Deja Vu
Hay
recuerdos que hay que dejarlos como tal. Es preferible revivirlos cada cierto
tiempo a sufrir la decepción de los cambios producidos por los años. Como los
amores de juventud por ejemplo, o los paisajes que observábamos de niños.
Con
esto de la conectividad total, me he visto arrastrado a entablar conversaciones
con personas que creía perdidas en la nebulosa del pasado. Amigos y villanos
todos juntos revueltos en una mirada afectuosa por el esperado reencuentro. Por
supuesto con la consabida historia de por medio. Cuéntame qué fue de los casados,
separados y hasta de los muertos. Qué haces, en dónde vives, tienes hijos? Bah! Y entonces surge la enorme decepción de descubrir que aquella belleza de nuestros
recuerdos, la muchachita de la casa de enfrente que aparecía en mi memoria cada cierto tiempo trayéndome retazos de tiempos que fueron mejores sin duda, con la capacidad amatoria
infinita de un corazón algo inocente. Esa preciosura había mutado en una enorme mujer con varios hijos a cuestas y con la luz soñadora de sus ojos reemplazada por el
cansancio, la desilusión y la madures terrible de los años. En estos términos
me carga la modernidad. La destrucción del recuerdo, el hacer añicos sueños de
juventud y confrontarlos con la realidad actual es la desconstrucción de
nuestros sueños. El fin de la magia.
Bitácora de Viernes.
No he podido escribir.
De pronto la precariedad de mis palabras optó por no decir nada. Sucede que el
asombro de las cosas tornose una escuálida línea recta conducente al mismo
sitio. La culpa es del tránsito rutinario de los días que disipan la substancia
emotiva. No consigo apreciar la pasión perturbadora. Pareciera que aquí no pasa
nada lo cual es una aseveración espantosa por sí misma. El asunto se ve
complicado. Es como el suicidio anónimo del creador, anímico quizá.
No he podido escribir y
el espacio en el papel reclama el grabado visceral del lápiz inerte sobre él.
No he podido escribir y los intentos yacen dispersos por el suelo. El que está
junto a la puerta se intitulaba “El inadvertido” y trataría de la intrascendencia
y los silencios de un hombre común, de nombre y vida sustantivamente comunes
que desgraciadamente ya no tiene nada que decir. El arrugado en el papelero
hablaría de los apetitos insatisfechos de una solterona demasiado dama y
conservadora para dejarse seducir por ellos, incluso de tanto pudor le fue
imposible contar su historia. Y el de la mesita lleno de borrones, sería un
manifiesto poético que plantearía lo inútil de la sociabilidad ante el
beligerante caos individualista que nos embarga, demasiado individualista en
verdad.
Pero han sido en vano,
apenas unos suspiros y luego nada. Nacieron muertos. Parecen lápidas sobre
tumbas vacías. Y en esa búsqueda frenética de las musas creadoras, recorro con
la vista las paredes, el piso sucio, el papel y un pedazo de cielo en una foto
antigua, y la inspiración no llega y pienso que no quiero más pensar, al menos
no por hoy.
Locos yo, tu, él...
Los locos son peligrosos. Primero, porque nadie sabe como diantre reaccionarán frente a determinadas circunstancias. Segundo, porque no existe un tratamiento lo suficientemente confiable que garantice su real integración a la sociedad, entendiendo por esto, su “normal comportamiento” y tercero, porque nos aterroriza la sola posibilidad de volvernos como ellos.
¿Qué desastroso minuto es aquél en que la locura decide apropiarse de la mente y mandar todo al diablo?, ¿Qué intrincado pensamiento logra desvirgar nuestro cerebro y hacerse preguntas extrañas tales como si acaso el silencio de Dios no es la prueba definitiva de que no existe?
Algo así puede llegar a ocurrir y no es extraño que ocurra en momentos de intenso dolor y angustia, es más, creo que las tragedias gatillan la aparición de la enajenación, tal ves por la impotencia que se enclava en el alma y se asoma por la mirada. Cuando no hay nada que hacer y los rezos ya no alivian. Entonces, ¿qué hacemos?. Solo dejar de luchar, dejarse ir en un torrente caudaloso, abandonando todo pudor y cordura, porque ya no sirve la sensatez esclavizante que a nada conduce y que aturde e insensibiliza, aquella que se ha mecanizado en una especie de servidumbre para tal o cual deseo u acción. Observando inmóvil, eternamente, como se acaba la vida, como te mueres.
