jueves, 26 de febrero de 2009

No te vayas


_Me voy_ dijo muy quedo y cerró la puerta.



¿Pero porqué he de extrañarme?, siempre dijiste que te irías, siempre me recordaste que no pertenecías aquí, que aquí morías de una terrible soledad. Me decías que te marcharías porque si, porque tenías que hacerlo, porque nada dura para siempre, salvo la miseria, pero a esa ya nos acostumbramos o mejor dicho, nos acostumbraron. Parece mentira que hoy te extrañe de esta forma cuando tu ya ni siquiera sabes si existo. Tú nunca supiste, no quisiste entender que yo también pretendí irme, que estaba irremediablemente cansado, que el desaliento me apretaba el alma. Ignoraste mis razones, mis estúpidos juicios y ridículos argumentos, (según tú). No entendiste la presión de seguir así, la maldita presión de saber que todo se derrumba y no hay nada que hacer, solo esperar la debacle inevitable.
No es que no sea lo suficientemente hombre. Creo que mas bien es solo un poco de cobardía. Al menos déjame el placer de sentir lástima de mi mismo, la posibilidad cierta de disfrutar al menos del dolor, que es lo que me queda y también el nerviosismo y la inseguridad y el temor y la angustia, la maldita sensación de no ser nadie y ser todo al mismo tiempo. En fin, vete, largate de una vez, no dejes nada, ni las flores, vete con los recuerdos y el perfume, con la noche sin luna y con el viento, vete con las rosas secas de la mesa, con el maldito perro y el maldito gato, con los poemas que te escribí al conocerte y con todos tus besos robados a mis labios. Vete temprano mientras duermo, apenas amanezca, con la primera luz del día y no dejes ninguna nota manchada con un beso de carmín. No me dejes nada, no dejes ni siquiera la cama, ni las cortinas, ni el mueble del reloj, es mas, llevate el bendito reloj que no quiero saber ni del tiempo, ni que tengo que levantarme del suelo, ni del paupérrimo trabajo, ni del tirano de mi jefe, ni las miles de cosas que me dirá que haga, ni la miserable paga, ni de los 20.000 pesos que debo en la botillería, ni las cuentas que se acumulan bajo mi puerta, ni del maldito teléfono ¡Que no para de sonar!. Vete, vete de una buena vez, y no mires atrás, no se te ocurra volver la mirada que de hacerlo jamás te iras. Y no esperes ninguna palabra mía para detenerte porque tendría que rogarte y eso hoy en día no se estila, es mal visto eso de andarse arrastrando, a menos que uno esté desesperado y yo ya casi lo estoy, aunque todavía me falta un poco como para llegar al suicidio. Por otra parte existen cientos de mujeres con las cuales, a modo de venganza, podría pasar mis amarguras. Cual de todas más desechables, que eso es lo que son o lo que hay. Todas ellas con sus precavidas reservas, con sus farmacéuticos adminículos para el antes, el durante y el después, todas cosas que tú nunca usaste ya que queríamos tener un hijo, al menos era lo que decías cuando introducías tu mano dentro de mi pantalón en aquel restaurante lleno de gente.
Un hijo que nunca llegó, porque no llegan cuando se buscan con ansias y llenos de ilusiones, porque la providencia no es justa y nunca lo ha sido. Ahora hay algunos que andan comprando hijos y otros que los roban para venderlos, porque el negocio es bueno y va viento en popa, porque ahora todo se vende. Te hipotecan el futuro y el pasado a estas alturas ya esta moroso, te venden una cara y falsa promesa y te endeudas el alma pagando esa estúpida oferta y si no pagas te demandan y a la vez tu los demandas, porque ahora eso se usa para quedar con el historial limpio, así es que se lleva lanzar pronto la primera piedra antes que te la lancen a ti, y te buscas un abogado aséptico, serio y formal, compuestito y sabiondo, que no pregunte el porque hiciste aquello o lo otro. Más bien que haga su trabajo y en el fondo piensas y sabes que igual es corrupto o a lo menos amoral y tal vez te pueda ganar el juicio, pero al final igual se queda con tu dinero. Hoy en día, y esto tu lo sabes bien, hasta vender a la madre es rentable y al padre y a toda la familia, y fíjate que aquello algunos ya lo han hecho y no muestran el mas mínimo arrepentimiento. Parece que no han escuchado vociferar en las plazas y en las iglesias a los pastores que ruegan que lo hagan y amenazan con el infierno si no lo hacen y quizás éste ya esté aquí o tal vez sólo sean unas palmaditas del que esta arriba por algunos pecados antiguos o a lo mejor ni siquiera son míos y pago culpas extrañas, otra cruz que llevo y tu no supiste. También es posible que así no sea, que quizás sólo lo imagino y es que ya mis ideas no cuajan porque mi razón se ha enfermado de civismo y madures, de correctismo político. Puede ser