Bitácora del Lunes.

La vida amenaza. Se presenta tan esplendorosa y terrible, tan frágil y fuerte  a la vez. La vida al otro lado de la puerta, la vida mostrándose a través de la ventana con ese soplo avasallador, impúdico y misterioso. La vida amenaza.
Así me siento, amenazado. Por quién amaste con corazón y tripas, amenazado por esta extraña tós que lacera mi pecho y mi seguridad y por este dolor de cabeza interminable que me lleva a límites desesperados. El mundo amenaza allá afuera. Dónde encontraré un refugio? Ya no hay casa ni lugar en donde descansar mis huesos. Todos los cariños están dispersos, lejanos y mudos. No hay cosa peor que la indiferencia y el olvido. Pido cualquier cosa menos eso.
Escribo esto porque sospecho un final abrupto, un corte total que se llevará mi precaria historia. Por eso es la urgencia. La maldita urgencia de prevalecer en algo, en un par de garabatos escritos en este túnel húmedo y con los pies mojados.
Lo estuve intentando un tiempo, tenía la magia de mi lado, misma que se marchó hace rato ya. Estuve dando vueltas por ahí. Pasé de ser un sujeto anónimo a uno más del séquito cuasi famoso. Pero sólo llegué hasta ahí. No sé qué pasó. Me fui en cierta forma, abandoné la adulación. Eso de quererse tanto me descompensa. Yo buscaba otra cosa, un plan de ataque, una conclusión, un estudio, una ayuda básica. Pero nos amábamos demasiado y el amor perdona todo no? Tanto amor aburre a la larga. Hay que odiar y segregar veneno de vez en cuando.
Hace tiempo decidí parar. Me voy. No sé bien a donde, pero estoy convencido que debo parar. Muero aquí, lo sé y lo siento, y estoy muy viejo para tanta huevada. Un hombre tiene ciertos límites. Existe esa mínima dignidad que te hace levantar la mirada y decir no más.
No sé qué tan mal tipo he sido y supongo que muchos me reputearan por ahí. Si algo he sido es ser leal con los míos. Nadie puede decir lo contrario.
Si la muerte viene a visitarme cualquier día de estos le sonreiré con una copa en la mano y en la otra un cigarrillo.
Sepan uds que amé y odié con delirio y eso fue suficiente. Tengo libre la conciencia de sentimientos falsos.

Y ahora que ya casi se acaba el año, otro más por la puta madre. Ahora que ese médico de mierda dice que tengo depresión cuando la verdad me he sentido así toda mi existencia. Ignorante de la realidad, eso es este doc. Ahora que todas esas busquillas de medias caladas se fueron a sus casas dejando la plaza vacía. Ahora que no hay una copa de vino sino dos, ahora respiro.
Dime entonces cuál era la idea de entusiasmarse con tanta palabrería motivante si a fin de cuentas no queda nada en papel, escrito digo, que de eso estoy hablando. Estuvimos jugando todo este tiempo? Las putas suelen se más honestas que todos tus dichos estimado amigo. Y para ser francos estoy decepcionado. Tengo una rabia que late por todo este tiempo perdido. Tenía la ilusión sabes? Pero la quemaste junto con todos esos putos proyectos que nunca llegaron a puerto. Una cosa es saber como es el enemigo y otra muy distinta comprender que siempre esuvo como una serpiente venenosa a tu lado y no lo conocías.
Hace semanas espero una respuesta que por lo visto paeciera que ya no merezco. Existe una cosa llamada dignidad sabes y pese a todo la tengo intacta aún. Qué queda ahora que las cruzadas quijotescas terminaron y que se nublaron por esa egolatría bestial que te invade? Qué cosas eran ciertas y cuales burdas promesas? Todo esto me deja el darme cuenta justo ahora que nunca nada fue o pasó.
Ahora sólo resta acabar aquí amigo. Se termina el ciclo que nunca empezó, que parecía que si, pero que siempre se postergó. Ya no más. Esta es mi despedida.

