Bitácora del miércoles





Las ruedas del carrito silbaban caprichosamente al ritmo de la velocidad del empuje que le daba. Estaba pesado. Le dije a Julio que había que aceitarlas, pero, como cada cosa que le digo, le entra por un oído y se le escapa por el otro. Ya llevamos seis viajes... ¿Cómo es posible que beban tanta agua estos cretinos? Antes no estaba la máquina filtradora y tenían que conformarse con los dispensadores eléctricos que estaban por los pasillos y en alguna oficina. Pero ahora, con la nueva adquisición, se puso de moda beber de esta agua filtrada y preparar el café de grano, que con ella queda de un sabor mucho mejor.

Pero ellos no son los que la van a buscar a la torre central, distante unos quinientos metros más allá.

—Hace frío —me dice el Julio, y se envuelve en su chaqueta de cuello subido. Él no ha estado muy bien últimamente. Ya lleva dos operaciones a la columna, y da pena cómo arrastra los pies por esas escaleras que subimos a diario. Le queda poco para jubilar: un par de años más de aguante y estamos listos, me dice riendo. Su risa es forzada, como estudiada de años, algo nerviosa y casi rastrera. Analizándolo bien, no tiene otra posibilidad de trabajo. Dada su edad y sus habilidades, solo le resta esperar el retiro y cruzar los dedos de que ningún imprevisto trunque dicha esperanza. Pero de qué estoy hablando... ¿Esperanza, dije? Olvido sería más apropiado, olvido y pobreza, que es lo que reciben los viejos hoy en día. El Julio va camino al olvido, y luego le sigo yo, tres años más tarde. Somos los últimos por acá. Después de algunos intentos fallidos, no contrataron a nadie más y se quedaron operando con otras dos empresas contratistas. De la empresa madre solo quedamos dos, los últimos. Y como que lo saben, lo adivinan, y casi puedo ver cierta lástima en sus miradas.

—¿Para qué tan idiota? —me dice el Julio. ¿Idiota yo? Rezongo con la respiración agitada. No es idiotez, es resistencia, aguante, compañero, le grito con rabia, sí, con rabia. No le he contado más porque no tenemos tanta confianza. Últimamente me dan escalofríos cuando llega la noche. Se me hace difícil dormir, como que me da miedo dormirme de pronto, y me niego a hacerlo. La verdad, no sé qué chucha me pasa, si hasta he tenido un par de crisis de pánico y no se lo he dicho a nadie. ¿Miedo? No, no es miedo, no tengo miedo a morirme. Cuando llegue la hora, se acabó y nada más. Es otra cosa que no logro identificar. Culpa de los tiempos que corren. La lluvia, el puto gobierno, los achaques de viejo de mierda y la vieja culiá sapa de enfrente de mi casa.

Lo que me consuela son los limones, dos hermosos árboles: uno en el antejardín y otro en el patio trasero de mi casa. ¡Qué maravilla! Están cargados de frutos y saben deliciosos, muy jugosos y frescos. Ya hemos preparado algunas ensaladas con ellos. Y eso me reconforta: una huella que queda, un vestigio de mi paso vertiginoso, una pausa para contemplarlos, un minuto aferrado a la tierra.


De viajes, virajes y vainas varias.

 

Decidido a hacer inventario de la republica de mí mismo, de la capital y sus provincias

                                                                                                 Léase el territorio que habito

Teniendo en cuenta la precariedad de donde vivo, y la calle que a maltraer apenas me lleva

Y que tejas verdes nunca fue tan precario como en mi niñez, aunque presumo que la idea de inventario o invento no es precisamente lo que tengo que decir

Que la carta aquella nunca llegó a destino, si, la carta olvidada, caída a un lado del puente mientras las liebres de la colectiva locomoción pasaban justo por el medio de la desdicha. Siempre con el mismo recorrido, de ida y vuelta y revuelta…  Y que fue una buena idea alguna vez perseguir los sueños, y que pagaron con sangre, sudor y lágrimas, y continúan haciéndolo. Que apenas sabía leer en esos lustros, y que me equivocaba e iba a dar de lleno a la entrada del campamento brutal aquél.

