tenía a nadie conocido a quien invitar a su boda.
Los meses fueron transcurriendo raudos y el vientre de Natalia cada vez se hizo mas abultado. Osvaldo aseguraba que sería una niña y ella decía lo que mi Dios quiera. Previsores, ya habían adquirido ropa para la criatura, pero en colores neutros con tal de que pudieran ser usadas de todas maneras. Él arregló una habitación y la llenó de numerosos juguetes. Por su parte Natalia, pese a no saber nada de costura, confeccionó un hermoso juego de sábanas para la cuna de su bebé, con bordados de flores y dejándole el espacio suficiente para poner las iniciales. Dependiendo de lo que fuera. Porque ya tenían sus nombres elegidos. Serian los de ella, Natalia o los de él, Osvaldo. No pensaron en ningún otro porque solo estaban ellos. Era de ellos su felicidad. No existía nadie más en sus vidas y la verdad es que poco les importaba porque eran felices igual, de todas formas, como aferrados a esta felicidad cual tabla de salvación en un mar inhóspito. Esa alegría de vivir tan esquiva para ambos tiempo atrás, contra viento y marea, con los dientes, con el alma en cada acto, hasta el mas simple y cotidiano, como el de preparar la maleta para la hora señalada, el momento del parto, que ya llegaba aquella noche…


Me estaba quedando sin el final de la historia. El auxiliar del bus nos hacía señas de que debíamos abordar para continuar el viaje al norte. Llevábamos 10 horas de marcha y nos quedaba algo similar para llegar a destino que era la ciudad de Iquique. Nos habíamos detenido para llenar el estómago, estirar las piernas, fumar un par de cigarrillos y más de alguno, como en mi caso, bebernos una cerveza para capear el calor que reinaba allí en medio de la nada. Esto aconteció hace dos años más o menos. Entonces viajaba constantemente por razones de trabajo a distintas ciudades del país. Era vendedor de una empresa de repuestos y me trasladaba de aquí para allá con mi maletín lleno de ofertas, aumentando considerablemente el kilometraje de mis huesos. El 2003 los vuelos en avión no eran convenientes para mi bolsillo.
Lo primero que llamó mi atención al descender del bus, fue el mendigo que se acercó al chofer a preguntarle si le podía limpiar el parabrisas a cambio de algunas monedas. Me fije bien en él. Era un hombre corpulento, algo encorvado, con su pelo canoso desgreñado. Su aliento apestando a alcohol y su mirada extraviada daba cuenta de largos años en ese estado, sin embargo se notaba algo en su manera de hablar que llamó mi atención. Era su voz profunda e inusitadamente calma. También estaban esos ademanes exagerados, indignos, casi humillantes que pretendían ser agradables con el único afán de ganarse un trago. Me acerque a él y le ofrecí una cerveza helada, la cual agradeció de sobremanera y comenzó a contarme aquella extraña historia. Vestía unas ropas bastantes desaseadas y lucia una barba de varios días, su mirada vidriosa se estacionaba por momentos en el espejo contemplando su reflejo y hacia pausas demasiado largas para mi gusto, pensando obviamente en que tenía poquísimo tiempo de escucharle.
El auxiliar hizo el último llamado y me subí al bus a regañadientes, preguntándome que habría sido de Osvaldo, de su mala suerte y de su amor por Natalia. Cuando estuve en mi asiento al lado de la ventanilla, el bus encendió el motor y comenzó a ponerse en marcha, fue entonces que el mendigo, que nunca me dijo como se llamaba, se acercó un poco al bus y levantó el vaso a modo de despedida y desde arriba pude ver, bajo el cuello subido de su chaqueta, la cicatriz que serpenteaba su garganta. No alcancé a despedirme, porque el bus ya continuaba el viaje.

Graffiti

Estaremos siempre al lado del gobierno... porque si vamos delante nos cóje, y si vamos detrás nos caga.

Pussycat


El tiempo nunca es como queremos, las horas adquieren esa duración impensada dependiendo de las circunstancias. A veces las horas son interminables y desesperadas, imposibles de soportar, y otras se escapan furibundas e instantáneas por un destino impensado. A veces solo escucho el gotear interminable de la llave que me dijo reparara y que no hice. A veces no quedan más que siluetas fantasmales bailando y riendo a mí alrededor. Supongo que no estoy alegre, aunque triste tampoco estoy. Pussycat se fue a la salida del sol con destino desconocido. Dejó su cepillo de dientes, unas medias rosadas y una argolla de plata que encontré ésta mañana debajo de un sillón. El café humeante que sirve Javier en el lugar de siempre, no huele igual y los cigarrillos sin filtro son más fuertes que nunca. Al leer el periódico ya nadie me interrumpe para preguntar por el horóscopo del día, ni para criticarme por fruncir demasiado el ceño. Ya no tengo que atorarme con las tostadas por apurarme en ir a dejarla al trabajo, ni limpiarme el lápiz labial que dejaba en mi mejilla al despedirse. No tengo que romperme la cabeza pensando en la marca de leche descremada que me encargó le comprara. No tengo que comprar entradas para el teatro del Viernes, ni reservar mesa para dos en la cena acostumbrada de fin de mes. A veces me sorprendo reservando su revista quincenal en el kiosco de la esquina o comprando una pizza para dos a la hora del té. No he cambiado las flores marchitas que dejó en el jarrón de la mesa, ni he borrado el beso que estampo en el espejo al marcharse. Pussycat se marchó hace tantos días ya, pero aún sigue por aqui...

