martes, 29 de diciembre de 2009

La confesión




Dime ése secreto tan escondido me dijo sonriendo, mientras su pelo ensortijado se rebelaba y tendía a cubrirle la cara.
La miré sentarse en la banca de la plaza y cruzar su pierna con ése movimiento distinguido, casi aristocrático que cautivaba mi mirada. Entonces me puse serio y con rostro apesadumbrado y culpable confesé que era casado. Y aquí fue que sus bellos ojos verdes, cuales mártires inocentes, se desbordaron en un llanto mudo, desconcertado, doloroso; Luego se puso de pié y caminó hacia el parque a nuestras espaldas para perderse por el sendero rodeado de árboles. Nunca más la volví a ver.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Monólogo económico




Decidido a hacer balance
del volumen de impropiedades descritas
y de la baja de la bolsa de valores endémicos
Considerando estas últimas noticias
en frescas anunciaciones vía cibernética comunicación
y en los rostros misteriosos en fotografías 3x4
con la música acompañante en vibratos armoniosos
De la bolsa de valores dije y de la renta que generan
generalmente
Y con la pregunta silbando vía operadora larga distancia
y el humo abortado de un cigarro agonizante
que pareciera cierto lo que dice en apariencia, pero que no lo es del todo
Del consumo de cápsulas de colores diversos
y de la sed que deja, dolor de cabeza y ojeras mediante
Con la sensación de estar en el sitio equivocado
Otra vez
Del resultado de la propuesta ignorada
Porque es más fácil que considerarla, la conciencia digo
Acaso yo la tomé demasiado pronto
y ni siquiera se da cuenta
De tanto sacar cuentas alegres creo yo
De repetir que no hay mal que por bien no venga
y el bendito dicho me tiene en ascuas, aún aquí
generando monstruosos intereses, impagables te digo
Atribulado de tanta espera
En un monólogo económico eterno, siempre al alza
y el brillo decadente de una pantalla de plasma
Con el tono en espera angustiosa y la llamada casi cortada
Repartiendo miradas, que es lo que más hago
y reflejado en un vidrio biselado, que no me gusta lo que veo
ni que me vean, ni que me busquen ya
y la llamada que no fluye y yo esperando
aún esperando.

domingo, 13 de diciembre de 2009

El voto que quieren




El voto que persiguen ávidos, sedientos de nuestra sangre
El voto supremo, correcto y valioso hoy día
El voto desesperado
El bestial voto vendido y el comprado, transado en el mercado negro
a bajas ilusiones
El patético voto emitido, formulado y asignado
El voto copulado en la ceremonia orgiástica
El puto y miserable voto. Festejado con un vino chambreado,
(navegado huevón me dicen)
El voto primero. Recitado con un trago ardiente a cuestas
El voto majadero, hipócrita e irrisorio
El culpable voto firmado con tinta indeleble
El voto oculto, siniestro y vengativo.
Puteando en medio de los otros votos
El voto maricón y lameculos
El voto arribista, segregado y ególatra
El voto ABC1, rifado o cambiado por un jale
El voto manuscrito, en imprenta o a mano alzada
El voto de mierda
El voto arrepentido, cabizbajo y perdedor
El voto duro, celebrado con “pitadas” sociables
y un buen par de minas guerreras
El voto doloroso como maricón primerizo
El voto angustiado, desequilibrado, sacado de contexto
El voto inhumano, metálico y sonoro
El voto sufrido y trabajado
El voto sobreviviente. Lacerado de tanto arrastrarlo
El voto muerto y sepultado, voto fantasma
El voto por último, a escondidas y vergonzoso
El voto encubierto, de doble personalidad y por tanto anulado,
anónimo o en blanco
El voto ignorante de lo que puede y debe
El voto “aperrao”
El voto bastardo y chuchadesumadre
El voto que ellos quieren.