Y que de inventario se trataba en el fondo, que los camiones pasaban llenitos de ayuda derecho al regimiento y luego salían con tres o cuatro cosas a repartirse a la gente. Y ya sabe que hablo del sacudón del ochenta y cinco, faltando poco para que termine la misa de siete, y con la iglesia llena de difuntos que se acuerdan aún hoy en día. Y con la casa derrumbada allá arriba y la noria chorriando agua que regalaba mi madre afanosa con sus manos en la soga que traía algo de luz a tamaña oscuridad

Que los inventos fueron eso, inventos. Que mi padre recorrió de arriba abajo todo el litoral de los poetas muertos trabajando con sus manos artesanas, y que hoy aún recuerdo el crujir de dientes y el sana, sana potito de rana, una pomada más a la pierna, un trago de agua y a seguir laburando. Que en esa época la cosa era dura, que el pan se peleaba y la espalda se resentía.

Y así es que siempre el balance indica pérdidas, desde la más remota pieza de adobe llena de telas de araña y piso de tierra, hasta la temblorosa luz de velas en un cuartucho del fin del mundo. Con la mirada perdida en ese bosque, que sí lo era, aunque algunos me contradigan. Y los soldados jugando a la guerra y nosotros escondiéndonos en las trincheras dejadas por las explosiones. Semanas, meses de ejercicios militares… Papá sabía muy bien de qué trataba, todos sabían. Nosotros los niños solo jugábamos a juntar vainas de fusiles repartidas por doquier, y bajar a bañarnos al rio o a la playa, y comer chocolates, o algún trozo de asado en la garita de las micros, cuando llovía y apretaba el hambre en la mirada.

No son treinta los pesos, tampoco treinta los años, son muchos más, millones de millones, y los encuentro a diario por donde va mi paso, y los reconozco, y me saben el nombre. Entonces la deuda está, el balance es negativo, pero con buenos augurios, me reclama el chofer del colectivo que me lleva por amor al arte.

 Manejando la desdicha de los olvidados nunca se llega a ningún puerto, menos a San Antonio.

De Martes y horas tiradas al destierro bajo una tarde gris y fría urbi et orbi

La H es muda me dijo.  No entendí.  Será que estaba estacionando.

Estación terminal, todos, todas, todes, tutti mundi…

Miré las flores secas y lloré. Los tiempos acaban, renuevan, colapsan de nuevo y así de mes en mes, año en año y contando.  Al final miramos con ojos rojos. Nada es igual, al menos parece, y el aire cambió de aroma y lugar. Otra vez tarde y tupper colapsado. Porca miseria. Creamos esperanzas nos dijo. ¿Recuerdan? ¿Se acuerdan Uds.? Me muevo de nuevo.  Siempre hay tanto que hacer. Empezó y el tiempo que se acaba apremia.   Es tan corta la risa y tan largo el olvido.

No me diga nada oiga, si ya sé.  Pero como que no me quedan argumentos. Es como un mal sueño con la rabia en remojo. Pero eso ud ya lo sabe, cierto?

 


 

De tin marin, de do pingüé, cúcara, mácara, títere fue. Empezó la ruleta. Una cuestión de suerte y sobrevivencia creo yo, y si me lo permiten, un intento desesperado por volver a la normalidad o a lo que pretendimos alguna vez como tal, pero bien sabemos que eso es imposible. En la hora de la avalancha de funcionarios, profesores y estudiantes a las dependencias de Beauchef, aparecen los de siempre, otros rostros, otras modas y actitudes, mismas historias, pero en otra época. Habrá que cuidarse, y se me antojan miles de previsiones, para el antes, el durante y el después. Si, claro, se oye como un artilugio para otro menester, ud me entiende, pero no. Es para este desastre que nos ha acontecido, esta pandemia que se ha llevado a tantos y tantas y que ni siquiera sabemos sus nombres, solo los cercanos. Todos tenemos a alguien que nos arrebató esta calamidad. Yo a mi cuasi hermano y un montón de recuerdos de cuando era pequeño.