El hombre en el espejo

Mi yo desterrado

El cliente pasajero



Me despertó el sonido estridente del timbre. Comúnmente me duermo como un tronco, pero de un tiempo a esta parte cierta necesidad insatisfecha que transita por mi dermis provocando un desasosiego insomne puede más que el cansancio. Llevaba alojado en esa residencial cerca de cinco días y todavía no lograba acostumbrarme al metálico y monocorde llamado que solía ahuyentarme el sueño en mitad de la noche. Más que una residencial normal, aquel lugar consistía en unas piezas de dudosa construcción en donde alojaban esporádicamente pasajeros, que como yo, se quedaban por lo general un par de semanas debido a su cercanía al centro de la ciudad y sobretodo por sus bajos precios, los que obviamente impedían cualquier asomo de reclamo o protesta por malestar alguno. Al poco tiempo comprendí que el verdadero negocio era arrendar las piezas por horas a furtivas parejas en mitad de la noche, y recordándolo bien, creo que era un excelente negocio dada la cantidad de parejas que acudían a aquel lugar. Pareciera ser que la orden del día fuera joder y joder hasta más no poder. Comprenderán uds. que no solo el timbre me mantenía despierto. En más de una oportunidad los jadeos y aullidos histéricos de alguna quejumbrosa y acrobática pareja arriba de la cama al otro lado de mi delgada pared lograban definitivamente desvelarme.
Los pasos de la encargada, severa administradora del sitio aquél, se arrastraron por el piso haciendo crujir la madera y tintinear los adornos de cristal que colgaban con absoluto mal gusto por todo el pasillo. Era ésta una mujer de gruesas y prominentes formas, especialmente su busto. La dama en cuestión sobresalía por tener un inmenso par de tetas que resultaba casi imposible desviar la mirada y evitarse pensar divertidamente en el equilibrio que ellas hacían sobre su pecho para no escaparse enloquecidas en cualquier dirección. De rostro siempre ojeroso y cabello desgreñado,
su mirada hosca y amenazante impedía cualquier atisbo de acercamiento amistoso hacia ella. Daba la impresión que siempre estaba recién despertando de un profundo
sueño, aunque realmente nunca supe si de verdad lo hacía, ya que siempre estaba atenta a todos los sonidos del hostal y si algo la contrariaba se ponía de píe refunfuñando un par de frases inteligibles y siempre caminando con una lentitud exasperante.
_ ¡Ya van, ya van!_ Exclamó molesta por haber despertado para atender a quienes urgentemente deseaban un nidito de amor. Eran cerca de las cinco de la madrugada y el amanecer se adivinaba en el color del cielo, en el trinar de algunas aves posadas sobre los alambres del tendido eléctrico y en el aumento paulatino del tránsito de vehículos que viajaban rumbo a quién sabe dónde. Era muy probable que a la regente no la invitaran desde hacía bastante tiempo a un lugar como aquél a hacer cosas como aquellas, y tal vez de ahí provenía su agrio genio. La imaginé bostezando enfundada en esa bata de dormir de un azul desteñido, abriendo la puerta, transando el precio con los posibles clientes para luego pedirles la identificación. Con su voz grave y casposa por el tabaco, la escucho decir un par de palabras de advertencia acerca de no se que problema de higiene y conducirlos a la que sería su pieza, justamente al lado de la mía.


_ ¿No se acuerda de mi? _ Preguntó el hombre con su rostro pegado al cuello de la mujer sentada en la barra de aquel atestado bar. Vestía ella un ajustadísimo jeans y una polera blanca que no ocultaba en lo mas mínimo la aureola inquietante de sus pezones. Su pelo de un color rubio indefinible producto de alguna tintura de mala calidad, caía sobre su ojo derecho haciendo algo enigmática su expresión. Eran cerca de las cinco de la madrugada de aquel viernes y la risa y los gritos surgían espontáneos producto del alcohol que calentaba la sangre. Ella lo miró como entre brumas, como si un lejano recuerdo nublara su mirada. Su mano elevó la copa a modo de brindis de bienvenida y apuró su contenido de un sorbo. Los tragos de más hacían precario el entendimiento y la música estridente que apagaba
las voces la forzaron necesariamente acercarse mucho para escuchar las palabras que pronunciaba éste individuo. Lo miró con tristeza. Añorando viejos tiempos olvidados en otras noches más amigables que éstas y que nunca volvieron. Años a la espera entre bailes y fiestas, aguardando el paso seguro de aquél que se presentaba ante ella y que sin embargo estaba segura, no era. La transacción fue rápida. El hostal archí conocido por ella quedaba a pocos pasos de allí, cruzando la calle. Comprobó si traía dentro de su bolso los preservativos necesarios para la ocasión y se dispuso a continuar con la trama eterna que el destino reservó para ella, dejando además esa conocida sensación de angustia que generalmente combatía con alguna pastilla contrabandeada por su amiga enfermera o por algún polvo blanco camuflado en el baño que la hacían olvidar por un rato su obsesiva depresión. La noche estuvo floja. La culpa era de la fecha, a mediados de mes el dinero escasea en la mayoría de los bolsillos, especialmente en los de aquellos que buscan compañía de alguien como ella. Las sombras se aprestaban a iniciar la retirada ahuyentadas por el parto del ruidoso nuevo día. Era tarde ya y el sueño y el trago le habían amargado el ánimo.

