Locos yo, tu, él...




       Los locos son peligrosos. Primero, porque nadie sabe como diantre reaccionarán frente a determinadas circunstancias. Segundo, porque no existe un tratamiento lo suficientemente confiable que garantice su real integración a la sociedad, entendiendo por esto, su “normal comportamiento” y tercero, porque nos aterroriza la sola posibilidad de volvernos como ellos.
¿Qué desastroso minuto es aquél en que la locura decide apropiarse de la mente y mandar todo al diablo?, ¿Qué intrincado pensamiento logra desvirgar nuestro cerebro y hacerse preguntas extrañas tales como si acaso el silencio de Dios no es la prueba definitiva de que no existe?
Algo así puede llegar a ocurrir y no es extraño que ocurra en momentos de intenso dolor y angustia, es más, creo que las tragedias gatillan la aparición de la enajenación, tal ves por la impotencia que se enclava en el alma y se asoma por la mirada. Cuando no hay nada que hacer y los rezos ya no alivian. Entonces, ¿qué hacemos?. Solo dejar de luchar, dejarse ir en un torrente caudaloso, abandonando todo pudor y cordura, porque ya no sirve la sensatez esclavizante que a nada conduce y que aturde e insensibiliza, aquella que se ha mecanizado en una especie de servidumbre para tal o cual deseo u acción. Observando inmóvil, eternamente, como se acaba la vida, como te mueres.
       Los locos son peligrosos, más que nada porque nos muestran la realidad que no queremos ver, quizá sólo porque no nos gusta cuestionarnos mas allá de lo “permitido”o tal ves porque alteran nuestros ordenados esquemas de vida. Resulta desconcertante discutir con un loco, ya que en una de esas puede que nos puteen la religión que profesamos, la patria en que vivimos y hasta a la madre que nos parió, aunque claro que esto hoy en día es bastante común, lo cual demuestra en cierta forma de que éste es un mundo lleno de locos o en vías de serlo.
Son tan imprevisibles, especialmente aquellos que andan sueltos por ahí enunciando descabelladas y hasta siniestras ideas a diestra y siniestra sin el mas mínimo pudor.
Y en el fondo nos duele, nos molesta y hasta nos da envidia el no poder tener esa infinita indiferencia de la locura, esa suprema sagacidad y poder para tocar sensibilidades intocables, el desmadre irresponsable sin culpa que espiar ni explicaciones que dar, sólo porque estamos locos.


Paradero conocido

     En la plaza Cóndell de Iquique, también en la esquina y a las afueras de una farmacia se le suele encontrar. Los pies descalzos e inmundos. Apretujado por una frazada de irreconocible color que trae sobre sus hombros y que cruza sobre su pecho cual símil de emperador romano en decadencia; Con su pelo largo desgreñado y una abundante barba canosa, es el cuco con que asustan a los niños las viejas prejuiciosas en sus idas de compras al supermercado. Maloliente por completo y enarbolando casi siempre en su mano derecha una infaltable botella de plástico, rellena con quién sabe que misterioso líquido descolorido. Con la cara sempiternamente adornada por una estúpida y pusilámine sonrisa, y finalmente con sus ojos oscuros irritados, enrojecidos por la bebida, su habitual medio de combatir el frío de las noches a la intemperie.
       Nadie sabe como llegó a esa condición, de donde era, ni como se llama, ni si tiene algún familiar o amigo que pueda hacerse cargo de él. Tampoco se sabe su edad exacta, aunque se calcula tenga unos cincuenta años, sin embargo dado su lamentable estado, es posible que tenga muchos menos de los que representa. Más de alguna alma caritativa, de esas que abundan en instituciones dedicadas a la repartición de alimentos para los “seres” de la calle, le ha preguntado su nombre, pero éste les ha respondido con enormes risotadas que revelan un alcohólico aliento y denotan una desvergonzada burla para con estas personas. Lo cual me lleva a pensar de que en su enajenado mundo, existe aún espacio para la ironía y la comprensión del medio social que habita.
       Por lo general éste es un loco pacifico, Que se sepa no ha atacado nunca a nadie, no obstante se le mira con recelo y se opta por cruzar a la acera de enfrente cuando uno se lo encuentra en su camino. Lo que sí se sabe, es que es un lujurioso de marca mayor; Dotado de una considerable y desinhibida anatomía, suele desnudarse de ves en cuando ante el paso de alguna bella mujer para mostrarle sus encantos, lo que redunda en histéricos gritos de la dama en cuestión, de llamadas de auxilio y las infaltables risas de los curiosos testigos de siempre. Todo termina ante la llegada de la ley que decide llevarse a nuestro pobre loco tras las rejas por unos días para apaciguar su exacerbada pasión y de paso librarnos de su desagradable presencia, aquella que nos asusta, que nos recuerda lo frágil de nuestra supuesta normalidad y la que nos revuelve el estómago de solo imaginar vernos en semejante situación.