La ciudad pandémica atiborrada de vehículos, mascarillas y alcohol gel en cantidades industriales. La verdad es que nos tiene cansados todo esto, pero en fin, ya están aquí. ¡Bienvenidos sean! Los estábamos esperando para olvidar un poco también con uds.  Los pasillos de la facultad eran una ciudad desierta como la que habitaba mi amigo poeta Paul Ritz por allá en un pueblo germánico. Paul sabía de bienvenidas. Alguna vez me espero bajo la lluvia torrencial del puerto envuelto en una bata de dormir solo para entregarme sus últimos textos. Años sin ver a este loco querido…

Los pasillos estaban desiertos, el pasto crecido y algo de tierra se juntaba en los rincones, y los fantasmas de siempre se paseaban cerrando puertas de improviso y taconeando por las escaleras. ¡Si!, Es cierto! Yo pertenezco al pequeño grupo que permaneció acá durante todo el tiempo más álgido del virus maldito y puedo asegurar que más de alguna alma en pena rondaba quejándose por aquí. La difunta Marixu , muchachita loca que vivía en el barrio república, creía ciegamente en los fantasmas. Cuando era estudiante prendía un par de cirios para los jueves de ceniza con el afán de apaciguar esas almas en pena. Aunque se olvidara después declamando unos versos de la Pizarnik con una botella de Syrah en la ventana a las tres de la madrugada. Bueno, pero ella estaba loca, y yo, dios mediante, aún no tanto.

Me gustan los estudiantes cantaba la violeta, y a mí también. Me recuerdan al sujeto extraño que fui alguna vez, con la mochila llena de libros, sueños, confetí de la última fiesta y con la cabeza llena de ideas extrañas. En época de estudios hay tanto por hacer y tan poco tiempo. Siempre corriendo… Es como un remolino de instancias decisivas todas ellas, en mi época llena de paros y protestas contra el dictador.  Hoy son otras cosas, similares en cierta forma. Estamos con presidente nuevo y otra constitución está casi cocinada. Son tiempos revueltos, de dudas, de esperanza, aflicciones y trabajo. La normalidad ya casi está aquí y se siente en la calle.  Siempre y cuando la peste desgraciada no diga lo contrario y nos encierren de nuevo. ¡Porca miseria! Se sabe que con un par de botellas se hace más llevadero el encierro, pero dígame ud lo caras que se encuentran ahora, no hay perdón de dios ante tamaña tragedia. Culpa de los romanos que mataron al único que transformaba el agua en vino leí por ahí, a la pasada en un vehículo pintado en su puerta. Por esto que siempre es bueno tener una reserva. Y si se acaba, como la guerra del figurín aquél que se marchó con el rabo entre las piernas, que nos pillen confesados. Que yo no soporto un año más encerrado, y ud?

 

 

                                                                                                                 Santiago, Marzo 2022

Limites

 


mi pueblo

limita al norte con bolivia y paraguay

al este con brasil, el océano atlántico y uruguay

al oeste con chile

y luisa

se pudre en una celda de dos metros por uno


x


¿será posible el sur?

¿será posible

 tanta bala perdida al corazón del

pueblo/ tanta madre metida en la palabra loca

 y toda la memoria en una cárcel?


¿será posible el sur?

¿será posible

 tanto invierno caído sobre el último

rostro de mi hermano/ tanto salario escaso riendo

con descaro en el plato vacío y el verdugo

 esperando?


mi territorio de una vez gira en la oscuridad de

 esa pregunta

 ¿será posible el sur?

si se viese en un espejo

 ¿se reconocería?


JORGE ALEJANDRO BOCCANERA (Bahía Blanca, 1952)

III

                                                           

                                                               III


Que canten sin corazón los que tienen que mentir
Cada cosa para cada cual y las patillas largas por favor
Tu, yo y los mismos de siempre anclamos todos en el mismo puerto
y siempre navegamos sin perderlo de vista
La terminación redonda o cuadrada? Tengo los bolsillos con arena de la playa
luego de revolcarnos un par de vinos y yo
Que canten de pie en medio de la calle
cada cosa para cada cual
Tú ríes, yo lloro, ella grita y algunos aúllan  
Quién divide las vidas, quién las reparte?
Ya es de noche conchemimare y no he pelado una papa
No! El bigote no lo toque
Que canten mirando a los ojos
Yo me mojo el poto y los pies en el mar
Cada ángel con su misión
Yo escribo en los buses y bares de vinos baratos
Y a veces con la peluquera, que otra vez no me di cuenta

Y de nuevo me dejó la cagada.