Intenté dormirme. Metí mi cabeza debajo de la almohada y me cubrí por completo con las sábanas, pero era inútil. El sueño huyó y muchos recuerdos acudieron a mi memoria. Pensé en la urgencia de dormir y en el dinero gastado en esa miserable pensión, vieja y sucia, llena de baratas que recorrían las paredes en forma frenética y que ya me había cansado de espantar. Pensé además contrariado, en que tenía que levantarme temprano para ver la posibilidad de algún trabajo, que a fin de cuentas era a lo que había regresado, gastándome de paso hasta el último peso que tenía reservado para ese único y determinante objetivo.
Hacia varios años que no venía a ésta ciudad. La conocía bien es cierto, sin embargo algo había cambiado en ella, aunque no podría precisar exactamente que es. Eran las mismas calles, las mismas casas viejas con sus colorinches tonos, la misma avenida principal con sus árboles desnudos de hojas como mudos espectros casi resecos por el sol, las mismas torres eléctricas colgando de los cerros amenazadoramente y con el mismo sabor salado del aire partiendo la piel, ése que tan bien conocí en un millar de noches largas y descarriadas que se ocultan en algún rincón de mi memoria y que tienden a aparecer en noches como ésta, cuando el quejido leve y dulce de una mujer se filtra a través de la pared. También estaba lo otro, pero de eso no vale la pena acordarse, o quizás ella no se acuerde y quién sabe, tal vez jamás lo hizo.


La mujer arrastró al hombre por la calle solitaria y fría. Éste la abrazaba torpemente y a la vez que hundía su cabeza en el pecho de ella le confesaba sus impostergables deseos. Se podría decir que intentaba caminar, porque trastabillaba cada cierto tiempo producto del ron y otros entremezclados licores que embotaban su cabeza. Su aliento alcohólico no era lo que la molestaba. Tampoco esa manera tan grotesca de recorrer su piel con esas manos ásperas por el duro trabajo que realizaba en el interior. No era que estuviera casi inconsciente, ni la manera brusca, casi brutal de acoplarse sobre ella; No era su súbita explosión de ternura al momento de pagar con esa expresión de niño culpable que tan bien conocía. Lo que verdaderamente la aterraba, era la espera interminable del amanecer, sola, siempre sola, pues las horas pagadas se terminan y hay que marcharse, ella a su casa arrendada al final de la calle y él, avergonzado, se iría a su hogar y probablemente le mentiría a su mujer, le hablaría de la juerga con los amigos por un motivo innegable y de la comida y de los tragos de más, pero de ella, pese a haberle jurado que lo traía
loco y que estaba inclusive medio enamorado y que era la primera vez que lo hacía, y de un montón de otros que. De ella se olvidaría para siempre.

Me levanté de un salto y me dirigí a la salida. El aire frió del amanecer me recibió dándome una suerte de palmadas en la cara a modo de bienvenida, como si se
alegrara de volverme a ver transitar sus impredecibles vericuetos. Con inusitada alegría me encaminé al bar de la esquina. Me senté en la mesa más alejada de la puerta y pedí
algo de beber. Después del tercer trago los problemas se fueron poco a poco diluyendo y la atmósfera alegre que inundaba el lugar me entibió el espíritu. Observé a la gente bebiendo y riendo, hablando de cosas superfluas porque no era la ocasión para otra cosa, tal vez para mirar un poco a la mujer de la otra mesa, que pese a estar acompañada, no dejaba de coquetear descaradamente. Hay ciertas cosas que nunca cambian. Sentía la música brotar de los parlantes con fuerza, con un ritmo infartante que algunas parejas intentaban seguir en grotescas acrobacias sobre la pequeña pista de baile. Las luces reflejadas en las copas de la barra y en algunos espejos de las paredes, le daban a todo un aire fantasioso, casi irreal que me gustaba, o quizás solo era que a éstas alturas mis tragos habían hecho lo esperado y ya estaba un poco ebrio. Fue entonces cuando la descubrí. Estaba sentada en el extremo de la barra que daba hacia la calle. No había duda de que era ella. Aún tras haber transcurridos varios años, mantenía la misma mirada lejana y melancólica que alguna vez me había trastornado, ese aire inquietante que da el caminar demasiado la noche. Parecía una loba en permanente celo. Me aproximé entonces con decisión a donde estaba y acercándome mucho a su oído le pregunté:
_ ¿No se acuerda de mí? _

El sonido y la furia (fragmento)


" Quentin, que amaba no el cuerpo de su hermana, sino algún concepto de honor familiar y (él lo sabía bien), temporalmente suspendido en la frágil y diminuta membrana de su virginidad, semejante al equilibrio de una miniatura en la inmensidad de la esfera terrestre sobre el hocico de una foca amaestrada. Quien amaba, no la idea del incesto que no cometería, sino algún presbiteriano concepto de su eterno castigo: él y no Dios, podría arrojarse a sí mismo y a su hermana al infierno, donde eternamente podría protegerla y cuidarla para siempre jamás, invulnerable ante las llamas inmortales. Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada, hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja, renunciando a todo, ahogándose. "

William Faulkner

Lloviendo... y yo-viendo.