Los locos son peligrosos, más que nada porque nos muestran la realidad que no queremos ver, quizá sólo porque no nos gusta cuestionarnos mas allá de lo “permitido”o tal ves porque alteran nuestros ordenados esquemas de vida. Resulta desconcertante discutir con un loco, ya que en una de esas puede que nos puteen la religión que profesamos, la patria en que vivimos y hasta a la madre que nos parió, aunque claro que esto hoy en día es bastante común, lo cual demuestra en cierta forma de que éste es un mundo lleno de locos o en vías de serlo.
Son tan imprevisibles, especialmente aquellos que andan sueltos por ahí enunciando descabelladas y hasta siniestras ideas a diestra y siniestra sin el mas mínimo pudor.
Y en el fondo nos duele, nos molesta y hasta nos da envidia el no poder tener esa infinita indiferencia de la locura, esa suprema sagacidad y poder para tocar sensibilidades intocables, el desmadre irresponsable sin culpa que espiar ni explicaciones que dar, sólo porque estamos locos.
Paradero conocido
En la plaza Cóndell de Iquique, también en la esquina y a las afueras de una farmacia se le suele encontrar. Los pies descalzos e inmundos. Apretujado por una frazada de irreconocible color que trae sobre sus hombros y que cruza sobre su pecho cual símil de emperador romano en decadencia; Con su pelo largo desgreñado y una abundante barba canosa, es el cuco con que asustan a los niños las viejas prejuiciosas en sus idas de compras al supermercado. Maloliente por completo y enarbolando casi siempre en su mano derecha una infaltable botella de plástico, rellena con quién sabe que misterioso líquido descolorido. Con la cara sempiternamente adornada por una estúpida y pusilámine sonrisa, y finalmente con sus ojos oscuros irritados, enrojecidos por la bebida, su habitual medio de combatir el frío de las noches a la intemperie.
Nadie sabe como llegó a esa condición, de donde era, ni como se llama, ni si tiene algún familiar o amigo que pueda hacerse cargo de él. Tampoco se sabe su edad exacta, aunque se calcula tenga unos cincuenta años, sin embargo dado su lamentable estado, es posible que tenga muchos menos de los que representa. Más de alguna alma caritativa, de esas que abundan en instituciones dedicadas a la repartición de alimentos para los “seres” de la calle, le ha preguntado su nombre, pero éste les ha respondido con enormes risotadas que revelan un alcohólico aliento y denotan una desvergonzada burla para con estas personas. Lo cual me lleva a pensar de que en su enajenado mundo, existe aún espacio para la ironía y la comprensión del medio social que habita.
Por lo general éste es un loco pacifico, Que se sepa no ha atacado nunca a nadie, no obstante se le mira con recelo y se opta por cruzar a la acera de enfrente cuando uno se lo encuentra en su camino. Lo que sí se sabe, es que es un lujurioso de marca mayor; Dotado de una considerable y desinhibida anatomía, suele desnudarse de ves en cuando ante el paso de alguna bella mujer para mostrarle sus encantos, lo que redunda en histéricos gritos de la dama en cuestión, de llamadas de auxilio y las infaltables risas de los curiosos testigos de siempre. Todo termina ante la llegada de la ley que decide llevarse a nuestro pobre loco tras las rejas por unos días para apaciguar su exacerbada pasión y de paso librarnos de su desagradable presencia, aquella que nos asusta, que nos recuerda lo frágil de nuestra supuesta normalidad y la que nos revuelve el estómago de solo imaginar vernos en semejante situación.