De Fonemas apenas perceptibles, santiago 2016

Bitácora.

"Andate a la chucha viejo culiao" así le dijo, mostrándole además  el dedo medio de ambas manos. Un estudiante promedio de tercero medio, un chico piola, quitao de bulla. era hasta medio callado me dice su profe jefe. No me sorprende. Hoy fui atropellado en el centro por tres coches con guaguas, una a la subida del metro dejándome un rasguño no menor en mi tobillo derecho.  Debieran exigirle licencia a estas mujeres estresadas, histéricas diría yo.
No son sólo ellos, somos todos y ud me entiende. La cercanía del fin de año, las putas elecciones, la pega que a veces corre  y a veces no, esa que se queda haciéndote burla mientras se van tus compañeros en el  bus.
Quiero que termine luego este año, quiero que se vaya a dormir junto a los otros que se fueron tan de prisa.
Mañana es jueves. Necesito respirar un poco de costa, me hace falta.

Bitácora del jueves

Este escritor, muy buen amigo mío alguna vez, quería ser quiltro, o sea, del mismísimo pueblo, del chile profundo se dice a veces no? Pero el problema que tenía era esa incapacidad de darse cuenta que poseía otra raza, otro estatus que por muy maldititario fuera para él, era imposible sacárselo de la médula de sus estéticos huesos y párrafos irónicos.
Ahora es medio famosillo. Creo que se olvidó de ese afán ridículo por pertenecer a una casta de gente que no era la suya.  Es como eso de la sangre azul o la clase no? Se nace con ella. He conocido rotos con plata que sufren las penas del infierno por poder "ser" pero que nunca lo han logrado, pese a todos los cheques depositados en lugares estratégicos. Yo soy del pueblo poh, nací ahí y crecí así, entonces no me puedes anexar como para ser parte de un reconocimiento tuyo de que eras de.  No, no se puede ser lo que uno no es.

Un valde con mar y estrellas


Como cuando éramos niños, recuerdas?



Bitácora de un martes nublado

Le dije a alejandra que me haría un video promocional, que era una necesidad urgente. No es fácil ser parte de este sistema corrupto que nos manipula. No tengo esas redes de "amigos" necesarios que me saquen de esta situación desastrosa. Ya me conseguí una cámara y la propia aleja las hará de videista aficionada. Me preguntó que paraje sería adecuado para hacerlo. No había pensado en ello. El detalle no es menor. La casa que habito no es mi casa, de hecho no tengo casa, por tanto hacerlo acá sería una mala imagen no? Una visión falsa del tipo que realmente soy. Cuesta ser real y verdadero. Nos sobran las excusas, los miedos, los olvidos. Ya pronto empezarán las grabaciones, serán en un lugar neutral para que nadie se enoje.
Fernando se fue al sur y nunca más volvió. Satanizó a la pareja de su madre y le predijo una muerte próxima. El feña sabe de esas cosas, yo le creo. No se puede ir por la vida siendo incrédulo de todo y todos. Nunca me devolvió ese polerón que me compré con los últimos pesos de un finiquito a modo de fetiche de la suerte, quizá por eso me está yendo como las huevas últimamente.

Bitácora del Lunes.