Adiós vidaloca

       No salió en las noticias de la radio ni en el obituario del periódico local. Tampoco se comentó en el regado asado del fin de semana recién acontecido, no era tema. Sólo me enteré de casualidad cuando una amiga enfermera me dijo del indigente encontrado muerto en la estación y de la posibilidad cierta de irse a la fosa común, pues no existía nadie que reclamara su cuerpo. No tenía ninguna pertenencia de valor, ni siquiera alguna identificación con su nombre escrito, que era lo que mas la preocupaba, como si el hecho de que no tuviera nombre implicara que nunca existió, pero cuando sus ropas iban a ser incineradas, de entre el bolsillo trasero del raído pantalón, resbaló una pequeña y grasienta libreta con sus páginas arrugadas escritas con un pulso tembloroso, la misma que tenía y hojeaba ahora entre mis manos. Entonces le sonreí a mi amiga y le dije. Ese hombre era alguien, aquí está la prueba, y le mostré la libreta llena de poesías.

Bitácora olvidada.


   La guerra y sus horrores son sistemáticos y periódicos. Tiempos de paz no existen. Creo que siempre, en cualquier tiempo o lugar, a mayor o menor escala, siempre se está librando alguna guerra. Las razones para iniciarlas son innumerables como las víctimas resultantes de ellas. Independiente de los motivos, confieso cierta indiferencia a involucrarme en una postura beligerante. Puedo asegurar que no es por tener una postura cómoda, menos cobardía. Más bien es cierto sentido común, cierto realismo atroz que me paraliza. Existen tantos personajes de una tendencia u otra dispuestos a volarse la cabeza que intuyo que la mía es más útil en otra instancia creo yo. Y no es una falta crónica de valores, ¡claro que no! Mis ideas están lo suficientemente claras referentes a cómo vivir en este mundo, pero dado el estado actual de las cosas, no llevarían a ninguna parte. Sucede entonces que la desidia frente a ciertos hechos genera fastidio por ciertos grupos de sangre “rebelde” que enarbolan banderas y cánticos arcaicos, es más, confieso que he recibido hasta puteadas de algunos por no adherir a tal o cual causa revolucionaria, incluso me han tildado de fascista, cosa nada más alejada de la realidad.
   Y acá estás tú tratando a toda costa  de convencerme de participar en esa especie de funa al poder judío en Chile. En principio tu idea consiste en una manifestación frente a la embajada de Israel. Después vendrán una serie de acciones tendientes a desenmascarar el poder real que sustentan en el país. Y te digo que me parece que la ocurrencia es demasiado rancia y de los posibles resultados, léase provecho que se obtendría de ello. ¿Se va a detener la masacre en Gaza por ejemplo? La verdad es que lamentablemente no está en nuestras manos. ¿Quién gana con todo esto? Hay miles, óyeme bien, miles de individuos, hijos de perra inescrupulosos que sacan provecho de una guerra y esta no es la excepción. Desde el simple creador de una cuenta en Facebook que hable del tema ve aumentada sus visitas a su página y en consecuencia sus posibilidades de ofrecer a más gente lo que tenga que ofrecer, hasta el traficante de armas, las transnacionales farmacéuticas, constructoras que reparan los daños y bancos que las financian. Todos ellos se llenan los bolsillos a cuenta de miles de muertos, miles querida amiga.
Creo que es este el asunto que más me molesta. El beneficio de los que están detrás manipulando el asunto. ¿Cuántas veces ha sucedido?, ¿Cuántas más seguirá ocurriendo? Todo a cuenta de unos valientes idealistas que mueren como moscas. Siempre detrás de una lucha hay una tropa de buitres manipulando a los rebeldes esperando el final para darse el festín. Pregúntale a los “actores secundarios”, ¿recuerdas la película? Esos que se multiplicaron por todo el país, pregúntales que consiguieron luego de luchar aperrados en las calles para conseguir nuestra patética “democracia”. Pienso que de actuar debiera ser contra esos hijos de puta que están detrás, ¡ahí te apoyo de inmediato!
El asunto me complica te digo, me enrabia más bien, ¿Pero qué podemos cambiar nosotros? Aparte de saborear instantes de un sueño idealista, hippiento tal vez. Estamos condenados al fracaso y al olvido que a fin de cuentas es nuestro triunfo porque ningún hijo de perra nos los puede quitar.
   
Mi amiga sonríe y cambia los cafés por tragos dobles para seguir olvidando.

En la calle.