Adiós vidaloca
No salió en las noticias de la radio ni en el obituario del periódico local. Tampoco se comentó en el regado asado del fin de semana recién acontecido, no era tema. Sólo me enteré de casualidad cuando una amiga enfermera me dijo del indigente encontrado muerto en la estación y de la posibilidad cierta de irse a la fosa común, pues no existía nadie que reclamara su cuerpo. No tenía ninguna pertenencia de valor, ni siquiera alguna identificación con su nombre escrito, que era lo que mas la preocupaba, como si el hecho de que no tuviera nombre implicara que nunca existió, pero cuando sus ropas iban a ser incineradas, de entre el bolsillo trasero del raído pantalón, resbaló una pequeña y grasienta libreta con sus páginas arrugadas escritas con un pulso tembloroso, la misma que tenía y hojeaba ahora entre mis manos. Entonces le sonreí a mi amiga y le dije. Ese hombre era alguien, aquí está la prueba, y le mostré la libreta llena de poesías.
Bitácora olvidada.
La
guerra y sus horrores son sistemáticos y periódicos. Tiempos de paz no existen.
Creo que siempre, en cualquier tiempo o lugar, a mayor o menor escala, siempre
se está librando alguna guerra. Las razones para iniciarlas son innumerables
como las víctimas resultantes de ellas. Independiente de los motivos, confieso
cierta indiferencia a involucrarme en una postura beligerante. Puedo asegurar
que no es por tener una postura cómoda, menos cobardía. Más bien es cierto
sentido común, cierto realismo atroz que me paraliza. Existen tantos personajes
de una tendencia u otra dispuestos a volarse la cabeza que intuyo que la mía es
más útil en otra instancia creo yo. Y no es una falta crónica de valores, ¡claro
que no! Mis ideas están lo suficientemente claras referentes a cómo vivir en
este mundo, pero dado el estado actual de las cosas, no llevarían a ninguna
parte. Sucede entonces que la desidia frente a ciertos hechos genera fastidio
por ciertos grupos de sangre “rebelde” que enarbolan banderas y cánticos
arcaicos, es más, confieso que he recibido hasta puteadas de algunos por no
adherir a tal o cual causa revolucionaria, incluso me han tildado de fascista,
cosa nada más alejada de la realidad.
Y acá estás tú tratando a toda costa de
convencerme de participar en esa especie de funa al poder judío en Chile. En
principio tu idea consiste en una manifestación frente a la embajada de Israel.
Después vendrán una serie de acciones tendientes a desenmascarar el poder real
que sustentan en el país. Y te digo que me parece que la ocurrencia es
demasiado rancia y de los posibles resultados, léase provecho que se obtendría
de ello. ¿Se va a detener la masacre en Gaza por ejemplo? La verdad es que
lamentablemente no está en nuestras manos. ¿Quién gana con todo esto? Hay miles,
óyeme bien, miles de individuos, hijos de perra inescrupulosos que sacan
provecho de una guerra y esta no es la excepción. Desde el simple creador de
una cuenta en Facebook que hable del tema ve aumentada sus visitas a su página
y en consecuencia sus posibilidades de ofrecer a más gente lo que tenga que
ofrecer, hasta el traficante de armas, las transnacionales farmacéuticas,
constructoras que reparan los daños y bancos que las financian. Todos ellos se
llenan los bolsillos a cuenta de miles de muertos, miles querida amiga.
Creo
que es este el asunto que más me molesta. El beneficio de los que están detrás
manipulando el asunto. ¿Cuántas veces ha sucedido?, ¿Cuántas más seguirá
ocurriendo? Todo a cuenta de unos valientes idealistas que mueren como moscas.
Siempre detrás de una lucha hay una tropa de buitres manipulando a los rebeldes
esperando el final para darse el festín. Pregúntale a los “actores
secundarios”, ¿recuerdas la película? Esos que se multiplicaron por todo el
país, pregúntales que consiguieron luego de luchar aperrados en las calles para
conseguir nuestra patética “democracia”. Pienso que de actuar debiera ser
contra esos hijos de puta que están detrás, ¡ahí te apoyo de inmediato!
El
asunto me complica te digo, me enrabia más bien, ¿Pero qué podemos cambiar
nosotros? Aparte de saborear instantes de un sueño idealista, hippiento tal vez.
Estamos condenados al fracaso y al olvido que a fin de cuentas es nuestro
triunfo porque ningún hijo de perra nos los puede quitar.