también que el infierno sí este aquí, tu lo sabias bien y por eso te fuiste, porque no hay como un infierno light, con altas calorías para que se sigan cocinando como cerdos, porque el averno esta de moda, es mediático, con una página en internet y uno que otro periódico circulando y repartiendo veneno por ahí. Un horno de almas para altos ejecutivos en puestos claves, para mujeres insatisfechas y aburridas buscando lujuria vía telefónica desde su club de amigas o desde su trabajo o con la vecina en la misma peluquería. Un infierno para señores de barba cana y aspecto respetable que suben a sus lujosos automóviles a jovencitos que mueven el culo en la avenida central para que les sacien sus recónditos deseos y aumenten su miseria, la de ambos, la de todos. Siempre a la vista y paciencia de quien quiera ver y nadie dirá nada, porque te repito, estamos enfermos y porque a nadie le importa. Así lo corroboran los estudios y estos son serios, porque los hacen personas serias, que estuvieron en no se cual universidad extranjera y aprendieron a hacerlo bien. Ellos trabajan en grupos de pensamiento o think tank y lideran el asunto acertada o equivocadamente, y lo manipulan y con ello ganan dinero y los que están tras de ellos financiándolos, también lo ganan. Y nos hacen parecer como tontos, tan ignorantes que te juro que si no te marcharas, no me habría detenido a pensar en ello y en otras muchas cosas, como la frase esa de que unos pocos miembros no dañan a toda la institución, ya sea ésta última la iglesia, los políticos, el gobierno o las fuerzas armadas, pero el caso es que esos pocos se van transformando en esos muchos y sigue la caída pendiente abajo y no hay quien ponga un alto o ponga las letras adecuadas en los lugares correctos para que se pueda despertar, alguien que levante el dedo y no para hacerse famoso sino que para sincerarnos, para espiar nuestras mentiras inconfesables, que no tenemos mucho tiempo y porque hasta aquí no mas llegamos, porque la soledad si te marchas es la excusa. La soledad puede llegar a ser sólo la excusa y eso también lo sabias. De todo esto huyes y tal vez tengas razón, quizás debería irme contigo, pero no quieres que lo haga, no quieres ni siquiera sonreír más, que para eso eres buena, para reír y esto en realidad es lo que más me apena, que no pueda verte la risa, que me pregunto quien reirá después para mi, porque solo veo caras largas por aquí y por allá y ya me tiene mas que cansado que me digan que este año si será, y el despegue no ha pasado por mi casa y todo esto tu ya lo sabes, lo que pasa es que siempre supiste más, pese a que era yo el que presumía de hacerlo. Pero esta bien, que las desgracias siempre van de la mano y ésta no es la excepción, que para colmo de males no me quedan ni un par de monedas para haberte despedido en la parada de
buses. Adiós, hasta siempre y no te preocupes más de la cuenta de las noticias en los diarios, ni de la mierda de la televisión, ni del atentado que hicieron en alguna estúpida marcha por el centro de mi barrio. No te quedes mirando los claveles rojos en la lápida pública que instalaron por los desaparecidos, ni te preocupes del alza de la economía, tampoco del alza de las inversiones, ni del alza de la pobreza de los mismos de siempre, ni del alza de la riqueza de los otros mismos. No te importe que llueva y granice, que haga un maldito frío insoportable y que los tipos que duermen afuera de la iglesia estén empalados y hambrientos y que quizás otro se muera esta noche, ni siquiera te importe la muerte de Gabriela Pino porque sus padres eran muy pobres o muy humildes para exigir que les atendieran bien a su niña de 8 años en Cartagena. No te preocupes por el alza de la vida, ni por el alza de la muerte, en especial de los suicidios. No te molestes con los mentirosos de siempre, con los que te ofrecen el mundo por unos pocos votos, con aquellos que nos embaucan tan a menudo metiendo su mano en nuestros bolsillos, ni te molestes con escuchar a los traidores, a los egoístas, a los aprovechados, a los perdedores como “yo” o a los pocos ganadores de siempre. Vete de aquí, aléjate de esta podredumbre y no vuelvas. Márchate, ¡huye de mi!, ahorrate el dolor, la desesperanza y la larga espera, ahorrate las noches en vela mientras yo recorro las calles buscando respuestas que no hay, ahorrate mi resaca del domingo en la mañana y la ropa sucia olvidada debajo de la cama. Y por favor sin despedidas, no termines lo que quizás nunca empezaste. No te preocupes por nada, menos por mi, en especial de mi, solo vete de una buena vez, pero por favor, ¡No regreses!, que no me encontraras, que yo ya me habré marchado definitivamente.