           


           Hace tiempo no duerme bien. Prueba con algunas pastillas, pero ya no le hacen nada. A veces tiene poca importancia, otras en cambio es su perdición. La noche le juega malas pasadas, poco ron quizá, falta de porros, vino, esperanza, eso!  Es la maldita esperanza que se desvanece. Pablo juega al chico rudo, toma sus tragos al seco, fuma con el cigarro colgando de la boca y es un hijo de puta verdadero, al menos es lo que le dice ella y él le cree. Es la única que le da algo en que creer. 

            Se me apareció de pronto con su cara destrozada. Me cuenta que se había unido a unos anarcos de La Florida y que iban a dejar la cagá con este estado de mierda. Que ahora venía arrancando de una marcha y que se había "echado" unos vidrios de un banco y que los pacos lo pillaron y lo reventaron a palos. Hay cosas que entiendo, otras no tanto. Pablo no quiere saber nada de política, ésa le apesta. Son todos unos maricones vendidos dispara apenas hago la pregunta, le da una pitada al porro y me confiesa que adora a su chica combatiente. No tiene miedo dice, en realidad lo que lo asusta un poco en verdad, es que le pase algo a ella. Estamos sentados en una plaza y la gente nos mira, en realidad más a él. El bicho raro es él.

Bitácora de un Domingo por la noche.


 En San Antonio me están horrorizando el paisaje. Desplazarse es un infierno por estos lares, todo esto producto de la modernidad que llega para quedarse me dicen, una mierda más pienso, porque la creatividad la tienen conectada al culo, y ni hablar del paisajismo, y ni de hacer el territorio más amigable para quienes lo habitamos, los que andamos a pie, o en bicicleta. La supuesta modernidad es sólo un negocio de los mismos pocos de siempre, importándoles por cierto, bien repoco lo que pensamos los otros mismos hartos de siempre. La plaza, la vieja plaza de Llolleo por tantos años abandonada, esa que acunó mis conquistas adolecentes y que me ocultó a medias de la ley y sus detenciones por sospecha entre algunos árboles que ya no están, y que a los que quedan continúan cortándolos. La plaza peligra en manos de estos inoperantes. Es como si quisieran borrar de golpe el pasado. Algo les aterra a estos ingeniosos. Es que la culpa los carcome y desean hacerla desaparecer llenando de bloques de cemento la mirada. Endureciendo el paisaje. Pero la culpa no se va, aguarda agazapada siempre ahí y los corrompe y pudre sus entrañas. Como los ex soldados conscriptos de tejas verdes y sus secretos que recién ven la luz. Conozco a uno de ellos y sé de lo que hablo.
Viajes y más viajes, esto no para y el tiempo se hace cada vez más mínimo. En uno de mis paseos por el centro me topo con Mellado, este año se viene perro me comenta, San Antonio está que arde y es una obligación ser partes de ese incendio. Lo veo alejarse en su bicicleta que dice en un cartelito “Un auto menos”, Marcelo se vuelve cada vez más ecológico pienso y sigo mi camino, más allá la plaza y las cintas de peligro, y las máquinas destrozando las calles y el ruido, mierda, olvidé la cámara. Mientras escribo mi hijo me conversa. Hay un trabajo por algunos días en un crucero en Aysén. Anda le digo, es mejor ir que quedarse decía mi amigo Paul Ritz, sepa dios donde mierda está ese loco ahora. Mañana nos vamos a Concepción y de ahí a Yumbel. Hay deudas que pagar, y no hablo sólo de las económicas. Después no sabemos, hay sólo posibilidades, Padre las casas, Aysén, el infierno... Bueno, en ese ya he estado.

EGOZOOM


                             



Yo ese cruel individuo. Dícese de quién maltrata, miente y goza con ello.
Yo inhumano, vulgar y cobarde. Un bosquejo de hombre en blanco y negro.
Yo patético discípulo de quien me sembró siglos hace.
Duele Prach dice murmurando
Yo burlesco y arrogante, contagiado de realidad extrema.
Hablando claro
Viendo lo terrible que es toda esta mierda que es igual a la tuya y a la tuya, y a  la...
pero que no divisas
Yo si
Yo pelafustán irreverente, mediocre e iletrado
armando frases entre la noche y el llanto
Yo cobarde ¡si! Muy cobarde en verdad.
Lleno de olvidos y precariedades
Un sujeto olvidable sin duda, pero que odia
tamaña demencia
Yo prófugo de fantasmas inquisitivos de este lado de la luna
que no es el tuyo
Yo sin nada más que aportar
con la conciencia lista
pero no nítida
Yo sorpresivo e incorregible, que le voy a hacer
Inmutable a tus ruegos
Yo que no creía
un vástago irresoluto si me lo preguntan
descompuesto y diezmado
Yo que nunca creí, ni pensé en hacerlo
y he aquí el sinfín de la cuestión
Yo haciendo memoria para adelante
que ni mis pares entienden tan ridícula expresión
Yo anclado a la vida de tanto esperarte
Yo te amo.