Mi amiga sonríe y cambia los cafés
por tragos dobles para seguir olvidando.
En la calle.
Hace tiempo no duerme bien. Prueba con algunas pastillas, pero ya no le hacen nada. A veces tiene poca importancia, otras en cambio es su perdición. La noche le juega malas pasadas, poco ron quizá, falta de porros, vino, esperanza, eso! Es la maldita esperanza que se desvanece. Pablo juega al chico rudo, toma sus tragos al seco, fuma con el cigarro colgando de la boca y es un hijo de puta verdadero, al menos es lo que le dice ella y él le cree. Es la única que le da algo en que creer.
Se me apareció de pronto con su cara destrozada. Me cuenta que se había unido a unos anarcos de La Florida y que iban a dejar la cagá con este estado de mierda. Que ahora venía arrancando de una marcha y que se había "echado" unos vidrios de un banco y que los pacos lo pillaron y lo reventaron a palos. Hay cosas que entiendo, otras no tanto. Pablo no quiere saber nada de política, ésa le apesta. Son todos unos maricones vendidos dispara apenas hago la pregunta, le da una pitada al porro y me confiesa que adora a su chica combatiente. No tiene miedo dice, en realidad lo que lo asusta un poco en verdad, es que le pase algo a ella. Estamos sentados en una plaza y la gente nos mira, en realidad más a él. El bicho raro es él.
Bitácora de un Domingo por la noche.
En San Antonio me
están horrorizando el paisaje. Desplazarse es un infierno por estos
lares, todo esto producto de la modernidad que llega para quedarse me
dicen, una mierda más pienso, porque la creatividad la tienen
conectada al culo, y ni hablar del paisajismo, y ni de hacer el
territorio más amigable para quienes lo habitamos, los que andamos a
pie, o en bicicleta. La supuesta modernidad es sólo un negocio de
los mismos pocos de siempre, importándoles por cierto, bien repoco lo
que pensamos los otros mismos hartos de siempre. La plaza, la vieja
plaza de Llolleo por tantos años abandonada, esa que acunó mis
conquistas adolecentes y que me ocultó a medias de la ley y sus
detenciones por sospecha entre algunos árboles que ya no están, y
que a los que quedan continúan cortándolos. La plaza peligra en manos
de estos inoperantes. Es como si quisieran borrar de golpe el pasado.
Algo les aterra a estos ingeniosos. Es que la culpa los carcome y
desean hacerla desaparecer llenando de bloques de cemento la mirada.
Endureciendo el paisaje. Pero la culpa no se va, aguarda agazapada
siempre ahí y los corrompe y pudre sus entrañas. Como los ex
soldados conscriptos de tejas verdes y sus secretos que recién ven
la luz. Conozco a uno de ellos y sé de lo que hablo.
Viajes y más
viajes, esto no para y el tiempo se hace cada vez más mínimo. En
uno de mis paseos por el centro me topo con Mellado, este año se
viene perro me comenta, San Antonio está que arde y es una
obligación ser partes de ese incendio. Lo veo alejarse en su
bicicleta que dice en un cartelito “Un auto menos”, Marcelo se
vuelve cada vez más ecológico pienso y sigo mi camino, más allá
la plaza y las cintas de peligro, y las máquinas destrozando las
calles y el ruido, mierda, olvidé la cámara. Mientras escribo mi
hijo me conversa. Hay un trabajo por algunos días en un crucero en
Aysén. Anda le digo, es mejor ir que quedarse decía mi amigo Paul
Ritz, sepa dios donde mierda está ese loco ahora. Mañana nos vamos
a Concepción y de ahí a Yumbel. Hay deudas que pagar, y no hablo
sólo de las económicas. Después no sabemos, hay sólo
posibilidades, Padre las casas, Aysén, el infierno... Bueno, en ese
ya he estado.
EGOZOOM
Yo ese cruel
individuo. Dícese de quién maltrata, miente y goza con ello.
Yo inhumano,
vulgar y cobarde. Un bosquejo de hombre en blanco y negro.
Yo patético
discípulo de quien me sembró siglos hace.