Via de escape



El señor K es mi amigo y a pesar de ello, jamás nos hemos tuteado. Él dice que los amigos, los verdaderos, siempre se deberían tratar así, con respeto, que el tenernos confianza no implica la pérdida de éste, que el verdadero valor de las personas se nota en la forma que se aprecia y valora a los demás, que la forma mas fácil y educada de hacerlo es tratando de ud. En realidad esto a mi no me complica demasiado. la verdad es que me agrada bastante y le sigo el juego.
Él es un hombre serio. Asume su vida como el trabajo mas difícil que le han encomendado realizar y se nota en el tono de sus palabras graves, en su impostura, en el curvar de sus cejas y las líneas horizontales que cruzan su frente, en el movimiento corto y preciso al acercar el cigarrillo a sus labios y aspirar profundamente el humo, en la urgencia al hacerlo y el entrecerrar de ojos, que se vuelven diminutos, como si cada pitada fuera la última, sentado allí, en la última banca del paseo, a las diez de la mañana y con un montón de historias que contarme.
Él aún vive con sus padres, cosa bastante frecuente en esta ciudad, y está próximo a cumplir los cuarenta. Hace años que no trabaja y no precisamente por flojera, no bebe alcohol y rara vez tiene sexo. Fuma como condenado y apaga su sed con jugo instantáneo en polvo o si hay suerte, con una botella de agua mineral, pero la diosa fortuna, me dice, se canso de él hace bastante tiempo.
Desde hace unos años hasta ahora, ha desarrollado una pasión por todo lo que tenga origen o este relacionado con Alemania. Ha diseñado una visión alucinante de cómo son las cosas allá, de sus majestuosas ciudades, ¡esas si que lo son! me dice emocionado, de sus monumentos, de sus genios creadores, artistas, científicos, filósofos, etc. Me habla de los excelentes trabajadores que son, de la inteligencia de sus habitantes y la belleza insuperable de sus mujeres. Para él todas las alemanas son altas, fornidas, de medidas generosas, de pelo casi blanco de rubio y de mirada azul cielo; Es evidente que sus “descompensaciones”, como las llama, han moldeado imperceptiblemente su impresión de la realidad. Nada que no arregle una cápsula de Litio u otra de la variada gama de remedios que consume a diario. Esto último lo confiesa de malas ganas y me doy cuenta que el peso de esta carga es mucha para sus hombros delirantes, mucho más que de lo que a simple vista pareciera ser.
El señor K privilegia las conversaciones serias, habla y habla y yo escucho, a veces una sombra atraviesa su mirada y se queda mudo mirando hacia el mar, perdido entre las nubes y el batir constante de las olas. Luego de improviso, de nuevo se pone de pie y dice caminemos y lo hacemos, porque es mejor caminar que quedarse, mejor estar en movimiento y sentirse vivo, que si te detienes demasiado, te inmovilizan y te mueres. Me cuenta que la gente esta asustada, que se encierran en sus casas bajo cuatro llaves y que duermen con un ojo abierto, que algunos ya han comprado armas, de echo su padre compro un revolver y se pregunta para que, si apenas sabe usarlo. Me explica que con tanto automóvil inundando las calles, las personas no quieren caminar, que les asusta hacer respirar al cerebro. La gente tiene miedo de pensar porque no quiere la realidad, le da pánico darse cuenta en la tremenda mierda en que nos han enterrado, además, me insiste, hay un determinado número de personajes u entes siniestros que no quieren que la gente lo haga. Me habla de la confabulación que existe destinada a mantenernos asustados y tiesos como momias resecas, por ejemplo me indica la cantidad de letreros verdes que han inundado el litoral central cual plaga informativa, ese de la gran ola persiguiendo al hombre que corre sobre las palabras vía de escape. Es una atemorizante y burda estrategia, pero causa efecto me insiste. Me habla de los trabajos escasos que cada vez se hacen más angustiantes y esclavizados, de las mentiras, de la mierda de la televisión y las putas demasiado caras para un hombre sin nada de plata y con demasiadas ganas insatisfechas. Me comenta convencido, de la irresistible atracción que ejerce en las mujeres, de su capacidad para conquistarlas, de esa electricidad que fluye de él que las magnetiza y que las deja pendientes de cada detalle o gesto que haga hacia ellas, que se ríen coquetas y tratan de entablar amistad con él, pero que irremediablemente cada vez que conversa con alguna de ellas se siente estafado, que nunca son lo que aparentan, que buscan irremediablemente su redención personal y él no está para salvar a nadie, es más, necesita ser salvado y ahora ellas, las liberadas y poderosas mujeres, no te quieren, te necesitan para su mezquino fin y eso y otras muchas cosas lo destruyen. Por eso él sólo las deja irse, que si las quieres tienes que dejarlas ir y si no las quieres lo mismo, el caso es que siempre está soltándolas, siempre está solo.
Me ha contado de su última conquista alemana a través del Chat, del cuasi platónico amor que ella siente por él y que no lo puede evitar, pues la enamora con una amplia variedad de versos y prosa germánica que el numen de su pluma le ha enviado a través del ciberespacio, (palabras de él).
La semana pasada fui a visitarlo, lo encontré descompuesto, nervioso, me dice que ama a su fornida alemana y que se marcha, que el dinero casi lo tiene, que no puede dejar pasar mas tiempo, que su madre le dice que de que va a vivir, pero a él no le importa, que es mejor moverse que quedarse, que ella lo ayudara, su alemana; En un descuido mientras va al baño, su madre me cuenta que al parecer tiene una recaída, que esta intratable, que ya han cambiado sus medicamentos y que posiblemente haya que internarlo, me fui preocupado por mi amigo ese día.
Ayer lo encontró su padre.