Acuarela




No estuve allí, lo sé. La ventana abierta y la noche brillando a diestra y siniestra. No estuve allí. Fumando, cambiando la radio, tomando café y mirando las manchas de pintura en el piso. No estuve cuando sentada en la plaza matabas el tiempo haciendo cualquier cosa. Algo que aturdiera el recuerdo, el dolor de la ausencia, la soledad iracunda y silente. No estuve y algo duele miserable en mis entrañas. Un dolor de tripas y corazón sedado con un trago extra. Un barniz para ocultar la huella que dejaste olvidada. No estuve en la noche inmensa ni en la mañana fría corriendo calle abajo, ni en el andén del bus que te llevaba, ni en la llamada del teléfono que nunca sonó. Mirando el color de la lluvia salpicando tu sombra. Lo sé. No estuve abriendo la puerta del bar del Sábado en donde ahogabas el silencio con risas falsas por doquier. Olvidando al amante de turno, su plática egoísta y hasta su nombre. Con tus manos frías pintando tus uñas de roza, sujetando un rizo rebelde que oculta la visión de un gato corriendo. Regando maceteros con agua de la última lluvia. Riendo a veces, callando otras muchas. Apagando las luces para observar las brazas del cigarro en tu boca. Mordiendo una galleta de chocolate tirada en la cama. Durmiendo con la cabeza bajo la almohada y tus brazos hacia arriba en un afán de rendición inconsciente. No estuve, y lo sé, como también sé que nunca estaré y eso tu también lo sabes.
Im Blue

Poema blanco


Empecemos diciendo que este poema está sobre una hoja/ Pero este poema no es un poema y usted no tiene que olvidarlo/ Es parecido a un muro/ La ausencia de mis lágrimas arman un muro/ Veo por la ventana la lluvia como si la lluvia me mirara/ Usted puede hacer lo que quiera con las imágenes que acaba de leer/ Yo no puedo hacer nada con las imágenes que escribo/ Ya que fructifican el resentimiento en este poema/ Que está en los ojos de un joven sentado sobre su sonrisa/ La sonrisa de usted no la de él/ Porque su sonrisa sin dientes es la que se mueve/ Aunque ve la débil sonrisa del joven y su cabello revuelto en el poema/ Y el cabello y la sonrisa envejecida del joven dicen algo/ Muy lento para que usted entienda/ Y muy débil/ Incluso parece un chiste o algo que usted pensó en algún momento/ Y recordó y olvidó y le deja una rara sensación en el cuerpo/ “Me parece que tenemos que hablar de todo/ Como cuando éramos adolescentes/ Y hablábamos de todo sin saber expresarnos/ Ahora tampoco sabemos/ Me parece que fuimos adolescentes/ Pero nunca hemos sido jóvenes/ Como si estuviéramos sentados más allá del deseo”/ Usted ve al muchacho y descubre que nada es lo que vemos/ Porque no sabe si lo ve o si él le ve a usted/ Y nada ha pasado en realidad pero tiene esa rara sensación en el cuerpo/ Y usted, si se lo pido con confianza, me puede ayudar/ No, en esta parte tiene que decir que “yo no necesito ayuda”/ Usted no me puede ayudar a escribir porque yo no necesito ayuda/ Aunque yo le escribo a usted/ Y usted no me lee/ Luego, no puedo escribir “luego”/ Porque quiero hablarle/ Y sus palabras están delirando en la forma de un ruido, un ruido fuerte/ La belleza de las palabras es un ruido fuerte/ Eso es lo que tiene/ Por eso no habla/ La belleza de las palabras es una forma del dolor, dice/ Una forma del horror, insiste/ Por eso no habla, punto suspensivo, por eso no lee/ ¿Ve cómo juego con el tiempo?/ Usted dice que es imposible/ Pero esto es un poema y aquí es posible hacerlo/ Y no lo que usted dice, que el tiempo quede sin futuro/ Pero el tiempo queda sin futuro/ Hasta que llegue a un lugar seguro como el agua corriendo por el cuerpo/ Que deja la sensación de humedad en la memoria/ Pero usted no llega a un lugar seguro/ Porque en este poema no hago lo que quiero/ Sino/ Lo que permite la sensación húmeda en las manos/ Dos o tres frases que se olvidan/ El mismo argumento cortando las emociones/ Ahora que estamos en esto; no le parece mejor que me ayude/ Y este poema es una sombra avanzando/ Mientras usted hace algo por mí/ Porque este poema es una sombra doblándose hacia usted/ Ya que este poema está hecho de imágenes dispersas/ Que usted puede tomar y desaparecer/ Y usted no lee y esto no deja de ser un poema/ Donde desaparecemos/ Y usted no lee porque no tiene que hacerlo/ Y yo puedo seguir con lo que tendría que seguir/ Porque sé que no puedo hacer nada más/ Ya que ahora me meto en el fondo de algo/ Algo que quiero terminar y me tuerce la boca/ Usted se ríe porque hablo solo/ Cuando piensa en este poema/ Y lo único que digo/ Es que nadie me quiere como le quieren a usted/ Y todo lo hago antes de perderme en el círculo de la emoción/ Y eso lo sé porque yo la quiero y amo al hombre que la ama más que al rostro sangrando/ Que desaparece en el borde de lo que veo/ Y mi boca que ya no existe en el extremo de lo que digo/ ¿Ve que puedo hacerlo?/ ¿ve que cuando escribo no sé lo que hago?/ Usted sabe lo que hace/ Siempre lo ha sabido/ Y no lee porque usted anota todo/ Yo escribo para olvidar y por eso usted no me lee/ Este poema quiere hacerle daño/ Pero usted no me escucha y este poema es como levantarse en la mañana/ ¿Ve que puede ser cierto?/ Aquí tendríamos que hablar de todo/ Como cuando éramos adolescentes/ Y hablábamos de todo sin saber expresarnos/ Porque es lo único que nos queda/ Ahora tampoco sabemos/ Me parece que fuimos adolescentes pero nunca hemos sido jóvenes/ Que envejecimos más allá del deseo/ Y esto termina siendo lo único que nos queda/ ¿Ve que aquí puede hacer lo que quiera?/ Es de mañana/ El cuerpo se dobla hacia arriba/ Es de mañana y hay luz/ No hay nada más que eso/ Empieza a derramarse el poema/ El poema se levanta/ Es de mañana/ El poema se dobla/ Se arruga y usted puede verlo/ El poema desaparece. 