Duele Prach dice murmurando
Yo burlesco y
arrogante, contagiado de realidad extrema.
Hablando claro
Viendo lo terrible
que es toda esta mierda que es igual a la tuya y a la tuya, y a la...
pero que no
divisas
Yo si
Yo pelafustán
irreverente, mediocre e iletrado
armando frases
entre la noche y el llanto
Yo cobarde ¡si!
Muy cobarde en verdad.
Lleno de olvidos y
precariedades
Un sujeto
olvidable sin duda, pero que odia
tamaña demencia
Yo prófugo de
fantasmas inquisitivos de este lado de la luna
que no es el tuyo
Yo sin nada más
que aportar
con la conciencia
lista
pero no nítida
Yo sorpresivo e
incorregible, que le voy a hacer
Inmutable a tus
ruegos
Yo que no creía
un vástago
irresoluto si me lo preguntan
descompuesto y
diezmado
Yo que nunca creí,
ni pensé en hacerlo
y he aquí el sinfín de la cuestión
Yo haciendo
memoria para adelante
que ni mis pares
entienden tan ridícula expresión
Yo anclado a la
vida de tanto esperarte
Yo te amo.
Acuarela
No estuve allí, lo
sé. La ventana abierta y la noche brillando a diestra y siniestra.
No estuve allí. Fumando, cambiando la radio, tomando café y mirando
las manchas de pintura en el piso. No estuve cuando sentada en la
plaza matabas el tiempo haciendo cualquier cosa. Algo que aturdiera
el recuerdo, el dolor de la ausencia, la soledad iracunda y silente.
No estuve y algo duele miserable en mis entrañas. Un dolor de tripas
y corazón sedado con un trago extra. Un barniz para ocultar la
huella que dejaste olvidada. No estuve en la noche inmensa ni en la
mañana fría corriendo calle abajo, ni en el andén del bus que te
llevaba, ni en la llamada del teléfono que nunca sonó. Mirando el
color de la lluvia salpicando tu sombra. Lo sé. No estuve abriendo
la puerta del bar del Sábado en donde ahogabas el silencio con risas
falsas por doquier. Olvidando al amante de turno, su plática egoísta
y hasta su nombre. Con tus manos frías pintando tus uñas de roza,
sujetando un rizo rebelde que oculta la visión de un gato corriendo.
Regando maceteros con agua de la última lluvia. Riendo a veces,
callando otras muchas. Apagando las luces para observar las brazas
del cigarro en tu boca. Mordiendo una galleta de chocolate tirada en
la cama. Durmiendo con la cabeza bajo la almohada y tus brazos hacia
arriba en un afán de rendición inconsciente. No estuve, y lo sé,
como también sé que nunca estaré y eso tu también lo sabes.
Poema blanco
Empecemos
diciendo que este
poema está sobre una hoja/ Pero este poema no es un poema y usted no
tiene que olvidarlo/ Es parecido a un muro/ La ausencia de mis
lágrimas arman un muro/ Veo por la ventana la lluvia como si la
lluvia me mirara/ Usted puede hacer lo que quiera con las imágenes
que acaba de leer/ Yo no puedo hacer nada con las imágenes que
escribo/ Ya que fructifican el resentimiento en este poema/ Que está
en los ojos de un joven sentado sobre su sonrisa/ La sonrisa de usted
no la de él/ Porque su sonrisa sin dientes es la que se mueve/
Aunque ve la débil sonrisa del joven y su cabello revuelto en el
poema/ Y el cabello y la sonrisa envejecida del joven dicen algo/ Muy
lento para que usted entienda/ Y muy débil/ Incluso parece un chiste
o algo que usted pensó en algún momento/ Y recordó y olvidó y le
deja una rara sensación en el cuerpo/ “Me parece que tenemos que
hablar de todo/ Como cuando éramos adolescentes/ Y hablábamos de
todo sin saber expresarnos/ Ahora tampoco sabemos/ Me parece que
fuimos adolescentes/ Pero nunca hemos sido jóvenes/ Como si
estuviéramos sentados más allá del deseo”/ Usted ve al muchacho
y descubre que nada es lo que vemos/ Porque no sabe si lo ve o si él