Monólogo económico



El interés de la tasa me persigue. Especialmente cuando la taza y/o tasa se hace añicos en mis narices o me hace pedazos la existencia. Y no es que no quiera sostenerlas o sobrellevarlas. Es sólo la tendinitis brutal de mis dedos y lo crónico y terminal de mi estado global financiero-espiritual. Y qué es esto te preguntaras extrañado. ¿Acaso el estúpido al fin terminó de volverse loco?. No, nada de eso ocurre, al menos eso pienso. Estoy en medio del tránsito y no sé dónde coño ir. No es una pérdida de identidad, ni tampoco frustración por la mierda actual que sucede y publicita la radio, prensa y televisión. Cierto que ya nadie ve esas huevadas, ahora todos están conectados con la wifi metida en el coco haciendo que las neuronas hagan zamba y canuta. No, no es la mirada, es más bien el producto de la desvalorización de la palabra., el desbarranco sostenido del pensamiento y que nadie parece ponerle atajo. Una suerte de dramática neoliberación de la mente que reacciona a tontas y locas ante la paupérrima realidad. La verdad última del ocaso estructural de mi espalda atormentada y del crédito cerrado por dicom. ¿Y di-como voy a hacer para pagar mi deuda externa que llega galopante en unos avisos inquietantes vía teléfono o  siniestros emails? Conchas de su madre... Tengo que hacer algo. Escribirle a la presi y decirle que en realidaad si hay gente en este país de mierda que se está cayendo a pedazos, no en el tono sarcástico que lo dijo el poderoso andrónico, pero si con la urgencia de pensar que chucha hago para comprar puchos hoy! Que parar la olla no me importa mucho en realidad. Tenga presente ud que sin puchos la realidad si que se hace extremadamente insostenible.

N.A.N.I.

A-dioses sin rastro, lugares mínimos que se niegan al olvido, cumpleaños feliz del recuerdo
el segundo día de noviembre y una copa al viento furibundo del sur
Tengo tiempo me dice desde su cara ojerosa sentada en la plaza del martes
yo a ti te conozco la oigo suspirar en una foto del ochenta y cuatro, pero yo ya no estoy
Voy por una calle que no llega a ningún lugar conocido, autores anónimos de calles anónimas
¡Dónde cresta dejé los recuerdos!  Y las horas plácidas bajo el sauce faltante desde que me fui.
Tengo la sospecha cierta de una ausencia no detectada
los fantasmas extraviados, los muertos que no están muertos, las tumbas que no son tumbas
los putos recuerdos olvidados merodeando incansables entre la piel y la carne
Ayer te vi sentada en la plaza y tu ya no eras tu.

Bitácora del viernes.