Adiós.

lunes, 23 de febrero de 2009

Yo no quiero ser escritor


Yo no quiero ser escritor porque nunca voy a escribir lo que quieren que escriba, por eso no voy a serlo. Yo no quiero ser escritor porque en este país no quieren a los escritores. Si, sé que suena paradojal, que habitando el litoral de los poetas más muertos que vivos no quiera serlo, pero es que a los escritores los odian y yo no quiero que me odien. En este país los temen por decir verdades y por eso no quiero ser escritor, para que no me teman. No quiero ser escritor para que ningún profesorcito descerebrado me venga a quitar el puesto de aficionado, ni para que ninguna mierda terrorista me quiera volar la raja por acusarlo de vendido, por eso no quiero ser escritor. Yo no quiero ser escritor porque la cultura no está de moda y la literatura no lleva a ninguna parte. Porque si voy a un trabajo y leen en mi curriculum que lo soy se cagan de la risa. Porque me patea las bolas que en las reuniones familiares le pidan al tío que lea una historia, por eso no quiero ser escritor. Yo no quiero ser escritor porque jamás seré lo suficientemente culto. Porque no tengo la impostura necesaria. Porque me carga la culturalidad. Porque es demasiado elitista y yo soy demasiado shileno para conformarla. Yo no quiero ser escritor porque nunca ganaré un premio, porque soy muy malo para hacerlo, porque no tengo un grupo cultoso, político, rama deportiva o centro de madres que me apoye. Yo no quiero ser escritor porque este país maricón no se merece que lo sea. Yo no quiero ser escritor porque los que hay ahora son todos universitarios y yo sólo pase por ahí no más. No quiero ser escritor porque jamás me editarán y puta para autohacerlo no tengo plata. Yo no quiero ser escritor porque no estoy solo y tengo que vivir y ser escritor y sobrevivir en este país culiao es casi imposible. Yo no quiero ser escritor porque ya hay muchos y todos son buenos, entonces es mucha la competencia. No quiero serlo porque mi padre lo era y lo mataron para el golpe por escribir más de la cuenta. Yo no quiero ser escritor porque soy impresentable para cualquier feria de mala muerte que se arme, porque para serle franco, prefiero algo más fuerte que la mineral en las mesas de debate y eso no se ve bien. Yo no quiero ser escritor porque en la provincia putrefacta han florecido como callampas y todos dicen serlo y si hay algo que odio, es parecerme a ellos. Yo no quiero ser escritor y los de verdad nunca van a saber de mí. No les voy a dar en el gusto. No quiero ser escritor porque hasta la palabra me apesta. ESCRITOR. Debe ser por lo manoseada digo yo. En fin, yo no quiero ser escritor porque no me da la gana. Porque hoy día amanecí taimado y me importa un coco lo que digan. Porque el deseo se murió. Lo mataron como a todo en este puertucho hediondo. Porque los cerdos se comieron mis últimas perlas y me dejaron sin trabajo. Porque está lloviendo. No quiero ser escritor por todas estas cosas y por otras muchas… Que no quiero escribir.

Saludos a ellos...