le ve a usted/ Y nada ha pasado en realidad pero tiene esa rara
sensación en el cuerpo/ Y usted, si se lo pido con confianza, me
puede ayudar/ No, en esta parte tiene que decir que “yo no necesito
ayuda”/ Usted no me puede ayudar a escribir porque yo no necesito
ayuda/ Aunque yo le escribo a usted/ Y usted no me lee/ Luego, no
puedo escribir “luego”/ Porque quiero hablarle/ Y sus palabras
están delirando en la forma de un ruido, un ruido fuerte/ La belleza
de las palabras es un ruido fuerte/ Eso es lo que tiene/ Por eso no
habla/ La belleza de las palabras es una forma del dolor, dice/ Una
forma del horror, insiste/ Por eso no habla, punto suspensivo, por
eso no lee/ ¿Ve cómo juego con el tiempo?/ Usted dice que es
imposible/ Pero esto es un poema y aquí es posible hacerlo/ Y no lo
que usted dice, que el tiempo quede sin futuro/ Pero el tiempo queda
sin futuro/ Hasta que llegue a un lugar seguro como el agua corriendo
por el cuerpo/ Que deja la sensación de humedad en la memoria/ Pero
usted no llega a un lugar seguro/ Porque en este poema no hago lo que
quiero/ Sino/ Lo que permite la sensación húmeda en las manos/ Dos
o tres frases que se olvidan/ El mismo argumento cortando las
emociones/ Ahora que estamos en esto; no le parece mejor que me
ayude/ Y este poema es una sombra avanzando/ Mientras usted hace algo
por mí/ Porque este poema es una sombra doblándose hacia usted/ Ya
que este poema está hecho de imágenes dispersas/ Que usted puede
tomar y desaparecer/ Y usted no lee y esto no deja de ser un poema/
Donde desaparecemos/ Y usted no lee porque no tiene que hacerlo/ Y yo
puedo seguir con lo que tendría que seguir/ Porque sé que no puedo
hacer nada más/ Ya que ahora me meto en el fondo de algo/ Algo que
quiero terminar y me tuerce la boca/ Usted se ríe porque hablo solo/
Cuando piensa en este poema/ Y lo único que digo/ Es que nadie me
quiere como le quieren a usted/ Y todo lo hago antes de perderme en
el círculo de la emoción/ Y eso lo sé porque yo la quiero y amo al
hombre que la ama más que al rostro sangrando/ Que desaparece en el
borde de lo que veo/ Y mi boca que ya no existe en el extremo de lo
que digo/ ¿Ve que puedo hacerlo?/ ¿ve que cuando escribo no sé lo
que hago?/ Usted sabe lo que hace/ Siempre lo ha sabido/ Y no lee
porque usted anota todo/ Yo escribo para olvidar y por eso usted no
me lee/ Este poema quiere hacerle daño/ Pero usted no me escucha y
este poema es como levantarse en la mañana/ ¿Ve que puede ser
cierto?/ Aquí tendríamos que hablar de todo/ Como cuando éramos
adolescentes/ Y hablábamos de todo sin saber expresarnos/ Porque es
lo único que nos queda/ Ahora tampoco sabemos/ Me parece que fuimos
adolescentes pero nunca hemos sido jóvenes/ Que envejecimos más
allá del deseo/ Y esto termina siendo lo único que nos queda/ ¿Ve
que aquí puede hacer lo que quiera?/ Es de mañana/ El cuerpo se
dobla hacia arriba/ Es de mañana y hay luz/ No hay nada más que
eso/ Empieza a derramarse el poema/ El poema se levanta/ Es de
mañana/ El poema se dobla/ Se arruga y usted puede verlo/ El poema
desaparece.
De mi amigo Luis Retamales.
Bitácora.
Le pregunté porque se llamaban así. La 2000Blues. Me dijo que era lo que ganaron la primera vez que tocaron en la calle. Ahí me enteré de que mi hijo estaba siguiendo mis pasos. Hay cosas que no cambian y pienso que el camino de las hormigas sigue vigente y lo miro desde la altura de mis años. Estoy viejo pienso... No! que va, quizá sólo un poco cansado de tanta porquería. Y la calle se queda observándolo. Tiene hambre de todo, lo sé, y eso es bueno.