De mi amigo Luis Retamales.

Bitácora.

Le pregunté porque se llamaban así. La 2000Blues. Me dijo que era lo que ganaron la primera vez que tocaron en la calle. Ahí me enteré de que mi hijo estaba siguiendo mis pasos. Hay cosas que no cambian y pienso que el camino de las hormigas sigue vigente y lo miro desde la altura de mis años. Estoy viejo pienso... No! que va, quizá sólo un poco cansado de tanta porquería. Y la calle se queda observándolo.  Tiene hambre de todo,  lo sé,  y eso es bueno.
El mundo se mueve rápido, como el tipo que se lanza cielo abajo buscando un buen porrazo en la tierra o la chica del mostrador y su sonrisa-carnada. Hay que moverse con él.
 Las campañas están en auge con miles de sujetos repartiendo folletitos y dulces y regalías y una que otra promesa de mierda. Mucha plata en papel deben haber gastado y todos sabemos que son palabras tiradas al olvido y que la regla es eso, promete y miente que algo queda dicen y la procesión sigue, más por dentro que por fuera.
Demasiada plata en papel... Un amigo me escribe pidiendo una junta, de esas que estábamos acostumbrados. Tenemos que juntarnos me dice, para conspirar con la serenidad y la ironía que da el haber saboreado la derrota demasiadas veces. Y maldición no puedo! He perdido mi beeper le digo, Bah! de veras que esas weas no existen, más bien estoy un poco a la deriva, desenchufado podría decirse. Ya habrá tiempo. Mi mujer dice que hay que dejar pasar harto tiempo para tener más cosas de que hablar. El verse muy seguido augura un aburrimiento seguro. Será cierto?
Por acá como que llueve y no llueve. Esa indecisión me descoloca. Me gustan las lluvias de verdad, como las de Puerto Varas. Siempre la indecisión... Ahora pienso en mucha gente tanto de allá como de acá. Qué mierda hacer con estas votaciones? Yo tengo una muy buena idea de que hacer con su voto.
Será hasta la próxima.

After party



Día gris, flojo.  Extraño la "normalidad" de uno normal, si es que eso existe. Ahora sólo resta seguir tomando café cargado, mirar los gatos como tiran la basura y el cáos de la casa.
Así no se puede.

Bitácora de Domingo

Hay miradas que encienden, que buscan caprichosas. No es tan frecuente, pero sucede. No habrá más de dos palabras entre nos, pero miradas sobrarán. Hablando desde el fondo de los ojos, con brillos sosegados, a veces inquietos, infantiles casi.  No mires, no sigas. La verdad escandalosa de una soledad asomada al balcón de los ojos. Miro de nuevo, hacia arriba, de izquierda a derecha. Ese magnetismo me doblega, me enternece y asusta. No miraré más!  Y sin embargo...
    La lluvia se fue. Va camino a las profundidades. Me acuerdo de mi casa de niño, de las goteras espantadas por el fuego y los regaños de mi madre por mis escapadas a mojarme. Ciertas cosas nunca cambian. Como tampoco cambia la miseria, esa que nos continúan ofreciendo descaradamente. Ahora resulta que vienen de nuevo a palmearnos la espalda y ofrecernos tanto que al final resulta... nada. Pero ahora estoy tranquilo. Hoy me siento bien. Terminó la lluvia, la noche está quieta y pronto viajaré. Ella dice que me extraña, que la casa está fría y la cama es inmensa. Ya voy, ya voy amore mio.

