GABRIEL PRACH

Desnudando la realidad imaginaria

Bitácora de Viernes.


No he podido escribir. De pronto la precariedad de mis palabras optó por no decir nada. Sucede que el asombro de las cosas tornose una escuálida línea recta conducente al mismo sitio. La culpa es del tránsito rutinario de los días que disipan la substancia emotiva. No consigo apreciar la pasión perturbadora. Pareciera que aquí no pasa nada lo cual es una aseveración espantosa por sí misma. El asunto se ve complicado. Es como el suicidio anónimo del creador, anímico quizá.
No he podido escribir y el espacio en el papel reclama el grabado visceral del lápiz inerte sobre él. No he podido escribir y los intentos yacen dispersos por el suelo. El que está junto a la puerta se intitulaba “El inadvertido” y trataría de la intrascendencia y los silencios de un hombre común, de nombre y vida sustantivamente comunes que desgraciadamente ya no tiene nada que decir. El arrugado en el papelero hablaría de los apetitos insatisfechos de una solterona demasiado dama y conservadora para dejarse seducir por ellos, incluso de tanto pudor le fue imposible contar su historia. Y el de la mesita lleno de borrones, sería un manifiesto poético que plantearía lo inútil de la sociabilidad ante el beligerante caos individualista que nos embarga, demasiado individualista en verdad.
Pero han sido en vano, apenas unos suspiros y luego nada. Nacieron muertos. Parecen lápidas sobre tumbas vacías. Y en esa búsqueda frenética de las musas creadoras, recorro con la vista las paredes, el piso sucio, el papel y un pedazo de cielo en una foto antigua, y la inspiración no llega y pienso que no quiero más pensar, al menos no por hoy.