Los malditos perros de mierda.

domingo, 22 de febrero de 2009

QUE




Que no tenía mucho tiempo
Que no quería llegar atrasada
Que la vida esta difícil y que hay que cuidar el trabajo
Que no empezara de nuevo
Que la ropa sucia se lava en casa y allí hablaríamos
Que quién dijo que estaba enojada
Que esas cosas son absurdas y que no se merecía tales dudas
Que hoy no estaba de humor para jueguitos, que la había conocido así y que no iba a cambiar
Que nunca fue cariñosa y no lo iba a ser ahora
Que no fuera cargante
Que no se trataba de eso
Que el deseo desde hace un tiempo lo tiene muerto
Que como se me ocurría
Que era un desubicado
Que el bus esta por llegar y la gente estaba mirando
Que el auto falló otra vez y lo dejó en el taller
Que como quería que fuera a trabajar
Que no pusiera esa cara
Que no fuera patético
Que la disculpara, que no quiso hacerme sentir así, pero era la realidad y tenía que afrontarla
Que no era yo el que fallaba, era ella que no quería
Que su cabeza estaba en otra parte
Que no era el momento ni el lugar
Que no fuera grosero
Que para que fumaba tanto si me hacía mal
Que hasta cuando insistía en lo mismo
Que quién me había ido con el chisme
Que no faltaban las víboras
(silencio)
Que para que la había seguido
Que se sentía traicionada
Que nunca esperó algo así de mí
(silencio)
Que era solo un amigo y que no estaba llorando
Que mirara lo que había conseguido
Que el maquillaje lo tenía corrido y no traía consigo ningún espejo
Que no la entendía
Que era culpa del embarazo
Que sí, que estaba segura, que eran muchos días y que se sentía histérica
Que como podía decir eso
Que claro que sabía que yo era el padre
Que no quiso decirme antes hasta estar segura, pero que ahora con mi actitud se sentía sola en esto
Que le dolían mis dudas
Que ya no podía más
Que para que insistía en lo mismo
Que no quería hablar
Que estaba bien, (entre sollozos), que si quería la verdad la tendría
Que no iba a trabajar
Que iba donde un médico que le recomendó una amiga
Que después se iba a la casa de su mamá
Que ella no se dio cuenta como sucedió
Que éstas cosas pasan
Que fue solo una aventura
Que en la fiesta de fin de año de la empresa lo conoció
Que el vino se le subió a la cabeza
Que se sentía sola
Que el amor se muere y que él la hizo sentir viva
Que no era capaz de seguir con algo así
Que la aconsejaron mal al pretender engañarme
Que el hijo no era mío
Que era cierto, la verdad al final siempre se sabe
Que en parte era culpa mía por tenerla abandonada
Que ya no lo ve
Que se busco a otra y la dejó
Que fue una estúpida
Que la perdone, pero que tiene que irse
Que no la llame que ella no lo hará
Que mejor la olvide
Que busque a otra mujer
Que soy un tipo bueno y me merezco una que me ame
Que le diga algo
Que la insulte por lo menos
Que la perdone de nuevo
Que ahí viene el bus y tiene que irse
Que ya se limpió los ojos y que como se ve
Que gracias de todas maneras, pero ella tiene dinero
Que en realidad era el único que la había entendido
Que ella fue la tonta
Que ya no queda tiempo y el bus ya parte
Que no llore, que se va, que es el final
Que adiós.