La Marixu anda extraña. Sé que trama algo. Pocas veces se muestra tan atenta y como que se delata cierta urgencia en todos sus actos. Ella y sus 35 a cuestas y esa mirada que magnetiza. El problema que tiene y se lo he dicho, es que es demasiado honesta. La honestidad, virtud apreciada y en decadencia, es en ciertos casos desastrosa y la ella no tiene el tacto suficiente como para evitarlo. No se trata de mentir que cansados estamos de aquello, más bien se trata de omitir, que así pareciera que el desastre no existiera y descansa a la vez nuestra conciencia. En fin, siempre está con esa mirada desafiante y le he dicho que con esa actitud por lo general ahuyenta hasta el más lobo de los pretendientes. El otro problema que tiene es la agresividad de sus acercamientos. Bueno, hoy en día algo relativamente común, con esto de la nueva emancipación de las féminas como que los roles están indefinidos. Entonces es que sucede, que actúa el deseo y la Marixu arremete sin pudores limitantes. Me explica que no tiene tiempo, léase edad como para preocuparse de esas pequeñeces arcaicas y es así como arrincona a su presa y traspasa primero la línea de defensa. Obviamente que para hombres de cuarenta para arriba criados en el yugo machista del matriarcado chileno esta situación los descoloca absolutamente, pese a esto ella de alguna forma logra su objetivo, aunque casi siempre son relaciones fugaces dado el peligro inminente que conlleva una pretensión de este tipo Las presas a la larga siempre escapan de la urgencia que la delata. La semana pasada la invité al cine, en cartelera estaba una de esas comedias románticas que la hacen reír y olvidarse del presente según ella. No habló ni media palabra después de salir, a lo sumo que la dejara en el autobús que le servía. Se despidió con un beso en la mejilla y se fue. Entonces repasé el tiempo de conocerla. Hemos pasado de todo juntos, desastres amorosos, soledades acompañadas con una botella de vino, venganzas y sobre todo derrotas, porque la nuestra siempre será una relación de derrotas, de no reconocer al otro como posible pareja porque sencillamente no puede ser. Mala idea pretender dormir juntos le dije una vez, mala idea imaginar cosas y escribir versos malos bajo la influencia de un par de copas, mala idea recorrer esos tugurios desastrosos de la mano y bailando lentos a la antigua, que eso ya no está de moda. Presumo entonces que se cansó, que la angustia es más grande, o la soledad, o la depresión o la noche inmensa quizá... Y aquí estoy, con media botella de vino de menos y ella que hace una semana no da señales de vida y me pregunto, lo hago algo ebrio quizá, que también es válido porque te hace ser más sincero que nunca, me pregunto terminando la segunda, que ya se acabó por la mierda, me pregunto buscando un cigarro entre paquetes arrugados en el suelo y mirando mi reflejo en el vidrio de la ventana, me pregunto y no hay respuesta.
El tiempo nunca es como queremos, las horas adquieren esa duración impensada dependiendo de las circunstancias. A veces las horas son interminables y desesperadas, imposibles de soportar, y otras se escapan furibundas e instantáneas por un destino impensado.
 A veces sólo escucho el gotear interminable de la llave que me dijo reparara y que no hice. A veces no quedan más que siluetas fantasmales bailando y riendo a mí alrededor. Supongo que no estoy alegre, aunque triste tampoco estoy. Pussycat se fue a la salida del sol con destino desconocido, dejó su cepillo de dientes, unas medias rosadas y una argolla de plata que encontré esta mañana debajo de un sillón. El café humeante que sirve Javier en el lugar de siempre, no huele igual y los cigarrillos sin filtro son más fuertes que nunca. Al leer el periódico ya nadie me interrumpe para preguntar por el horóscopo del día, ni para criticarme por fruncir demasiado el ceño. Ya no tengo que atorarme con las tostadas por apurarme en ir a dejarla al trabajo, ni limpiarme el lápiz labial que dejaba en mi mejilla al despedirse. No tengo que romperme la cabeza pensando en la marca de leche descremada que me encargó le comprara. No tengo que comprar entradas para el teatro del Viernes, ni reservar mesa para dos en la cena acostumbrada de fin de mes.
 A veces me sorprendo reservando su revista quincenal en el kiosco de la esquina o comprando una pizza para dos a la hora del té.
No he cambiado las flores marchitas que dejó en el jarrón de la mesa, ni he borrado el beso que estampó en el espejo al marcharse.
Pussycat se marchó hace tanto tiempo ya, pero no se siente el abandono,
ella aún sigue aquí.


Memoria de un instante

_ ¿Dónde están los cigarros?
_ En el refrigerador respondo. 
A quién se le ocurre guardarlos ahí rezonga arrastrando los pies con sus chalas desabrochadas, luego de cogerlos se tumba en el sofá regalo de su difunto tío y enciende uno mirando la televisión.
             Que a quién se le ocurre… Ella tiene esa manía de culparme de sus ideas descabelladas. Lleva meses así, pensando en nada y exigiéndolo todo. ¿A qué se puede culpar? La dieta pienso, la menopausia, la luna llena, el tiempo infame que no quiere arreglarse y la televisión de mierda sin ningún programa interesante de ver.
              Y los días transcurren largos, turbios de lluvia y de arrebatos hirientes, sádicos en su creación. Última vez que te permito esto dice retirando su mano de mi sexo flácido e inapetente. Estas cosas pasan a menudo pienso, es más común de lo que uno cree. No es un crimen no tener ganas. El crimen fue haberlas tenido con tanta pasión y locura que agotamos el amor de un viaje, como tomándonos un corto de tequila sin sal ni limón.
               La lluvia persistente, las calles vacías, los vidrios empañados y el café en la mesa de la cocina.
                Concuerdo contigo que ya no nos amamos, que la chispa se apagó, que no existe nada ni nadie que reviva la magia muerta de nuestras vidas.
                Odio los domingos dice encendiendo otro cigarrillo y apagando el televisor. Los brazos desnudos, el pelo suelto, crespo y largo luce alborotado. Sus dedos largos de uñas sin pintar semejan mariposas anidando la braza y el humo que escapa raudo al cielo desde su boca dibuja estrellas en el techo opaco. Nunca supo cuánto la amé ni creo que lo adivine ahora.
                 Afuera, bajo el techo del vecino, un gato se lame protegido de la lluvia. Eso también era mi culpa me dijo una vez, si hubiéramos operado al gato este no se habría ido y no hubiera muerto bajo las ruedas de la camioneta del dueño de la farmacia, que pensándolo bien, estuvo disculpándose demasiado tiempo para mi gusto. Especialmente con ella que era la más afectada desde luego.