Mató de un disparo en la sien derecha al maldito tirano que lo torturaba, dejó sus zapatos negros brillantes e inmaculados, con sus cordones azules sin anudar, su corbata del mismo tono con florcitas amarillas y su perfecto nudo ahorcándole el cuello. Una carta en el bolsillo izquierdo que por cuerpo solo decía “Querida Jeanny”. En su mano izquierda un fino reloj de oro indicaba la hora exacta de su muerte y en la otra el aún caliente y humeante revolver con una bala de menos.

Definición


"El coito es como darle una patada en el culo a la muerte mientras cantas una canción"
Charles Bukowski

La mejor receta

Fue un presagio. Esa manera rápida de pararse de la cama y caminar desnuda hacia la ducha instantes después de haber terminado de amarnos. Fue el primer indicio. No volteó la cabeza para ofrecerme un beso como otras veces y no me dejó la puerta del baño abierta para ducharnos juntos.

Debí saberlo.

Será que los hombres, envueltos en la parafernalia trabajólica diaria y sus insospechadas consecuencias, carecemos de la suspicacia suficiente para reconocer ciertos signos. Las señales de una tormenta formándose en el fondo de unas pupilas, de una pregunta que se queda en el aire esperando una respuesta que no llega, del suave y casi imperceptible rictus de su ceño que denota cierto pesar que hasta hace poco no estaba allí.

Debí saberlo.

Esos cafés demasiado largos antes de acostarse, con la mano sobre la frente y el pensamiento en otra parte cuando le preguntaba como estuvo el día. Y sobretodo su mirada. Su mirada que me decía todo y que ahora no me dice nada, distante, fría y opaca. Ésa que ya no es la que me seguía desde la puerta cuando me iba. La que me hablaba con cada uno de sus brillos que me deslumbraban. Ahora hay uno nuevo, desconocido y que solo se enciende cuando corre el visillo del vidrio y mira por la ventana.
Debí saber.

¿Acaso no sabía todo acerca de ella?

¿No conocía acaso hasta el más leve cambio de ritmo de su pecho?

Sabía de sus triunfos y desastres. También de sus rencores no del todo reconocidos; De su disgusto por los compromisos obligados y lo apesadumbrada que se ponía cuando tenía que terminar algo que la molestaba. Sabía de un sinfín de detalles que creo la conocía más que a mi mismo. Al menos eso es lo que creía. Hasta ésta mañana.

La veo llegar montada en sus zapatos de taco alto que moldean perfectamente sus piernas y la elevan tres centímetros por encima mío. Deja en el suelo las bolsas de las compras y me da un beso en la mejilla mientras me pregunta como estuvo el trabajo; Luego se toma el pelo y lo aprisiona con una traba porque caía desordenado sobre su rostro, como si recién hubiera despertado y sé que la acalora y la ahoga. Miro entonces, que la línea habitualmente vertical de sus medias de nylon negras, esta torcida y que las puntas de sus zapatos rojos lucen algo sucias y ligeramente húmedas.

Al no obtener respuesta inmediata, se da media vuelta y se dirige hacia la cocina. Mientras lo hace noto que el cierre de su falda ajustada no esta cerrada por completo y mantiene atrapado entre sus dientes un trozo de la blusa que le regalé la última navidad. Inicio un ademán con mi mano izquierda e intento pronunciar alguna clase de advertencia; No obstante ella ya ha llegado a la cocina y cerrado la puerta por dentro. Ha encendido la radio que esta sobre el mueble adosado a la pared. En el interior de él se guardan ordenadamente platos y vasos, acompañados de un sinnúmero de envases de colores. Todos ellos empleados en las peripecias gastronomicas que me tenía acostumbrado. Porque ya no las hace. También está el pequeño espejo pegado a una de sus puertas en donde retoca antes de salir, las suaves líneas de su lápiz labial, totalmente inexistente en este momento. Abajo, a la izquierda, entre paquetes de fideos y bolsas de azúcar, se encuentra el cuaderno de recetas, manchado de gotas de aceite y restos de harina. El mismo que estuvo perdido desde hace un tiempo. Lo encontré mientras cambiaba el cilindro del gas de la cocina. Hoy día que estuve solo en casa. Estaba algo arrugado y sucio; Pero a salvo entre sus páginas, doblada en cuatro partes iguales, se encuentra aquella carta-nota en una pequeña esquela amarilla que resbaló de entre sus hojas para caer justo al centro de mis pies. Estaba dirigida con cariño hacia ella y contenía una serie de descripciones de una tarde salvaje y apasionada firmada al pie de la página por un hombre que le juraba amor eterno y que no era yo.

El camino de las hormigas

Sucede que acá no hay lo que busco y me resulta a lo menos inquietante suponer que no pueda hallarlo. He caminado esperanzado, haciendo lo posible por estar en calma; a veces neurótico, como quién sabe que las cosas no están bien, ni aquí, ni en mí casa, ni en ninguna parte de éste maldito país. He recorrido desde la primera calle, ¿cómo es que se llama?, ¿Independencia, Libertad, República?. El caso es que empecé por allí y llamé y pegunté y nadie tenía. Les hablé del aviso en la radio que también pasan por televisión, aquél susodicho comercial con la hilera de hormigas y los gritos alarmantes, casi desesperados de una mujer sentada en el piso con un niño en brazos, pero nadie lo había visto o escuchado.