Pasajero

Me despertó el sonido estridente del timbre. Llevaba alojado en esa residencial cerca de cinco días y todavía no lograba acostumbrarme al metálico y monocorde llamado que solía ahuyentarme el sueño en mitad de la noche. Mas que residencial, aquel lugar consistía en unas piezas de dudosa construcción en donde alojaban esporádicamente pasajeros, que como yo, se quedaban por lo general un par de semanas debido a su cercanía al centro de la ciudad y a sus bajos precios, los que obviamente impedían cualquier asomo de reclamo o protesta por malestar alguno. Al poco tiempo comprendí que el verdadero negocio era arrendar las piezas por horas a furtivas parejas en mitad de la noche, y recordándolo bien, creo que era un excelente negocio dada la cantidad de parejas que acudían a aquel lugar.
Los pasos de la encargada se arrastraron por el piso haciendo crujir la madera. Era ésta una mujer de gruesas y prominentes formas, de rostro siempre ojeroso y cabello desgreñado, su mirada hosca y amenazante impedía cualquier acercamiento amistoso hacia ella. Daba la impresión que siempre estaba recién levantándose y lo hacía y caminaba con una lentitud exasperante.
- ¡Ya van, ya van!- exclamó molesta por haber despertado para atender a quienes urgentemente deseaban un nidito de amor. Eran cerca de las cinco de la madrugada y el amanecer se adivinaba en el color del cielo, en el trinar de algunas aves y en el aumento paulatino del tránsito de vehículos. Era muy probable que a ella no la invitaran desde hacía bastante tiempo a un lugar como aquél y tal vez de ahí provenía su mal genio. La imagine bostezando enfundada en esa bata de dormir azul, abriendo la puerta, transando el precio con los posibles clientes para luego pedirles la identificación. La escucho decir un par de palabras inteligibles y conducirlos a la que seria su pieza, justamente al lado de la mía.
-¿No se acuerda de mi?- preguntó el hombre con su rostro pegado al cuello de la mujer sentada en la barra de aquel atestado bar. Eran cerca de las cuatro de la madrugada y la risa y los gritos surgían espontáneos producto del alcohol que calentaba la sangre. Ella lo miro como entre brumas, como si un lejano recuerdo nublara su mirada. Su mano elevo la copa y apuro su contenido de un sorbo. La música estridente apagaba las voces y era necesario acercarse mucho para escuchar las palabras que pronunciaba este individuo. Lo miró con tristeza, como añorando viejos tiempos que nunca volvieron. Años a la espera entre bailes y fiestas, aguardando el paso seguro de aquel que se presentaba y que sin embargo, no era. La transacción fue rápida, el hostal quedaba a pocos pasos de allí y además estaba cansada, la noche estuvo floja y ya se terminaba, a mediados de mes no hay plata y el sueño y el trago le habían amargado el ánimo.
Intente dormirme, metí mi cabeza debajo de la almohada y me cubrí por completo con las sabanas, pero era inútil. El sueño huyó y muchos recuerdos acudieron a mi memoria. Pensé en la urgencia de dormir y en el dinero gastado en esa miserable pensión, vieja y sucia, llena de baratas que recorrían las paredes en forma frenética y que ya me había cansado de espantar. Pensé en que tenia que levantarme temprano para ver la posibilidad de algún trabajo, que a fin de cuentas era a lo que había regresado, gastándome de paso hasta el último peso que tenía reservado para ese único y determinante objetivo. Hacia varios años que no venia a esta ciudad, la conocía bien es cierto, sin embargo algo había cambiado, la gente tal vez. Eran las mismas calles, las mismas casas viejas, la misma avenida principal con sus árboles como colgando de los cerros y con el mismo sabor salado del aire partiendo la piel, ese que tan bien conocí en un millar de noches largas y descarriadas que se ocultan en algún rincón de mi memoria y que tienden a aparecer en noches como ésta, cuando el quejido leve y dulce de una mujer se filtra a través de la pared. También estaba lo otro, pero de eso no vale la pena acordarse, o quizás ella no se acuerde y quien sabe, tal vez jamás me recordó.


La mujer arrastró al hombre por la calle solitaria y fría. Éste la abrazaba y a la vez que hundía su cabeza en el pecho de ella intentaba caminar, trastabillando cada cierto tiempo producto del ron y otros entremezclados licores que embotaban su cabeza. Su aliento alcohólico no era lo que la molestaba. Tampoco esa manera tan grotesca de recorrer su piel con esas manos duras por el trabajo en las minas. No era que estuviera casi inconsciente, ni su súbita explosión de ternura al momento de pagar con esa expresión de niño culpable que tan bien conocía. Lo que verdaderamente la aterraba, era la espera interminable del amanecer, sola, siempre sola, pues las horas pagadas se terminan y hay que marcharse, ella a su casa arrendada al final de la calle y él, avergonzado, se iría a su hogar y le mentiría a su mujer, le hablaría de la juerga con los amigos y los tragos de mas, y de ella, pese a haberle jurado que era la primera vez que lo hacia, se olvidaría para siempre.