                 Decisiones, ¿quién debe tomarlas? Vamos a la deriva dando tumbos, con el corazón seco y curado de espanto, sin sorpresa que nos depierte o ilusión que nos rescate. Y la lluvia allá afuera que también no para de caer.
La cosa es simple, ud sonríe y habla mientras yo trato de mantener la seriedad. Es que la posición, ud me entiende. No se encuentran de este tipo por aquí, bueno, en realidad no hay y por eso la "expectación" Hace rato no sucedía y se agradece que el cielo gris luzca bello está tarde.

Egozoom

De esta manera, así como se oye
famélico y sin mucha gracia por decir algo
con la brisa quemando en las junturas de la cara
y la risa oliendo a café, tabaco y moras frescas
desposeído diría yo
y con la sed merodeando en las entrañas
Así como lo ve
empujando las palabras de adentro y de afuera
para clarificar un poco el asunto
porque no es transparente, ud me entiende
con cierta limitación básica y que lo diga yo no es extraño
es más bien realista
y con la rabia aún íntegra, pero serena
para que no practique tanta prédica miserable
que todo lo que brilla no es oro y eso ya lo sabemos
ud, yo, y ellos por supuesto
Así de esta forma, a la antigua para que me comprenda
aún de pie en el mismo camino
como un monolito insólito aferrado a la esperanza
increíble es que aún la posea
Y con las ganas bien dispuestas
a todo o nada que ya no queremos más mediocridades
porque somos muchos aunque no lo parezca
garabateando versos en papel de diario y servilletas
ni libres de polvos ni de pajas, Dios mediante ahora y después también
crédulo aún, sumiso a la amargura
con la docilidad cierta previa a la tormenta
con los segundos discontinuos purgando por quedarse
borracho de utopías insistentes, periódicas, maldicientes
y lleno de pecados formales para que me condenen de una vez por todas
que es más piadosa la certeza del fracaso
que la ilusión indefinida
revolcado en el merengue de este tango eterno
con un ojo arriba y otro abajo
para que no me sorprenda la muerte pajareando
y con la bala pasada por si las moscas
para redituar gestas heroicas prohibidas
añoradas con susurros en mitines nostálgicos
con el cigarro prendido y la ceniza en el mantel matando la tarde
por decir otra cosa
y con la mirada franca que no tengo otra
despreciando a los verdugos
porque así esta la cosa
a tu desprecio el mío propio
diente por diente y alma por alma
para acabar con el jueguito este que a nadie ya entusiasma
y que ud también juega, pero que lo ahoga en el fondo
lo pudre por dentro por decir otra palabra
Adhiriendo al acto inconcluso de una que se inmoló en el ring de cuatro perillas
obrero en el rearme de la memoria ignota
y de la conciencia desmembrada
Así como lo ve
desapercibido a la vuelta de la esquina
para que tome precauciones y me vea
antes que la magia desaparezca.




El míster del bastón.

El hastío de la tarde y el decreto alcaldicio número tres, letras c y d me arruinaron
literalmente. Uno que cantaba los versos histéricos de la poesucia, que así la llamaba por su afán inquebrantable de meterse la realidad por las narices y el culo, una perra decía él, amable con sus noches ardientes, pero perra al fin. Ese que camina despacio por la vereda sur de la magnífica ciudad y que se para en el 649 de san diego a dejarle rozas secas a la conserje. Un bastardo mentiroso y lascivo, ese me arruinó. Tenía el proyecto ideal, una constelación de improntas y actos de ocupación, que así lo llamaba. Subirse a la micro decía, y no pagar desde luego,  robarse el café del pronto copec y vender collares en el bellavista mientras mataba porros y una cepa de cartoné, que con melón queda exquisito mascullaba mientras tosía ahogado por un punto rojo.
Arruinado por los sueños, castillos en el aire sin llaves de entrada. Se puede apelar insistía hasta el último, pagar la multa, mamarse unos días en la cana de recoleta o aprecue rumbo a mendoza, que las deudas no llegan hasta allá según él. Nada confiable por cierto, el huevón nació chicharra y ya tiene un séquito lujurioso de adherentes. Sus aprendices me cuenta mientras se toma la segunda escudo que invité, de paso me trae unas páginas sueltas de versos que planea plasmar en una flamante libro. Leo garabatos inconexos, bruma que huele a vino de tercera, a sobajeo mañanero y porros de la prensada. Tengo los bolsillos pelados le confieso, mis últimos pesos se fueron por su garganta reseca. No dice nada, se aprieta los cordones que siempre vuelan desatados. En el fondo me rio, la plata no volverá y el maldito proyecto naufragó en el dique seco. 
Santiago a esta hora huele a mierda.