El mundo se mueve rápido, como el tipo que se lanza cielo abajo buscando un buen porrazo en la tierra o la chica del mostrador y su sonrisa-carnada. Hay que moverse con él.
Las campañas están en auge con miles de sujetos repartiendo folletitos y dulces y regalías y una que otra promesa de mierda. Mucha plata en papel deben haber gastado y todos sabemos que son palabras tiradas al olvido y que la regla es eso, promete y miente que algo queda dicen y la procesión sigue, más por dentro que por fuera.
Demasiada plata en papel... Un amigo me escribe pidiendo una junta, de esas que estábamos acostumbrados. Tenemos que juntarnos me dice, para conspirar con la serenidad y la ironía que da el haber saboreado la derrota demasiadas veces. Y maldición no puedo! He perdido mi beeper le digo, Bah! de veras que esas weas no existen, más bien estoy un poco a la deriva, desenchufado podría decirse. Ya habrá tiempo. Mi mujer dice que hay que dejar pasar harto tiempo para tener más cosas de que hablar. El verse muy seguido augura un aburrimiento seguro. Será cierto?
Por acá como que llueve y no llueve. Esa indecisión me descoloca. Me gustan las lluvias de verdad, como las de Puerto Varas. Siempre la indecisión... Ahora pienso en mucha gente tanto de allá como de acá. Qué mierda hacer con estas votaciones? Yo tengo una muy buena idea de que hacer con su voto.
Será hasta la próxima.
El mundo se mueve rápido, como el tipo que se lanza cielo abajo buscando un buen porrazo en la tierra o la chica del mostrador y su sonrisa-carnada. Hay que moverse con él.
Las campañas están en auge con miles de sujetos repartiendo folletitos y dulces y regalías y una que otra promesa de mierda. Mucha plata en papel deben haber gastado y todos sabemos que son palabras tiradas al olvido y que la regla es eso, promete y miente que algo queda dicen y la procesión sigue, más por dentro que por fuera.
Demasiada plata en papel... Un amigo me escribe pidiendo una junta, de esas que estábamos acostumbrados. Tenemos que juntarnos me dice, para conspirar con la serenidad y la ironía que da el haber saboreado la derrota demasiadas veces. Y maldición no puedo! He perdido mi beeper le digo, Bah! de veras que esas weas no existen, más bien estoy un poco a la deriva, desenchufado podría decirse. Ya habrá tiempo. Mi mujer dice que hay que dejar pasar harto tiempo para tener más cosas de que hablar. El verse muy seguido augura un aburrimiento seguro. Será cierto?
Por acá como que llueve y no llueve. Esa indecisión me descoloca. Me gustan las lluvias de verdad, como las de Puerto Varas. Siempre la indecisión... Ahora pienso en mucha gente tanto de allá como de acá. Qué mierda hacer con estas votaciones? Yo tengo una muy buena idea de que hacer con su voto.
Será hasta la próxima.
After party
Día gris, flojo. Extraño la "normalidad" de uno normal, si es que eso existe. Ahora sólo resta seguir tomando café cargado, mirar los gatos como tiran la basura y el cáos de la casa.
Así no se puede.
Así no se puede.
Bitácora de Domingo
Hay miradas que encienden, que buscan caprichosas. No es tan frecuente, pero sucede. No habrá más de dos palabras entre nos, pero miradas sobrarán. Hablando desde el fondo de los ojos, con brillos sosegados, a veces inquietos, infantiles casi. No mires, no sigas. La verdad escandalosa de una soledad asomada al balcón de los ojos. Miro de nuevo, hacia arriba, de izquierda a derecha. Ese magnetismo me doblega, me enternece y asusta. No miraré más! Y sin embargo...