La vida amenaza. Se presenta tan esplendorosa y terrible, tan frágil y fuerte  a la vez. La vida al otro lado de la puerta, la vida mostrándose a través de la ventana con ese soplo avasallador, impúdico y misterioso. La vida amenaza.
Así me siento, amenazado. Por quién amaste con corazón y tripas, amenazado por esta extraña tós que lacera mi pecho y mi seguridad y por este dolor de cabeza interminable que me lleva a límites desesperados. El mundo amenaza allá afuera. Dónde encontraré un refugio? Ya no hay casa ni lugar en donde descansar mis huesos. Todos los cariños están dispersos, lejanos y mudos. No hay cosa peor que la indiferencia y el olvido. Pido cualquier cosa menos eso.
Escribo esto porque sospecho un final abrupto, un corte total que se llevará mi precaria historia. Por eso es la urgencia. La maldita urgencia de prevalecer en algo, en un par de garabatos escritos en este túnel húmedo y con los pies mojados.
Lo estuve intentando un tiempo, tenía la magia de mi lado, misma que se marchó hace rato ya. Estuve dando vueltas por ahí. Pasé de ser un sujeto anónimo a uno más del séquito cuasi famoso. Pero sólo llegué hasta ahí. No sé qué pasó. Me fui en cierta forma, abandoné la adulación. Eso de quererse tanto me descompensa. Yo buscaba otra cosa, un plan de ataque, una conclusión, un estudio, una ayuda básica. Pero nos amábamos demasiado y el amor perdona todo no? Tanto amor aburre a la larga. Hay que odiar y segregar veneno de vez en cuando.
Hace tiempo decidí parar. Me voy. No sé bien a donde, pero estoy convencido que debo parar. Muero aquí, lo sé y lo siento, y estoy muy viejo para tanta huevada. Un hombre tiene ciertos límites. Existe esa mínima dignidad que te hace levantar la mirada y decir no más.
No sé qué tan mal tipo he sido y supongo que muchos me reputearan por ahí. Si algo he sido es ser leal con los míos. Nadie puede decir lo contrario.
Si la muerte viene a visitarme cualquier día de estos le sonreiré con una copa en la mano y en la otra un cigarrillo.
Sepan uds que amé y odié con delirio y eso fue suficiente. Tengo libre la conciencia de sentimientos falsos.

Y ahora que ya casi se acaba el año, otro más por la puta madre. Ahora que ese médico de mierda dice que tengo depresión cuando la verdad me he sentido así toda mi existencia. Ignorante de la realidad, eso es este doc. Ahora que todas esas busquillas de medias caladas se fueron a sus casas dejando la plaza vacía. Ahora que no hay una copa de vino sino dos, ahora respiro.
Dime entonces cuál era la idea de entusiasmarse con tanta palabrería motivante si a fin de cuentas no queda nada en papel, escrito digo, que de eso estoy hablando. Estuvimos jugando todo este tiempo? Las putas suelen se más honestas que todos tus dichos estimado amigo. Y para ser francos estoy decepcionado. Tengo una rabia que late por todo este tiempo perdido. Tenía la ilusión sabes? Pero la quemaste junto con todos esos putos proyectos que nunca llegaron a puerto. Una cosa es saber como es el enemigo y otra muy distinta comprender que siempre esuvo como una serpiente venenosa a tu lado y no lo conocías.
Hace semanas espero una respuesta que por lo visto paeciera que ya no merezco. Existe una cosa llamada dignidad sabes y pese a todo la tengo intacta aún. Qué queda ahora que las cruzadas quijotescas terminaron y que se nublaron por esa egolatría bestial que te invade? Qué cosas eran ciertas y cuales burdas promesas? Todo esto me deja el darme cuenta justo ahora que nunca nada fue o pasó.
Ahora sólo resta acabar aquí amigo. Se termina el ciclo que nunca empezó, que parecía que si, pero que siempre se postergó. Ya no más. Esta es mi despedida.

Monólogo económico



El interés de la tasa me persigue. Especialmente cuando la taza y/o tasa se hace añicos en mis narices o me hace pedazos la existencia. Y no es que no quiera sostenerlas o sobrellevarlas. Es sólo la tendinitis brutal de mis dedos y lo crónico y terminal de mi estado global financiero-espiritual. Y qué es esto te preguntaras extrañado. ¿Acaso el estúpido al fin terminó de volverse loco?. No, nada de eso ocurre, al menos eso pienso. Estoy en medio del tránsito y no sé dónde coño ir. No es una pérdida de identidad, ni tampoco frustración por la mierda actual que sucede y publicita la radio, prensa y televisión. Cierto que ya nadie ve esas huevadas, ahora todos están conectados con la wifi metida en el coco haciendo que las neuronas hagan zamba y canuta. No, no es la mirada, es más bien el producto de la desvalorización de la palabra., el desbarranco sostenido del pensamiento y que nadie parece ponerle atajo. Una suerte de dramática neoliberación de la mente que reacciona a tontas y locas ante la paupérrima realidad. La verdad última del ocaso estructural de mi espalda atormentada y del crédito cerrado por dicom. ¿Y di-como voy a hacer para pagar mi deuda externa que llega galopante en unos avisos inquietantes vía teléfono o  siniestros emails? Conchas de su madre... Tengo que hacer algo. Escribirle a la presi y decirle que en realidaad si hay gente en este país de mierda que se está cayendo a pedazos, no en el tono sarcástico que lo dijo el poderoso andrónico, pero si con la urgencia de pensar que chucha hago para comprar puchos hoy! Que parar la olla no me importa mucho en realidad. Tenga presente ud que sin puchos la realidad si que se hace extremadamente insostenible.