Bitácora de viernes.

            Estaba sentado en el centro cerca de un semáforo a esa hora en que todas las cosas se suceden sin pausa. Me sentía agotado, mirando y no mirando y pensando en lo tarde que era y los encargos que me hizo y si alcanzaría hacerlos todos.  Fue entonces que los vi venir. Ella caminaba rápido, llevaba unas sandalias negras y un vestido en tono pastel, liviano, que la hacían lucir más joven y fresca. Él caminaba más lento, como desganado. Hacía calor y llevaba sombrero y gafas para protegerse del sol y una botella de agua a medio vaciar en su mano derecha. Parecían una pareja de jubilados aprovechando el día festivo para tomar fotos y recorrer por ahí, cosas de jubilados pensé. Entonces él se retrasó o quizá ella caminaba muy rápido y se hacía imposible llevarle el ritmo o sólo era el cansancio, el caso es que quedó en medio de la calle y lo sorprendió la luz roja. Ya sabemos como es el tránsito por acá. Un par de frenazos, unos garabatos y él que termina de cruzar. Ella enfrente golpea el suelo con su pie y comienza a regañarle, que acaso quería al fin dejarla viuda?, que se apure, que porque se queda atrás y algo más que no escuché por el tráfico bullente a esa hora. Luego de esto sigue presurosa adelante sin volver la vista. Él la sigue por algunos metros mirándose los zapatos, se detiene y saca un pañuelo con el que se seca el sudor de la frente, vuelve la vista atrás al camino andado, se rasca la cabeza y piensa y duda, porque sé que lo asalta esa duda inquietante que siempre ronda a todo hombre, pero toma un sorbo de agua, guarda el pañuelo y prosigue el camino diez metros tras de ella.

Bitácora del martes.

   Mi gato Dámaso está perdido. Lleva cinco días sin volver y ya me estoy  temiendo  lo peor.  Beatriz me dice que lo vio a un par de cuadras de la casa, estaba sobre un techo y no dio muestra alguna de reconocerla cuando lo llamó. Dice que se estiró cuan largo era y se adormeció bajo el tibio sol de este otoño. Gato indiferente y cabrón. Beatriz opina que la calentura del gato lo va a matar. En cierta forma tiene razón, a la larga la pasión es destructiva, pero yo creo que habla así porque en el fondo aborrece al gato y lo que representa. Yo lo sé. La personalidad de Dámaso es arisca, casi salvaje. No permite que nadie le haga cariño excepto yo, y el tener este privilegio me reconforta, me da cierto estatus dentro del hogar y sobre las otras mascotas. Cosa que a Beatriz molesta sobremanera.

Pero el problema de Dámaso es su calentura, aunque yo prefiero llamarlo apasionamiento desbordado y es muy probable que lo liquide. Nunca habíamos tenido un gato tan así, tan llevado a su idea,  rabioso con todos menos conmigo y cariñoso sólo cuando se le antojaba. Al principio lo habíamos llamado Javier porque se parecía un poco a un sobrino en la expresión de la cara, pero con su comportamiento desmedido se lo cambiamos en recuerdo de mi abuelo Dámaso, un busquilla de primera, hombre de entrada y salida, enamorado de la vida y todas las mujeres. Su última amante tenía veinticinco años cuando él ya pasaba los setenta. Era usual que se perdiera, más bien viajaba por negocios según sus palabras y se demoraba en regresar tanto como tardaba en gastarse  todo el dinero que llevaba. Pero volvía, siempre lo hacía. El apasionamiento pasa,  se calma el espíritu y la cordura vuelve a señorear sin contrapeso. El abuelo llegaba nervioso, humillado y hasta más flaco. Buscaba la mirada de la abuela y esta no decía nada. Nunca entendí tal resignación ganada por el paso de los años y la costumbre, como la cruz que te tocó y contra la cual no luchas. Me preguntaba entonces que misteriosa sabiduría había en esos largos silencios, en ese reproche dolido, lacerante, pero lleno de amor. Partía la abuela entonces a la cocina y le calentaba un poco de comida y todo poco a poco volvía a la normalidad hasta su próxima huida. Pero la abuela esperaba, sabía que tarde o temprano volvería, igual que yo, espiando por la ventana el regreso de mi gato.