La lluvia se fue. Va camino a las profundidades. Me acuerdo de mi casa de niño, de las goteras espantadas por el fuego y los regaños de mi madre por mis escapadas a mojarme. Ciertas cosas nunca cambian. Como tampoco cambia la miseria, esa que nos continúan ofreciendo descaradamente. Ahora resulta que vienen de nuevo a palmearnos la espalda y ofrecernos tanto que al final resulta... nada. Pero ahora estoy tranquilo. Hoy me siento bien. Terminó la lluvia, la noche está quieta y pronto viajaré. Ella dice que me extraña, que la casa está fría y la cama es inmensa. Ya voy, ya voy amore mio.
Bitácora del Sábado
La noche de anoche y sus consecuencias. Siempre sucede lo mismo, que los tragos de más y la beligerancia presente. El no soportarse ni un segundo más. Yo lo suponía. Hay cosas que no cambian y lo básico es prevenirse de la debacle que viene en curso. Nos refugiamos en nuestro rincón y observamos. Los acontecimientos se suceden unos tras de otros sin pausa y se van desenmascarando las intenciones de cada cual. Que la gorda era más candente de lo habitual ya me había dado cuenta y de seguro los animalejos que estaban con ella no cejarían hasta obtener el objetivo aquél. Que ya van demasiados días en estos lares y se extraña una piel sedosa, aunque para mi gusto, la gorda no cumplía ninguno de mis requisitos. ¿Será que de verdad estos tíos son más animales de lo que había pensado?
Mi vecino de dormitorio pronuncia chuchadas por lo bajo. Es comprensible. El rucio, el Jorge y la gorda tienen una trifulca de los demonios. Ahora bailan y se empinan la tercera botella. Yo me concentro en el maldito texto aquél, que dos hombres colgando de un puente, que un diálogo existencialista que no me llega y como que esta cosa se me está haciendo más espesa de lo normal. La gorda grita, aulla moviendo sus tremendas nalgas y yo enciendo un cigarrillo. Esta va ha ser una noche larga.
Los Domingos son tranquilos, por eso es que aprovecharon. Los dueños casi no vienen y el jefe se fue de farra así es que estaba todo dispuesto. Cuando la vi llegar supe del tipo que era. Un poco belicosa por decir algo, experta en sacar celos y los tipos que son marionetas ebrias al lado suyo. Presentí un final de página roja y se lo advertí a la dueña del hostal, pero esta, preocupada más de las lucas que le caían extras, desoyó mi advertencia y la juerga tomó cuerpo.
Con frecuencia me sucede que me preguntan por mi escritura. ¿Por qué no has escrito últimamente?, ¿Cuándo publicas? Sucede que no es tan fácil. No es un asunto de falta de ideas, tampoco de sensibilidad necesaria. El problema es el tiempo y la tranquilidad. ¿Quién demonios puede escribir cuando cada diez minutos se acerca algún tipo ebrio a ofrecerte un trago que no quieres y a hablarte incoherencias al lado de tu cama? Las realidades que nos embargan son tan disímiles y desconocidas que no resulta fácil opinar de buenas a primeras acerca de otros.
Justo al ir al baño lo vi caer. El Jorge, botella en mano, mira al rucio tirado bajo la mesa de pin-pon, misma que sólo se usa para albergar botellas y vasos. La dueña del hostal grita, se tira el pelo y amenaza con llamar al retén. Yo tomo al Jorge y lo aparto. La gorda llora y acaricia el pelo del rucio inconsciente en el suelo. Se me escapa un bostezo. Ya son las cinco de la mañana.
Bitácora
Cosas que suceden, un amigo muere estúpidamente al cruzar una calle, de seguro que soñando con algo no vio el maldito auto, otro se marcha a Europa a probar suerte hastiado del realismo crudo del país. Pero el mundo sigue dando vueltas y aún estamos acá.
Mi amigo Luis presentaba su obra "Vocación docente" en San Antonio. Le había prometido asistir esta vez, pero aún estoy por acá tirado. Creo que ahora sí que no me la perdona.
No es tan fácil en realidad, nada es fácil.
Recuerdo otros otoños con lluvias frescas en esta época. Ahora el calor me agobia. Dicen que es un presagio, que un megaterremoto nos hará papilla. Miedos y más miedos, soledades, egos desmesurados, celos. La vida en su lado más salvaje practicando el arte de no dejarnos en paz.
Extraño mi familia.
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