N.A.N.I.

A-dioses sin rastro, lugares mínimos que se niegan al olvido, cumpleaños feliz del recuerdo
el segundo día de noviembre y una copa al viento furibundo del sur
Tengo tiempo me dice desde su cara ojerosa sentada en la plaza del martes
yo a ti te conozco la oigo suspirar en una foto del ochenta y cuatro, pero yo ya no estoy
Voy por una calle que no llega a ningún lugar conocido, autores anónimos de calles anónimas
¡Dónde cresta dejé los recuerdos!  Y las horas plácidas bajo el sauce faltante desde que me fui.
Tengo la sospecha cierta de una ausencia no detectada
los fantasmas extraviados, los muertos que no están muertos, las tumbas que no son tumbas
los putos recuerdos olvidados merodeando incansables entre la piel y la carne
Ayer te vi sentada en la plaza y tu ya no eras tu.

Bitácora del viernes.


La Marixu anda extraña. Sé que trama algo. Pocas veces se muestra tan atenta y como que se delata cierta urgencia en todos sus actos. Ella y sus 35 a cuestas y esa mirada que magnetiza. El problema que tiene y se lo he dicho, es que es demasiado honesta. La honestidad, virtud apreciada y en decadencia, es en ciertos casos desastrosa y la ella no tiene el tacto suficiente como para evitarlo. No se trata de mentir que cansados estamos de aquello, más bien se trata de omitir, que así pareciera que el desastre no existiera y descansa a la vez nuestra conciencia. En fin, siempre está con esa mirada desafiante y le he dicho que con esa actitud por lo general ahuyenta hasta el más lobo de los pretendientes. El otro problema que tiene es la agresividad de sus acercamientos. Bueno, hoy en día algo relativamente común, con esto de la nueva emancipación de las féminas como que los roles están indefinidos. Entonces es que sucede, que actúa el deseo y la Marixu arremete sin pudores limitantes. Me explica que no tiene tiempo, léase edad como para preocuparse de esas pequeñeces arcaicas y es así como arrincona a su presa y traspasa primero la línea de defensa. Obviamente que para hombres de cuarenta para arriba criados en el yugo machista del matriarcado chileno esta situación los descoloca absolutamente, pese a esto ella de alguna forma logra su objetivo, aunque casi siempre son relaciones fugaces dado el peligro inminente que conlleva una pretensión de este tipo Las presas a la larga siempre escapan de la urgencia que la delata. La semana pasada la invité al cine, en cartelera estaba una de esas comedias románticas que la hacen reír y olvidarse del presente según ella. No habló ni media palabra después de salir, a lo sumo que la dejara en el autobús que le servía. Se despidió con un beso en la mejilla y se fue. Entonces repasé el tiempo de conocerla. Hemos pasado de todo juntos, desastres amorosos, soledades acompañadas con una botella de vino, venganzas y sobre todo derrotas, porque la nuestra siempre será una relación de derrotas, de no reconocer al otro como posible pareja porque sencillamente no puede ser. Mala idea pretender dormir juntos le dije una vez, mala idea imaginar cosas y escribir versos malos bajo la influencia de un par de copas, mala idea recorrer esos tugurios desastrosos de la mano y bailando lentos a la antigua, que eso ya no está de moda. Presumo entonces que se cansó, que la angustia es más grande, o la soledad, o la depresión o la noche inmensa quizá... Y aquí estoy, con media botella de vino de menos y ella que hace una semana no da señales de vida y me pregunto, lo hago algo ebrio quizá, que también es válido porque te hace ser más sincero que nunca, me pregunto terminando la segunda, que ya se acabó por la mierda, me pregunto buscando un cigarro entre paquetes arrugados en el suelo y mirando mi reflejo en el vidrio de la ventana, me pregunto y no hay respuesta.
El tiempo nunca es como queremos, las horas adquieren esa duración impensada dependiendo de las circunstancias. A veces las horas son interminables y desesperadas, imposibles de soportar, y otras se escapan furibundas e instantáneas por un destino impensado.
 A veces sólo escucho el gotear interminable de la llave que me dijo reparara y que no hice. A veces no quedan más que siluetas fantasmales bailando y riendo a mí alrededor. Supongo que no estoy alegre, aunque triste tampoco estoy. Pussycat se fue a la salida del sol con destino desconocido, dejó su cepillo de dientes, unas medias rosadas y una argolla de plata que encontré esta mañana debajo de un sillón. El café humeante que sirve Javier en el lugar de siempre, no huele igual y los cigarrillos sin filtro son más fuertes que nunca. Al leer el periódico ya nadie me interrumpe para preguntar por el horóscopo del día, ni para criticarme por fruncir demasiado el ceño. Ya no tengo que atorarme con las tostadas por apurarme en ir a dejarla al trabajo, ni limpiarme el lápiz labial que dejaba en mi mejilla al despedirse. No tengo que romperme la cabeza pensando en la marca de leche descremada que me encargó le comprara. No tengo que comprar entradas para el teatro del Viernes, ni reservar mesa para dos en la cena acostumbrada de fin de mes.
 A veces me sorprendo reservando su revista quincenal en el kiosco de la esquina o comprando una pizza para dos a la hora del té.
No he cambiado las flores marchitas que dejó en el jarrón de la mesa, ni he borrado el beso que estampó en el espejo al marcharse.
Pussycat se marchó hace tanto tiempo ya, pero no se siente el abandono,
ella aún sigue aquí.