Porno

      Voy a hacer un cuento porno.

Por-no esperar, por-no sucumbir, por-no olvidar, por-no sospechar, por-no perdonar, por-no comprender, por-no escuchar, por-no desistir, por no-rescatar, por-nosotros,  por-no olvidar...
Eso ya lo dije.

Ensayo público

           En el contexto de una conversación con mi hijo, le sugerí a modo de ejercicio que realizara las prácticas de la banda de blues que integra en un espacio público. La idea sería en principio intervenir un lugar determinado y realizar sus ensayos tal cual lo vienen haciendo en la privacidad de una de sus casas en donde se reunen. El objetivo buscado es desnudar el proceso de construcción de sus temas, la inventiva, los fracasos, la complementación de ideas, etc. Todas ellas facetas de un proceso productivo cultural que quedarían a la intemperie sin ningún pudor.
          Con lo anterior se pretende mostrar que la belleza,  el éxito o lo que o lo que subjetivamente se piense de ello, se consigue sólo tras la derrota en una y mil veces. Saber que en la construcción, desarme y reconstrucción de los procesos creativos, en la búsqueda última de resultados inciertos, se logra apreciar la belleza pura con todos sus ripios, pliegues, oscuridades y luces que pueden ser tanto o más cautivantes que el resultado perseguido.
          El problema que se nos presenta es el pudor a mostrarnos tan intimamente y los riesgos asociados. En un mundo como el de hoy realizar tal acto puede llegar a ser suicida.

Notas al márgen

Considerando los últimos acontecimientos, los que pasaron y continúan haciéndolo
Considerando las circunstancias, el calor agobiante y la poca plata o guita o como se le diga. Considerando que es muy poca y no alcanza para reservar para los gastos y no hablo de gastos reservados que  esa es otra circunstancia que acontece.
Considerando que al género humano lo han devaluado en demasía últimamente, por falta de amor propio digo yo, o amor al prójimo o amor al arte, que no es lo mismo que hacerlo gratis. Eso que te quede claro.
Considerando además, que no es la perversión de la palabra la que me enferma, más bien la ética pervertida, corrupta e inexistente incrustada en esta sociedad perversa. Tácticas y políticas  relegantes que arrasan y ahuyentan a los que no estamos inmersos en el sistema ese, si, el mismo que ud piensa.. "El plagio infeliz del edén"
Considerando que ya no les creo a sus frases profundas de voces graves y serias que no dicen nada de nada.
Considerando que cada hombre y mujer es todo un universo en sí mismo y que de superficiales apreciaciones tenemos bastante hoy en día.
Considerando que más de alguno se tomará en serio lo que concluyan esas comisiones de ética y que la verdad carezco absolutamente de sentido del humor como para seguir oyéndolas, en otras palabras,  que ya soy un amargado de mierda y me colapsaron.
Considerando que ya me cansaron con sus bravatas de siempre, promesas, plazos y demáses, que esto se acaba señores y para que me entienda: No quiero que siga.
 Considerando todo lo anterior y muchas otras cosas que acontecen habría que hacer algo estimo yo.
Tendríamos que salirnos de la periferia y plantarnos en el centro. Comenzar a meter ruido, así como una marea revitalizante comenzar de nuevo, reiniciarse.
Empezaría quemando el metro, la moneda y un par de ministerios (1)
Y quizá patear un par de cabezas para que se dejen de huevadas y robos.
Lo más probable es que me equivoque.Tal vez la respuesta sea no hacer nada, absolutamente nada. Fundar la latitud cero como me ofreció un poeta amigo alguna vez, (y pico pal que lee remataría!)
Que si no hay nada se acaba el rollo y que si se acaba todos cagamos y de esta manera es más democrática la debacle.
No hacer nada en comparación a hacer estupideces tiene sus ventajas.
nada de versos rimbombantes, ridículos y desabridos.
Nada de críticas ásperas, petulantes y narcisistas.
Nada de que ufanarse o burlarse
Cosa que la mierda decante y en un futuro próximo sirva de abono a las nuevas generaciones.
Hacerse un ermitaño digo yo, como para reencontrarse y tal vez entonces ser un poquito más productivo y novedoso. 
No hacer nada para que los arribistas de toda índole no tengan cabida, para que los perros no tengan árbol al cual arrimarse.
Habría que apagar la tele, la radio y no comprar el pasquín de turno dejando los cahuines a las viejas, que sólo a ellas pertenecen y de paso dejar de rendirle tributo a los miserables de siempre.
En definitiva, no hacer nada y ensimismarse en un mutismo absoluto o una especie de luto temporal, Bien carepalo,  seriecito para que no crean que estamos hueveando y nos encierren.
Nada de nada. Algo que nos hace falta últimamente.