Luego bajé la calle angosta y larga, ésa que se retuerce como una víbora al pasar frente a un grupo de árboles y que desemboca en una vieja iglesia, ésa de la rotonda decorada con las cuatro animitas, una al lado de la otra y sin ningún nombre que las identifique. Animitas anónimas pintadas de blanco; Y llegué acá abajo caminando y pregunté de nuevo. Lo hice en la casa aquella, esa que todos conocen por lo bien provista que se encuentra en su interior, pero que por fuera se cae de vieja. La casa prohibida, y me atendió el joven que llamaron dealer en el diario local una vez que hubo una redada, (las que generalmente no arrojan muchos resultados), y estaba apoyado en el muro haciéndose un cigarrillo con una hoja de Biblia, que con eso quedan santificados creo yo, y medio burlesco me respondió que no tenia, más me ofreció de otras hierbas y polvos que tenía en liquidación, pero que yo no necesitaba. Ya se sabe como son los que negocian, siempre metiéndonos cosas a la fuerza, todo porque el porcentaje que ganan es bueno. Me subí entonces a una Liebre, cosa que suena fantástica, casi mitológica, pero las Liebres acá son taxibuses, vehículos de la colectiva locomoción, que la verdad de las cosas, son una verdadera mierda. Y me vine preguntando a algunos pasajeros y éstos creyeron que yo era cantor callejero y depositaron algunas monedas en mis manos, sin embargo no me contestaron.

Me bajé luego en la parada ocho, que no tiene nombre, solo número, porque nadie la ha bautizado y que está al lado de un Banco y enfrente de una Farmacia. Pensé por un instante en preguntarles, pero estaban repletos. Signo inequívoco del tiempo que vivimos. La gente se agolpa a estos sitios buscando remedios para sus males, pero es difícil que un crédito o un fármaco mejore el estado crítico de las cosas, pero continúan vociferando frente al mostrador, ignorantes de su desdicha.

Dirijo mis pasos a continuación hacia la vereda oeste, cruzando por el paso peatonal o de cebra que le decía mi niña cuando era chica y no es para la risa, pero más de alguna vez me preguntó que tenían que ver las africanas bestias con aquel lugar y yo sonreía con su inocencia, que si que lo era pese a que tenia trece, es que antes era diferente, me advierte como siempre mi abuela, y yo le encuentro toda la razón. Ayer en la tarde una chica de doce le ofreció a mi vecino, tipo viejo que maneja un taxi, que se lo chupaba por cinco mil, lo peor de todo es que no aceptó solo por que encontró el precio muy alto.

Estoy en mis elucubraciones profundas cuando a la vuelta de la esquina me encuentro con Hugo y su perro amigo. Bromea acerca de la noche anterior y de no se que apuesta. El perro mueve la cola rastreramente y se sonríe y yo no me acuerdo de nada, apenas me acuerdo de quién es y de que alguna vez fuimos amigos, pero ya no lo somos, así es que me despido de ambos y prometo volvernos a ver, (cosa que de seguro no haré), y me alejo. Hugo se marcha en dirección contraria, se va discutiendo con su perro amigo, que anda con él para todas partes y que se le quiere parecer, pero que nunca lo lograra porque son de estirpes diferentes y frente a aquello no hay nada que hacer. Luego doblaron por un pasaje y no los volví a ver. Nunca mas.

Pregunté entonces en el volteadero de tercera, que así es como le dicen al motel rasca de la esquina, el de la calle que atraviesa hacia el norte y que tiene un letrero de luces llamativas y una puerta trasera oculta entre unas enredaderas que se enroscan hasta el inicio de la ventana. Me atendió una mujer de edad indefinible, de rostro adusto y cansado. Apenas le mencioné a lo que venia, me echó a garabato limpio, aunque dudo que éstos lo puedan ser y cerro la puerta por dentro. Acaso tenía mucho trabajo, que la demanda es harta y el dinero bueno. El pueblo requiere descargarse mas seguido y en sus casas les falta lo que buscan por ahí y por allá. Bien por todos ellos.

Se me ocurrió entonces llamar a mi hermana mayor por teléfono. Sé que puede ser algo inoportuno, quizás hasta inapropiado viniendo de un hermano, sin embargo lo hice de todas maneras, pues recordé que tenia uno la semana pasada y no le vendría mal compartirlo conmigo, pero no contestó el llamado. Ahora nunca lo hace.

Decidido a hacer otro intento, me fui directo al colegio de mi hijo y le pregunté a la maestra de historia y no me dijo nada, ni siquiera me miró, no quiso, no le dio la gana abrir la boca, aunque la tenia llena de algo y ya se sabe como son las profesoras cuando toman café u otras cosas, que el desayuno fue escaso y el café relaja la neura para soportar a las bestias estudiantes de hoy en día ¿o alguno de uds. piensa que no lo son?
Después me dirigí al edificio público, con sus bruñidos pasamanos de bronce y vidrios relucientes como espejos. Le hablé a la secretaria de informaciones. Le pedí me informara en donde encontrar uno, todo con mucho respeto por supuesto, que es lo que mas tengo, sin embargo la joven mujer persistió en ignorarme. Porque era joven y por ciertos gestos inequívocos, supuse insatisfecha, no se en que sentido, pero en mas de alguno era seguro, lo presentí en la forma en que arqueó la ceja izquierda y en el mohín caprichoso de su boca. Quizás sea otra de aquellas, las que dice el viejo de mí padre, que de mujeres si sabe, (sino pregúntenle a mi madre), una flacucha idiota, compulsiva y anorgasmica. Pero he de suponer que su absoluta falta de atención obedece a su estado intrínseco de ser mujer y pasar por esa especie de vorágine mensual de hormonas que la afecta, y no es que sea machista, mas bien soy un tipo realista, que se da cuenta que igual nos tienen jodidos, (a veces demasiado). El asunto es que me rechaza sin contemplaciones y me dice que no hay lo que busco, mirando hacia otra parte y tomando el teléfono en su mano, aunque se bien que no habla con nadie. Ella habla sola.