Memoria de un instante

_ ¿Dónde están los cigarros?
_ En el refrigerador respondo. 
A quién se le ocurre guardarlos ahí rezonga arrastrando los pies con sus chalas desabrochadas, luego de cogerlos se tumba en el sofá regalo de su difunto tío y enciende uno mirando la televisión.
             Que a quién se le ocurre… Ella tiene esa manía de culparme de sus ideas descabelladas. Lleva meses así, pensando en nada y exigiéndolo todo. ¿A qué se puede culpar? La dieta pienso, la menopausia, la luna llena, el tiempo infame que no quiere arreglarse y la televisión de mierda sin ningún programa interesante de ver.
              Y los días transcurren largos, turbios de lluvia y de arrebatos hirientes, sádicos en su creación. Última vez que te permito esto dice retirando su mano de mi sexo flácido e inapetente. Estas cosas pasan a menudo pienso, es más común de lo que uno cree. No es un crimen no tener ganas. El crimen fue haberlas tenido con tanta pasión y locura que agotamos el amor de un viaje, como tomándonos un corto de tequila sin sal ni limón.
               La lluvia persistente, las calles vacías, los vidrios empañados y el café en la mesa de la cocina.
                Concuerdo contigo que ya no nos amamos, que la chispa se apagó, que no existe nada ni nadie que reviva la magia muerta de nuestras vidas.
                Odio los domingos dice encendiendo otro cigarrillo y apagando el televisor. Los brazos desnudos, el pelo suelto, crespo y largo luce alborotado. Sus dedos largos de uñas sin pintar semejan mariposas anidando la braza y el humo que escapa raudo al cielo desde su boca dibuja estrellas en el techo opaco. Nunca supo cuánto la amé ni creo que lo adivine ahora.
                 Afuera, bajo el techo del vecino, un gato se lame protegido de la lluvia. Eso también era mi culpa me dijo una vez, si hubiéramos operado al gato este no se habría ido y no hubiera muerto bajo las ruedas de la camioneta del dueño de la farmacia, que pensándolo bien, estuvo disculpándose demasiado tiempo para mi gusto. Especialmente con ella que era la más afectada desde luego.

                 Decisiones, ¿quién debe tomarlas? Vamos a la deriva dando tumbos, con el corazón seco y curado de espanto, sin sorpresa que nos depierte o ilusión que nos rescate. Y la lluvia allá afuera que también no para de caer.