(1) Metaforicamente hablando.
            La cama luce espeluznante. Cajas vacias de remedios, ropa, bolsas, cables, lápices... Afuera el sol implacable respira al oido de los que golpean mi puerta. Avisos de vencimiento, lectura de medidores, la vecina buscando a su gata que se roba las galletas que le dejo en la cocina para atraerla y el chico del taxi que llamé para que me lleve al policlinico más cercano.
Este reino se derrumba en un vaso de mineral y unas cucharadas de jarabe.

Recuerdos de la Marixu

Cambios

Por una cuestión formal. De requisitos previos y/o posteriores inconscientemente olvidados en cierta relación de amistad, (que ya no es tal), con un sujeto de cuyo nombre no tengo la menor gana de acordarme. Me tengo que cambiar de casa. De pensión más bien que para lo otro no alcanza. Abandono la pieza que ocupaba en el segundo piso de la vieja casona. Y no es que no me gustara. En cierta forma me había acostumbrado a ella. A sus rincones mohosos, al papel mural a medio desprender, a las polillas, al crujir indeseable del piso, especialmente cuando la urgencia urinaria se desata en la madrugada. Ya me eran habituales los canturreos monótonos de las palomas y sus continuos escándalos, y por supuesto a los murciélagos y sus silbidos algo siniestros al lado de la ventana. Ésta última una decepción pues daba a los techos de un conventillo vecino. El calor veraniego capitalino me hacía dormir con ella abierta, pero en ves de frescura entraba un pandemónium de olores y ruido de los "vecinos" que opté por cerrarla y cagarme de calor en comparación. Así es que me voy de nuevo. Estoy en pleno proceso de búsqueda para la posterior mudanza y mi amiga intelectual, que para efectos identificatorios denominaré Marixu. Insiste en que mi problema profundo es la identidad. Me falta el proceso lógico de hundir raíces en el lugar que ocupo. Me acusa de ser un paria del viento. Pretende definirme como un errante sujeto a las caprichosas ráfagas del destino. Todo esto supuestamente por decisión propia. Eres un huevón vagabundo me increpa. Confieso no tener mucho apego a las cosas que nominan nuestro quehacer diario, llámese hogar, casa, ciudad o patria. Y viéndolo desde afuera, comprendo la aprensión de los que me conocen. En cierta forma puedo ser un tipo inestable. Lo cual no significa que no esté seguro de lo que hago. Haciendo un alto en este punto. Puedo elucubrar acerca de mi persistente dificultad en los procesos sociales comunes. Mi innegable timidez asociada a la absurda sensación de pasar casi siempre inadvertido, se han confabulado para hacerme un tanto inadaptado y sin ningún apego a los lugares por donde transito. La Marixu no comprende como puedo estar a punto de cumplir veinte años de casado. El amor nos hace libres le digo riendo y en respuesta recibo el pellizco correspondiente, mismo al que me tiene acostumbrado. Todo esto circunscrito en el marco de nuestras continuas conversaciones que se dan luego de que me presta su computador para traspasar algunos textos. Porque para que uds. sepan. Yo prefiero el lápiz y el papel, pero debo reconocer la invaluable ayuda que brinda el aparatito y que gracias a él pasa algo desapercibido mi cuasi analfabetismo, lo cual no es menor. A mi amiga la conocí de no muy buena forma. Un día que visitaba a un amigo que trabaja en el edificio de Endesa por aquí cerquita. Cuando salíamos en su auto, se aparece la Marixu en medio de un piquete que protestaba por la construcción de las represas en el sur. Nos bombardearon de huevos y afines mientras nos impedían el paso. Pasados unos minutos la ley se hizo presente y se la llevaron detenida, a lo cual supe más tarde, estaba bastante acostumbrada. La Marixu es comprometida con sus convicciones y muy aguerrida. Lidera el famoso piquete y está envuelta en un interminable listado de causas anárquicas. Ella es especialista en funas. Dispara a diestra y siniestra. No se le va ninguna. Tiene casi treinta y se ufana de haber estudiado algunos años de sociología en Valparaíso. Es bastante atractiva, pero dada su personalidad explosiva, concita poco interés en el sexo opuesto. Los hombres la rehuyen lo cual la tiene un tanto amargada. Nunca he sabido como es que vive. Sé que vende sus cosillas por aquí y por allá y que mantiene una pensión de una antigua relación. Así como se ve, pareciera no tener mayor estreches económica, de hecho en nuestros encuentros es la que generalmente paga los cafés o los tragos según la ocasión y debo aceptar de su parte el que me diga que no me acostumbre demasiado, que no está dispuesta a soportar a ningún cafiche de mierda. Entonces es que me levanto haciéndome el dolido y la Marixu se traga su humor de perros y me pide que me siente. Pero no se disculpa. Eso jamás. En estos últimos días, dada la condición en la que me encuentro. Mi amiga insiste en ofrecerme el cuartito que tiene desocupado detrás de su casa. El asunto me complica. Las llamadas reiteradas a mi teléfono implican cierta premura o intención desconocida. Hay algo que revolotea en cada sílaba de sus palabras. Mañana le digo definitivamente que no, por si las moscas.