Me levante de un salto y me dirigí a la salida. El aire frió de la noche me recibió dándome su gélida bienvenida como si se alegrara de volverme a ver transitar sus impredecibles vericuetos. Con inusitada alegría me encamine al bar de la esquina, me senté en la mesa mas alejada de la puerta y pedí algo de beber. Después del tercer trago los problemas se fueron poco a poco diluyendo y la atmósfera alegre que inundaba el lugar me entibio el espíritu. Observé a la gente bebiendo y riendo, hablando de cosas superfluas porque no era la ocasión para otra cosa, tal vez para mirar un poco a la mujer de la otra mesa, que pese a estar acompañada, no dejaba de coquetear descaradamente. Sentía la música brotar de los parlantes con fuerza, las luces reflejadas en las copas de la barra le daban a todo un aire fantasioso, casi irreal que me gustaba, o quizás solo era que a estas alturas ya estaba un poco ebrio. Fue entonces cuando la descubrí, estaba sentada en el extremo de la barra que daba hacia la calle. No había duda de que era ella, aún tras haber transcurridos varios años, mantenía la misma mirada lejana y melancólica que alguna vez me había trastornado, ese aire inquietante que da el caminar demasiado la noche. Me aproximé entonces con decisión a donde estaba y acercándome mucho a su oído le pregunte:
-¿No se acuerda de mí?-

jueves, 19 de febrero de 2009

Cambios

Por una cuestión formal. De requisitos previos y/o posteriores inconscientemente olvidados en cierta relación de amistad, (que ya no es tal), con un sujeto de cuyo nombre no tengo la menor gana de acordarme. Me tengo que cambiar de casa. De pensión más bien que para lo otro no alcanza. Abandono la pieza que ocupaba en el segundo piso de la vieja casona. Y no es que no me gustara. En cierta forma me había acostumbrado a ella. A sus rincones mohosos, al papel mural a medio desprender, a las polillas, al crujir indeseable del piso, especialmente cuando la urgencia urinaria se desata en la madrugada; Ya me eran habituales los canturreos monótonos de las palomas y sus continuos escándalos, y por supuesto a los murciélagos y sus silbidos algo siniestros al lado de la ventana. Ésta última una decepción pues daba a los techos de un conventillo vecino. El calor veraniego capitalino me hacía dormir con ella abierta, pero en ves de frescura entraba un pandemonio de olores y ruido de los "vecinos" que opté por cerrarla y cagarme de calor en comparación. Así es que me voy de nuevo. Estoy en pleno proceso de búsqueda para la posterior mudanza y mi amiga intelectual, que para efectos identificatorios denominare Marixu. Insiste en que mi problema profundo es la identidad. Me falta el proceso lógico de hundir raíces en el lugar que ocupo. Me acusa de ser un paria del viento. Pretende definirme como un errante sujeto a las caprichosas ráfagas del destino. Todo esto supuestamente por decisión propia. Eres un huevón vagabundo me increpa. Confieso no tener mucho apego a las cosas que nominan nuestro quehacer diario, llámese hogar, casa, ciudad, patria. Y viéndolo desde afuera, comprendo la aprensión de los que me conocen. En cierta forma puedo ser un tipo inestable. Lo cual no significa que no esté seguro de lo que hago. Haciendo un alto en este punto. Puedo elucubrar acerca de mi persistente dificultad en los procesos sociales comunes. Mi innegable timidez asociada a la absurda sensación de pasar casi siempre inadvertido, se han confabulado para hacerme un tanto inadaptado y sin ningún apego a los lugares por donde transito. La Marixu no comprende como puedo estar a punto de cumplir veinte años de casado. El amor nos hace libres le digo riendo y en respuesta recibo el pellizco correspondiente, mismo al que me tiene acostumbrado. Todo esto circunscrito en el marco de nuestras continuas conversaciones que se dan luego de que me presta su computador para traspasar algunos textos. Porque para que uds. sepan. Yo prefiero el lápiz y el papel, pero debo reconocer la invaluable ayuda que brinda el aparatito y que gracias a él pasa algo desapercibido mi cuasi analfabetismo, lo cual no es menor. A mi amiga la conocí de no muy buena forma. Un día que visitaba a un amigo que trabaja en el edificio de Endesa por aquí cerquita. Cuando salíamos en su auto, se aparece la Marixu en medio de un piquete que protestaba por la construcción de las represas en el sur. Nos bombardearon de huevos y afines mientras nos impedían el paso. Pasados unos minutos la ley se hizo presente y se la llevaron detenida, a lo cual supe más tarde, estaba bastante acostumbrada. La Marixu es comprometida con sus convicciones y muy aguerrida. Lidera el famoso piquete y está envuelta en un interminable listado de causas anárquicas. Ella es especialista en funas. Dispara a diestra y siniestra. No se le va ninguna. Tiene casi treinta y se ufana de haber estudiado algunos años de sociología en Valparaíso. Es bastante atractiva, pero dada su personalidad explosiva, concita poco interés en el sexo opuesto. Los hombres la rehuyen. Lo cual la tiene un tanto amargada. Nunca he sabido como es que vive. Se que vende sus cosillas por aquí y por allá y que mantiene una pensión de una antigua relación. Así como se ve, pareciera no tener mayor estreches económica, de hecho en nuestros encuentros es la que generalmente paga los cafés o los tragos según la ocasión y debo aceptar de su parte el que me diga que no me acostumbre demasiado, que no está dispuesta a soportar a ningún cafiche de mierda. Entonces es que me levanto haciéndome el dolido y la Marixu se traga su humor de perros y me pide que me siente. Pero no se disculpa. Eso jamás. En estos últimos días, dada la condición en la que me encuentro. Mi amiga insiste en ofrecerme el cuartito que tiene desocupado detrás de su casa. El asunto me complica. Las llamadas reiteradas a mi teléfono implican cierta premura o intención desconocida. Hay algo que revolotea en cada sílaba de sus palabras. Mañana le digo definitivamente que no, por si las moscas.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Trabajo