Me voy luego hacia enfrente, que allí está la alcaldía y es muy probable que ellos tengan o me consigan, que para eso son buenos y que si tengo suerte me encuentro un conocido que puede que me mueva, maneje u obtenga lo que busco. Aquí con suerte y con un amigo se consigue de todo. Entonces llego y me voy a la oficina de asuntos públicos, que como tal, está repleta de éstos. Comento en voz alta que larga esta la cola y escucho decir la fila a un joven que me corrige y que mira insistentemente el cierre de mi pantalón. Llegado al fin mi turno, la mujer de voz en off y ademanes sincrónicos y autómatas, me asegura que me equivoqué de ventanilla y me envía al segundo piso, que es allí a donde debí ir al principio, pero al llegar descubro que la ventanilla está cerrada y le preguntó a un funcionario que pasa y que funciona mal, como que muy alterado y me dice que la atención es a horas determinadas y no a la que a mi se me ocurra y a mi se me ocurre cada cosa que mejor no le digo.

Defraudado entonces, me marcho de aquel sitio y camino por la costanera hasta que bajo a la playa y le pregunté por si acaso a dos turistas, que parece que como que acampaban en el lugar porque vi una frazada tirada en un rincón y un par de ollas, negras las pobres por el fuego, y también un chuico, que ya no hay de esos, mas bien una garrafa llena vino, porque el agua la tenían en botellas y un montón de otros cachivaches, que llegué a pensar que estarían por bastante tiempo. Pero no eran tal cosa, pues venían a machetear, matutear y hasta a putear, según confesó la mujer turista cuando me ofreció su atento servicio, más no era lo que estaba buscando, que sin pecar de modesto, tengo lo que necesito y gratis, que los que pagan yo pienso que pagan bien justamente porque no tienen y que todo trabajo cuesta sudor y lágrimas y que hasta éste es en cierta forma digno, aunque a algunos indigne.

Seguí de nuevo caminando por la costa hacia el sur, hasta el hotel aquel, que tiene mas de alguna estrella y vidrios polarizados y como que una gran piscina casi pegadita al mar, con palmeras tropicales y aunque esas no son naturalmente de aquí, pero artificialmente si están. Y el hombre de la entrada preguntó primero que yo que a quién buscaba y en que piso y fue aquí que el hombre enrojeció hasta la raíz del pelo cuando le hice mi pregunta y envió a dos jardineros, que pensé que eran tal, pues se encontraban medio ocultos entre los árboles. Me cogieron ellos de ambos brazos y me invitaron a abandonar el lugar, previa feroz patada en medio de mis enflaquecidas nalgas y otra sarta de insultos gratuitos.

Luego de toda esta desilusionante búsqueda, decidí darme por vencido y volver a casa, cansado de buscar lo que nadie tenia y que parece no querían tener. Volví con la moral por el suelo, podría decirse que hasta un poco triste, porque los caminos siempre son los mismos y cada vez repetimos el transitar por ellos, como oliendo el rastro que alguien nos dejo, como una huella indeleble marcando el mismo destino que no va a cambiar, porque así están las cosas. Salir a buscar cada día con la ilusión debilitada, buscar en las miradas, en el olor del aire, en lo ardiente del cemento, el milagro inesperado que no llega, ¿para que? Y le conté a mi mujer y ella dijo que no importaba, que no fuera tonto, y siempre dice lo mismo. Y todo sigue igual.

Despedidas

Las despedidas son en su génesis un último acercamiento a aquello que nos cautiva y compromete. Siempre cuando decimos adiós a cualquier cosa por la cual sintamos afecto, estamos en el fondo afianzando aún más ése sentimiento y a la vez dejando entreabierta la posibilidad cierta del regreso. Es cierto que algunas anuncian que son para siempre, pero nunca lo son.
Existen muchos tipos de despedidas y abarcan un amplio espectro. Las hay desde la más tierna hasta la más despiadada. Las hay poéticas, históricas y hasta desesperadas. Pero sin duda cualquiera que de ellas fuere, nos provoca cierto tipo de resignación que alivia en parte el abandono. Independiente del tipo que sean o como sean. Todas ellas marcan invisibles puntos de retorno en nuestra bitácora emocional. Una suerte de prólogo a nuestro regreso. Y bien es sabido que siempre se regresa. Al hogar, al amor perdido, a la muerte esquivada, al trabajo, a la desdicha y de nuevo a la despedida. Siempre estamos de regreso y por esto las despedidas.
Por el contrario, el marcharnos sin despedirnos conlleva la despiadada indiferencia a lo que dejamos atrás. El más absoluto desprecio a lo que nos rodeaba y la seguridad plena del no regreso.
En la ola de suicidios que afectaron al pueblo costero de Tongoy,  la mayor parte de los suicidas no dejaron ninguna nota o indicio del motivo de su drástica decisión.