Bitácora de un lunes atroz tirado en la cama con fiebre, y dos cajas de remedios y una botella mineral y una colilla de cigarro en la boca y calor, y...

No es esa la manera, ni menos el fondo. Nunca supiste qué era madurar, vivir a fin de cuentas. Porque madurar no es salir a trotar por los jardines y la playa de Santo Domingo, dejándose de payasadas con los cabros de la pobla: Tampoco comprarse un autito de esos coreanos que enceras y pules todos los fines de semana para sacar a pasear a la hija del supervisor de turno, que es más fome que chupar un clavo; desabrida la flaca que milita en RN, donde ahora tú también militas porque “está bien” ser de allí. Madurar tampoco es asistir todos los domingos a misa con la camisita impecablemente planchada y las gafas Bollé, para ocultar las ojeras de la borrasca que te pegaste la noche anterior con los compañeros de trabajo en la picá de Lo abarca. Madurar no es comprarse un raquet de tenis de esos de los buenos y dejarlo en el living por si viene alguien y contarles del partido ficticio que jugaste el domingo pasado, porque hace siglos que no vas y ya ni idea tienes de los precios de arriendo de las canchas. Crecer no significa ir al casino y gastarte esas doscientas lucas que no tienes, sólo por llevarle el amén a la hija del jefe que, de aburrida la niña, te invitó a salir. Madurar no era estudiar la carrerita administrativa que te libraría de los fierros en que estábamos todos trabajando y ponerte la ansiada corbata que, a fin de cuentas, sólo te ha estrangulado todos estos años. Ser un hombre “bien” que no fuma, que paga a tiempo sus tarjetas y, que apenas tuvo cuenta corriente, anduvo con el fajo de cheques en una billetera kilométrica, sólo para mostrar que habías `progresado al pagar la cuenta del mall de turno. Estar así de bien no era irse al recital del grupo de moda el viernes y el domingo ir a “visitar” a tu mamá con familia incluida sólo porque no te quedaba ni un miserable peso y no tenías ni para comer. Crecer, madurar, estar ahí, no era tomar ese camino ingrato que, cuando las cosas se pusieron feas y te despidieron del trabajo, te viste forzado a meterte a los fierros un tiempo y engrasarte las uñas, llorando de paso un poco por dentro.

Aspirar a ser otro, olvidándote de tus amigos leales sólo porque vivían en población y tú no, gracias a la jubilación de tu papá. No era la manera solidaria de vivir que te recitaban los domingos en misa. Crecer, madurar, no era fingir alegría de reencontrarte con uno de esos pelagatos que nunca surgieron como tú y que invitas a tu casa a almorzar para presumir y de paso, mostrarle la última joyita tecnológica que te compraste a tres cuotas precio contado sin ningún remordimiento por dentro, sabiendo que si lo dejas hablar de nuevo te pedirá que lo “muevas” con el jefe a ver si tiene una cabida por ahí, que las cosas han estado tan mal, y tú, que no tienes ni tu pega asegurada, le das falsas esperanzas, que lo llamarás apenas sepas algo. Siempre la misma historia, hasta que te lo topes de nuevo a la salida de algún supermercado o después de estacionar el auto.

Crecer, madurar, no era ese arribismo enfermizo ni la envidia que teamarga el alma día a día. No era la apariencia amigo mío. Nunca lo fue.