Señora



Lo habías pensado mucho antes de decidirte. Las cosas se piensan bien antes de hacerlas porque el arrepentimiento de nada sirve, bien lo sabias tú que dejaste a tu prometido esperando en el registro civil debido a que decidiste a última hora que él tenía que ser libre, dado que no era para estar casado a la fuerza y tú sabías que el matrimonio duraría muy poco. Lo amabas, es cierto, pero qué se le iba a hacer.Tu madre, esa santa señora, no soportaba que te quedaras soltera. En su lecho de enferma te rogaba que te casaras y tú tan díscola como tu padre le dijiste que jamás. Siempre creíste que por esa razón la muerte de ella aconteció más rápido de lo esperado. El caso es que te quedaste soltera y a tu cuidado quedó tu hermana pequeña, que empezó a ser como una hija para ti, con todo lo que eso significaba, con la casi hipoteca de tu juventud, de las salidas, la diversión y cualquier otro pretendiente que se acercara a tu puerta. Toda tu vida consistía en atenciones para tu hermana, nada más que eso y no reclamabas porque te correspondía, era tu deber hacerlo.Pero de un tiempo a esta parte te has estado sintiendo muy sola, la comedia de la televisión, en la tarde, no alcanza a aliviar tu soledad, ni siquiera tus rezos te confortan como antes. En las noches frías de invierno te pones a pensar sobre qué habría sido de ti si hubieras ido al registro civil a casarte, tal vez hubieras sido una dama hogareña como tu santa madre o quizás hubieses trabajado con tu marido para juntar dinero y así tener varios niños, que es lo que más quisieras, pero no, mejor te dejas de soñar despierta, los hombres jamás piensan en esas cosas como nosotras las mujeres, sólo quieren una cosa y en eso son todos iguales, con mucha razón tu madre te decía que los hombres son puro instinto y que había que llevarlos cortitos o si no te podían destruir la vida.Tu madre sabía bien de aquello, tú misma sorprendiste a tu padre con la empleada, cuando aún ella yacía postrada y enferma en la otra habitación. No señor, en los hombres no se puede confiar y tú le demostrarías a tu hermana lo equivocada que estaba. Esa cabra loca, había salido de moral livianita, por decirlo de alguna manera, igual que tu padre. Rebelde como estaba no pensaba en nada y tú, déle que déle insistiendo en que tuviese cuidado, que no ande sola de noche, que te llame avisando donde está y que por favor llegue temprano, pero era inútil, para colmo los fines de semana era peor, se traía al pololo para la casa y tú tenías que armarle una cama en la salita de costura que estaba al lado de tu dormitorio y te juramentabas no dormirte para que nada sucediera, pero el sueño te vencía y cuando despertabas al otro día, el pololo ya se había ido.
Era día viernes y de seguro que hoy lo traería, así es que te preparaste toda la tarde, dormiste una larga siesta para no tener sueño en la noche y después te diste un buen baño de tina, te pusiste tu ropa interior nueva, esa que venía en el catálogo que te mostró tu vecina y que tanto te gustaba, tu hermana te había descubierto justo cuando te la estaban mostrando y se rió de ti, se rió descaradamente, burlesca y despreciativa, como si tú no fueras mujer, se rió de tus cuarentayseis y soltera todavía, se rió por no haber conocido hombre alguno en tu vida y porque comprabas ropa interior sexy sin tener a nadie a quien mostrársela. Qué se había creído, ahora tú le enseñarías lo que es el respeto, después de todo tú la criaste, ya que tú padre se marchó al tiempo después de morir tu santa madre. Tú la criaste y así te pagaba, pero bueno, el caso es que la hora había llegado. Estabas despierta en la cama oyendo cómo se acostaba el pololo de ella en la salita de costura, continuo a tu dormitorio. El de ella estaba al final del mismo pasillo que comunicaba con las tres habitaciones. Te levantaste sin camisa de dormir y abriste la puerta, al pasar frente al espejo del pasillo te miraste de reojo y sonreíste al pensar que tus carnes aún estaban firmes, diste dos pasos más y te apoyaste en la puerta de la salita de costura. La respiración profunda que venía del otro lado era señal inequívoca de que estaba profundamente dormido, no sentiste temor, ya que te habías dado cuenta cómo te miraba y de seguro que te aceptaba, pero seguiste por el pasillo, entraste al dormitorio de tu hermana que estaba durmiendo medio desnuda, empuñaste con fuerza el cuchillo en tu mano derecha y lo hundiste hasta la empuñadura en el corazón de la maldita. Ella despertó, abrió los ojos sorprendida y miró cómo sus pechos se teñían de sangre, luego expiró sin quejido alguno. Limpiaste bien el mango del cuchillo, pero lo dejaste allí, clavado en el pecho de la puta, luego te dirigiste hacia donde dormía el pololo, te miraste otra vez en el espejo del pasillo y volviste a sonreír, estabas muy bella y sabías que no te rechazaría, después de todo era hombre y esos son todos iguales, puro instinto. Luego de estar con él te rasgarías la ropa interior y te irías al teléfono que estaba en la salita de estar, sollozando, llamarías a la comisaría que estaba a dos cuadras de tu casa, les dirías que el tipo se había vuelto loco, que la había matado y que además había abusado de ti, los carabineros del retén te conocían muy bien y de seguro lo creerían, después de todo tú eras una santa señora, igual que tu madre.