IN MEMORIAM





En principio ésta iba a ser una carta. Pero las cartas no las responden los muertos y tú ya lo estás. Entonces no es más que una reflexión, pero en voz muy alta.
¿Qué hacías Mauricio? En medio de la noche indiferente. ¿Qué demonios hacías Mauricio? Cuéntame cual era ésa carga que suspendías sobre tus hombros aparte de la otra, la fatídica.
Eras un hombre joven. Los rebeldes y los mártires casi siempre lo son. Aunque la verdad no sé hasta que punto pudieras tener algo de ellos. Y sin embargo nos faltan uno o varios, y pienso, sentado aquí en mi cómodo sillón imitación de un Luis XV; Pienso en lo insostenible de nuestra presente realidad.
¿Qué te impulsó?, ¿La rabia tal vez?, ¿La desesperanza?, ¿La impotencia?, ¿La desolación?, ¿La condenación de ser lo que nos tocó ser?, ¿Las mentiras reiteradas?
Siempre resulta trágica la muerte de un joven. La supresión de un mundo de sueños por un último estertor agónico. Pero, ¿Qué hace la diferencia entre tú y la decena de jóvenes que mueren cada semana en éste indeciso e inerte país? La respuesta nace de la voluntad del deseo. No es el tuyo el típico caso. Esos frecuentes que llenan páginas de diarios y virulentos noticieros. Esos que comúnmente son muertes por un lío de drogas; Tráfico y alcohol arriba de un vehículo suicida. No, la tuya es una muerte con contenido, si es que se puede llamar de ésta manera. Existe una convicción detrás, equivocada o no, pero convicción al fin y al cabo y eso hace la diferencia.
El problema surge cuando se buscan explicaciones. Cuando exigimos respuestas que nadie tiene. Cuando necesitamos hablar de lo que está pasando. De la frustración que tiende a ahogarnos y la rabia que ella provoca. Ahora es cuando nos cuestionamos el hecho de no rescatar los sueños de muchos como tú. Cuando desaprovechamos la oportunidad de escuchar, incorporar y dirigir a los que como tú tienen ideas y proyectos, pero que se sienten castrados por nuestra mal llamada “democracia”, que la verdad no es más que una dictadura de partidos políticos.
Es muy probable que tú muerte se olvide y deje de ser noticia sepultada por el raiting de la última telenovela o los desvaríos amorosos de las cuasiprostitutas televisivas. Pero quiero pensar que no. Quiero creer, por un asunto de sobrevivencia emocional, que tú muerte nos haga a nosotros reflexionar, que nos preguntemos. ¿Qué hacemos Mauricio?, ¿Qué demonios hacemos?

La niebla azulada que oculta tus labios.

Eran otros tiempos...







El problema con éste país es que le faltan cojones me dice Rodrigo. Lo conozco desde hace un tiempo y nos vemos tarde, mal y nunca, pero cuando nos juntamos, solemos conversar por horas. Tiene una ironía muy saludable para los tiempos que corren. Rodrigo es uno de esos viejos sindicalistas que ya no tienen sindicato, porque lo jubilaron me dice. Lo mandaron para la casa a que joda a su mujer y deje de fregar tanto la cahimba que para eso sí que era bueno. Me dice que hace tiempo en este país pareciera que estuviéramos demasiado domesticados, que nos dio por confiar a la justicia los problemas laborales. La mayoría reposa largos meses allí sin llegar a ninguna solución. Lo que habría que hacer, me dice en tono bajo de secreto, es volver a las calles, pero para eso se necesita ser duro y no tan hijo de mamita como pareciera que fueran todos. Y dedicando un saludo a las madres a su manera increpa. ¡Éste país está castrado por culpa de las madres! Y él puede decirlo sin ningún remordimiento pues su madre lo abandonó en un orfanato y de ella nunca más supo. El Rodrigo era de los duros. Los verdaderos duros. Todavía tiene alguna cosilla escondida bajo el piso de su dormitorio. Recuerdo de tiempos que nunca se repetirán. Cuando era dirigente le hizo una huelga al Javier Vial recuerda. ¡Sí! El mismo que estafó al estado en miles de millones y tras un juicio de décadas salió libre de polvo y paja. Bueno, ése ya está muerto me dice casi sonriendo. Eran otros tiempos continua. Para hacer una huelga en plena dictadura había que tener agallas y un par de otras cosas, y me repite la historia, esa cuando estaban los más de 300 viejos en la puerta de la empresa acorralados por varias micros de pacos. Habían traído fuerzas de choque de Valparaíso para que ellos no impidieran el ingreso normal a la fábrica. La situación era insostenible y el gas lacrimógeno y todo el despliegue hacia estragos en los hombres. En un momento de angustia y vacilación, cuando parecía que las fuerzas se desbandaban. El Rodrigo ordenó levantar bien alto las banderas y cantar el himno nacional. Milagrosamente los ánimos subieron hasta el cielo. Hasta los pacos titubearon al escuchar semejante coro de viejos aperrados. Luego vino la escaramuza, los golpes, los heridos y los reos. Y después de nuevo a reagruparse e ir hasta el mismo retén a obligar a que soltaran a los compañeros presos. ¡Esos eran cojones! Me dice con los ojos algo brillantes producto del vino del par de botellas que le traje de regalo. Entonces pienso que es una cuestión de piel, de sangre la que le falta a éste país. Recuperar bastiones perdidos. Recuperar la dignidad. Y para que ello ocurra deben pasar muchas cosas todavía. Que haya un par de mártires ayudaría. ¿Algún voluntario?.
Quizás algo tenga que ver esto de los duros en el sorpresivo auge del candidato “díscolo” a presidente. Una suerte de nostalgia izquierdista, se que suena irracional, pero existe ese aroma de rebeldía que tanto hace falta. Después de todo por sus venas fluye la sangre de uno de los más duros, Miguel Enríquez.