Bitácora del Sábado

                                                              

         La noche de anoche y sus consecuencias. Siempre sucede lo mismo, que los tragos de más y la beligerancia presente. El no soportarse ni un segundo más. Yo lo suponía. Hay cosas que no cambian y lo básico es prevenirse de la debacle que viene en curso. Nos refugiamos en nuestro rincón y observamos.  Los acontecimientos se suceden unos tras de otros sin pausa y se van desenmascarando las intenciones de cada cual. Que la gorda era más candente de lo habitual ya me había dado cuenta y de seguro los animalejos que estaban con ella no cejarían hasta obtener el objetivo aquél. Que ya van demasiados días en estos lares y se extraña una piel sedosa, aunque para mi gusto, la gorda no cumplía ninguno de mis requisitos.  ¿Será que de verdad estos tíos son más animales de lo que había pensado?
       Mi vecino de dormitorio pronuncia chuchadas por lo bajo. Es comprensible. El rucio, el Jorge y la gorda tienen una trifulca de los demonios. Ahora bailan y se empinan la tercera  botella. Yo me concentro en el maldito texto aquél, que dos hombres colgando de un puente, que un diálogo existencialista que no me llega y como que esta cosa se me está haciendo más espesa de lo normal. La gorda grita, aulla moviendo sus tremendas nalgas y yo enciendo un cigarrillo. Esta va ha ser una noche larga.
       Los Domingos son tranquilos, por eso es que aprovecharon. Los dueños casi no vienen y el jefe se fue de farra así es que estaba todo dispuesto. Cuando la vi llegar supe del tipo que era. Un poco belicosa por decir algo, experta en sacar celos y los tipos que son marionetas ebrias al lado suyo. Presentí un final de página roja y se lo advertí a la dueña del hostal, pero esta, preocupada más de las lucas que le caían extras, desoyó mi advertencia y la juerga tomó cuerpo.
      Con frecuencia me sucede que me preguntan por mi escritura. ¿Por qué no has escrito últimamente?, ¿Cuándo publicas?  Sucede que no es tan fácil. No es un asunto de falta de ideas, tampoco de sensibilidad necesaria. El problema es el tiempo y la tranquilidad. ¿Quién demonios puede escribir cuando cada diez minutos se acerca algún tipo ebrio a ofrecerte un trago que no quieres y a hablarte incoherencias al lado de tu cama? Las realidades que nos embargan son tan disímiles y desconocidas que no resulta fácil opinar de buenas a primeras acerca de otros.
      Justo al ir al baño lo vi caer. El Jorge, botella en mano,  mira al rucio tirado bajo la mesa de pin-pon, misma que sólo se usa para albergar botellas y vasos.  La dueña del hostal grita, se tira el pelo y amenaza con llamar al retén. Yo tomo al Jorge y lo aparto.  La gorda llora y acaricia el pelo del rucio inconsciente en el suelo. Se me escapa un bostezo. Ya son las cinco de la mañana.

Bitácora

Cosas que suceden, un amigo muere estúpidamente al cruzar una calle, de seguro que soñando con algo no vio el maldito auto, otro se marcha a Europa a probar suerte hastiado del realismo crudo del país. Pero el mundo sigue dando vueltas y aún estamos acá.
Mi amigo Luis presentaba su obra "Vocación docente" en San Antonio. Le había prometido asistir esta vez, pero aún estoy por acá tirado. Creo que ahora sí que no me la perdona.
No es tan fácil en realidad, nada es fácil. 
Recuerdo otros otoños con lluvias frescas en esta época. Ahora el calor me agobia. Dicen que es un presagio, que un megaterremoto nos hará papilla. Miedos y más miedos, soledades, egos desmesurados, celos. La vida en su lado más salvaje practicando el arte de no dejarnos en paz.
Extraño mi familia.

I miss you Amore

Y si fuera cierto?

Los días pasan, el mundo gira y la vida sigue avanzando. Nada que hacer o quizá todo. Estamos en la disyuntiva. Me llaman del Norte, un amigo muere de una forma estúpida, incomprensible y se apaga una amistad truncada por las distancias. Confieso una pena rabiosa que se alarga y no cesa. Me ahoga un millón de preguntas que no tendrán respuestas. Las dudas acerca de lo verdaderamente importante, eso que es y no es al mismo tiempo, lo que nos mueve a fin de cuentas a actuar, a sentir y comprometernos. Todo se vuelve tan relativo e insignificante... La radio dice que dijeron y mis redes repiten exageradamente, venteando impúdicos nuestra soledad abismante. Porque estamos solos. Somos un mundo de solitarios, a eso nos han llevado y es tan poco lo que podemos hacer.
Anochece, el sueño me gana, pero aún tengo rabia y pena.