PUTAS


Siempre me han atraído las putas। Confieso una magnética atracción a esas mujeres sorprendentes। No se trata únicamente del deseo físico que implica una mujer de éstas. Se sabe que ellas en su trabajo son eficientes y obviamente el pudor y la mojigatería nunca están presentes. Es mucho más que aquello. Es el sorprendente desmadre con el que van por la vida. Todas ellas tienen esa dignidad especial que desvirtúa cualquier burrada ofensiva con las que se las pueda catalogar. Tienen cierta valentía envidiable, un descaro único que ya se lo querría cualquiera.




Recuerdo alguna vez, años atrás. Por esas extrañas cosas que inundan mi vida, haber estado sentado en un bar de mala muerte en San Antonio con alrededor de una docena de ellas y como me suele suceder, estuve observando y escuchando sus increíbles historias. No recuerdo bien las circunstancias en las cuales fui a parar allí. Pero de que estaba entretenido no cabía duda alguna. Todas ellas se turnaban para hablar. Había viejas y jóvenes, bellas y no tanto, y por supuesto no escaseaban las bromas referentes a lo que harían con un tipo como yo.

Ellas bebían tragos cortos y cervezas y fumaban como condenadas, tal ves si lo estaban al igual que ahora. Recuerdo que las escuchaba atentamente y además preguntaba detalles, que como esto u lo otro y ellas mostraban sus brazos, los cortes de cuchillos, las heridas del alma. La soledad que las embargaba y un montón de otras cosas que la verdad de las cosas no recuerdo muy bien ahora. Es que fue todo muy extraño, el conseguir que me contaran todas esas intimidades. Pensar que yo sólo bebía una soda. Después de todo sólo tenía catorce años.