Bitácora

La verdad nos hace libres, eso dicen. Marixu sabía de esas cosas, de liberaciones. En este instante me acuerdo de Dante, un amigo perdido en la vorágine nocturna de Iquique. La última vez que lo vi fumaba sentado en la playa de Cavancha recuperandose de la borrasca de la noche anterior. Dante era un tipo magnífico, uno de esos sujetos que se topa uno sólo una vez en la vida. Extraño, espontáneo, maldito en sus definiciones y entrañable. Su historia es larga y no voy a contarla ahora, pero me acuerdo por eso de las verdades. Siempre fue terriblemente honesto, algo muy raro en estos tiempos. La falta de verdad nos enturbia la mirada. No me gusta que me mientan, prefiero la verdad cruda y salvaje.
Las cosas siguen igual, trabajo y más trabajo. Es como una apuesta, hasta donde mierda aguantamos, pero bueno, no es lo que deseaba escribir hoy. Eso del cansancio es una historia inagotable, una suerte de epidemia, la esclavitud del siglo 21. Shit!, casi nada que hacer. Digo casi, porque hay una luz, tenue eso si, pero se ve, por allí... Hay algunos que optaron por actuar, no son muchos como uno quisiera, pero ahí están. Me han llamado y hemos hablado de cosas, muchas cosas y estamos de acuerdo, era que no! Esas realidades son las que me entusiasman, las que me dejan un sabor nuevo en la boca. Uno respira mejor se han dado cuenta?
Espero no dejar pasar tanto tiempo sin visitar este blog. El tiempo, el maldito tiempo que me falta... Einstein estaba equivocado.

El Hombre Imaginario





El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario


Nicanor Parra

Maestro!

Fama









Una cita recurrente es aquella que afirma que detrás de cada gran hombre existe una gran mujer. Mi esposa tomó súbita conciencia de este importante rol y una mañana mientras desayunábamos, mirándome de la forma que lo hace cuando algo se le atraviesa en la cabeza, me dijo que ya era tiempo de que me dejara de payasadas y me hiciese cargo de lo que me correspondía: hacerme famoso de una buena vez. Existía cierta urgencia en sus palabras. Adiviné que el cansancio de esperar maravillas que no llegaban la habían decidido a actuar al fin. En un instante repasé cómo se fueron extinguiendo las ilusiones que forjamos en la pasión de la juventud. Sueños perdidos y rotos en medio de la realidad última reservada para nosotros. Me dí cuenta que aún no se rendía, que no asimilaba la desastrosa situación y que en un arranque postrero de valentía, parecía estar dispuesta a rendir la última batalla. Por mi parte, ya lo había aceptado y la verdad es que fue una liberación tomar conciencia del mundo brutal en el que estábamos inmersos. Sin embargo para ella nada resultaba tan fácil y cómodo como para mí. Por alguna razón que ignoro, decidió que la fama debía ser la respuesta o salvación a nuestras precariedades y dado que era yo el aficionado a ciertas lides creativas, estimó necesario, más que eso, imperioso, el sacarle provecho. El problema era que mi impostura desganada y esa fijación que tenia por pasar inadvertido conspiraban para que aquello se concretara. Creía firmemente en que debía abandonar esa actitud fatalista y resentida que no me llevaba a ninguna parte. Según ella, era necesario que me reinventara. Finalizada esta breve arenga, pasó a continuación a detallar una serie de medidas tendientes a lograrlo. Como mujer organizada que era, estimaba en no más de dos años la obtención de tan merecido objetivo y para que me quedara aún más claro, comenzó a redactar un listado de acciones que habría de realizar en estricto orden de prioridad e impacto mediático. Es que ser famoso implicaba, aparte de un acto de fé absoluto y una cuota de suerte, un trabajo acucioso y muy bien desarrollado. Fé y organización, esas serían las directrices.

Para comenzar partiría por cambiar mi deslucida apariencia. En realidad siempre fui despreocupado de este aspecto. Fue así que mis jeans desteñidos fueron a dar a la basura; Mi pelo largo se vino abajo y mis zapatillas regalonas engrosaron los juguetes masticables de nuestro perro. El vestuario lo compró con unos ahorros que tenia producto de la venta de unas cremas y jabones. Ella siempre tuvo esas características netas de emprendedora y ahora tenía un nuevo producto que ofrecer, o sea yo. Por supuesto que todas las prendas eran de muy buena calidad y elegidas con buen gusto, como tenia que ser. Zapatos, pantalones, ternos y corbatas. Hasta unos gemelos preciosos brillando en los puños de la camisa.
Una tarde llegando del trabajo, me hizo desvestir de inmediato y llevándome al baño, me hundió la cabeza en un lavatorio que tenía preparado con cierta espuma. Luego sacó una tintura que había comprado y me embetunó el pelo prolijamente. De ésta manera desaparecieron mis canas en un resplandeciente color negro.
Hasta aquí todo marchaba bien, salvo sus continuos alborotos cuando en algo me equivocaba. La transformación debía ser completa. Si hasta encendía incienso para atraer las buenas vibras. Debía de alguna manera trocar en una personalidad ganadora, avasallante y atractiva. Ponía especial énfasis en mi dicción -la verdad es que nunca le había gustado mi manera de hablar, especialmente cuando, enrabiado, estallaba en un rosario de insultos ininteligibles-. Si hasta para reputear había que hacerlo con clase. A lo otro que ya me tenía habituado, era a sus continuos abordajes a mi rostro intentando eliminar cualquier indicio de acné, vello o mancha indeseable que pudiese opacar el tono de mi piel.
Un día descubrí que mi reproductor de discos junto a toda mi colección de música clásica había desaparecido. La miré sin hablarle -inquiriendo una respuesta- y me dijo que para ser famoso se hacían necesarios ciertos sacrificios y que tuvo que venderlos para comprarme las lentes color miel claro que pasó a instalarme de inmediato. Así fue como cada vez comenzó a hacerse más evidente la ausencia de cosas en la casa. Desapareció el televisor, la alfombra que fue regalo de bodas, los cuadros que hicimos en el taller de pintura, los muebles, ¡hasta la cocina!; por lo que teníamos que comer en la casa de sus padres, lo cual nunca me hizo mucha gracia. Por suerte conservábamos la cama. Artilugio muy importante en nuestra relación basada principalmente en la confianza y en una pasión desenfrenada.
La situación era a lo menos caótica. Pero mi imagen había cambiado absolutamente. Si hasta me sentía un triunfador, pese a tener el mismo paupérrimo trabajo y no ser famoso aún. Era necesario tener fé me insistía y yo sabía que ella era especialista en esos asuntos, así es que no me restaba más que esperar. Seguro que en cualquier momento un suceso inesperado gatillaría el tan anhelado triunfo. Mientras tanto tendría que seguir preparándome.
Se preocupaba tanto por mí, casi obsesionada hasta con los más mínimos detalles, como la forma de caminar, de contestar el teléfono, de mover las manos y también de mis miradas para que no resultasen tan ofensivas, cosa que a ella en nuestros comienzos la cautivaban. Era tanta su atención hacia mí que pasado un tiempo empezó a descuidarse de sí misma. Al principio sólo fueron pequeños detalles. Su pelo no lucía ordenado como siempre y sus uñas se veían descuidadas, cosa impensable un tiempo atrás. Pensé que sería a causa de su ardua labor para conmigo y no le di mayor importancia. Sin embargo su estado empeoraba con el correr del tiempo. El abandono de su persona se hizo notorio, como si la condición de gran mujer que había asumido en realidad significara una cruenta condena. Era un suplicio elegido voluntariamente y del cual no había forma de desentenderse. Ya no se ponía maquillaje y usaba la misma ropa casi toda la semana, sus ojos mostraban profundas ojeras y su entusiasmo en las noches había desaparecido. En el fondo rehuía de mis abrazos, culpándome de su insostenible situación. Si hasta más flaca estaba. Es que con el afán de darme los mejores platos ella casi no comía. Luego aparecieron las pesadillas. Se despertaba en medio de la noche reclamando un regalo divino perdido, después rezaba temblorosa pidiendo perdón por su actitud, en seguida lloraba un poco y me pedía paciencia diciendo que todo iría bien. La fama, cual salvación milagrosa, estaba en camino.
Pero hay cosas que nunca cambian. Mi padre decía que las cosas son como son y nada más. Se sabe bien al cabo de un breve tiempo a donde vamos a parar. Se nota en el aire decía y a mi me revolvía el estómago, porque íntimamente lo sabía, pero me rebelaba a ello. Era joven entonces pienso ahora. Presiento que mi caso ya no tiene solución. Que hay que resignarse a ser lo inevitable, lo odiado pero real. La realidad es esa y no otra. Jamás seré un escritor. Porque sencillamente no lo soy. No tengo la magia necesaria. No poseo aquel espíritu que se requiere. Cierta impronta u actitud. Quizá la situación hubiere resultado en otra vida, pero lo mío no tiene vuelta y lo admito. Por esto es que cierto día, arreglándome la corbata frente al espejo en aquel hotelucho de carretera y mirando a la rubia durmiendo desnuda sobre la cama, decidí que ya no quería ser famoso y admitir necesariamente lo que soy. Un hombre cansado que ya no regresa a casa.