lunes, 7 de diciembre de 2009

La mejor receta








Fue un presagio. Esa manera rápida de pararse de la cama y caminar desnuda hacia la ducha instantes después de haber terminado de amarnos. Fue el primer indicio. No volteó la cabeza para ofrecerme un beso como otras veces y no me dejó la puerta del baño abierta para ducharnos juntos.
Debí saberlo.
Será que los hombres, envueltos en la parafernalia trabajólica diaria y sus insospechadas consecuencias, carecemos de la suspicacia suficiente para reconocer ciertos signos. Las señales de una tormenta formándose en el fondo de unas pupilas, de una pregunta que se queda en el aire esperando una respuesta que no llega, del suave y casi imperceptible rictus de su ceño que denota cierto pesar que hasta hace poco no estaba allí.
Debí saberlo.
Esos cafés demasiado largos antes de acostarse, con la mano sobre la frente y el pensamiento en otra parte cuando la pregunta de cómo estuvo el día se quedaba flotando en el aire. Y sobretodo su mirada. Su mirada que me decía todo y que ahora no me dice nada, distante, fría y opaca. Ésa que ya no es la que me seguía desde la puerta cuando me iba. La que me hablaba con cada uno de sus brillos que me deslumbraban. Ahora hay uno nuevo, desconocido y que sólo se enciende cuando corre el visillo del vidrio y mira por la ventana.
Debí saber.
¿Acaso no sabía todo acerca de ella?
¿No conocía acaso hasta el más leve cambio de ritmo de su pecho?
Sabía de sus triunfos y desastres. También de sus rencores no del todo reconocidos. De su disgusto por los compromisos obligados y lo apesadumbrada que se ponía cuando tenía que terminar algo que la molestaba. Sabía de de un sinfín de detalles que creo la conocía más que a mi mismo. Al menos eso es lo que creía. Hasta ésta mañana.
La veo llegar montada en sus zapatos de taco alto que moldean perfectamente sus piernas y la elevan tres centímetros por encima de mí. Deja en el suelo las bolsas de las compras y me da un beso en la mejilla mientras me pregunta cómo estuvo el trabajo. Luego se toma el pelo y lo aprisiona con una traba porque caía desordenado sobre su rostro, como si recién hubiera despertado y sé que la acalora y la ahoga. Miro entonces, que la línea habitualmente vertical de sus medias de nylon negras, está torcida y que las puntas de sus zapatos rojos lucen algo sucias y ligeramente húmedas.
Al no obtener respuesta inmediata, se da media vuelta y se dirige hacia la cocina. Mientras lo hace noto que el cierre de su falda ajustada no está cerrado por completo y mantiene atrapado entre sus dientes un trozo de la blusa que le regalé la última navidad. Inicio un ademán con mi mano izquierda e intento pronunciar alguna clase de advertencia. No obstante ella ya ha llegado a la cocina y cerrado la puerta por dentro. Ha encendido la radio que está sobre el mueble adosado a la pared. En el interior de él se guardan ordenadamente platos y vasos, acompañados de un sin número de envases de colores. Todos ellos empleados en las peripecias gastronómicas que me tenía acostumbrado. Porque ya no las hace. También está el pequeño espejo pegado a una de sus puertas en donde retoca antes de salir, las suaves líneas de su lápiz labial, totalmente inexistente en este momento. Abajo, a la izquierda, entre paquetes de fideos y bolsas de azúcar, se encuentra el cuaderno de recetas, manchado de gotas de aceite y restos de harina. El mismo que estuvo perdido desde hace un tiempo. Lo encontré mientras cambiaba el cilindro del gas de la cocina. Hoy día que estuve solo en casa. Estaba algo arrugado y sucio; Pero a salvo entre sus páginas, doblada en cuatro partes iguales, se encuentra aquella pequeña carta-nota en una pequeña esquela amarilla que resbaló de entre sus hojas para caer justo al centro de mis pies. Estaba dirigida con cariño hacia ella y contenía una serie de descripciones de una tarde salvaje y apasionada firmada al pie de la página por un hombre que le juraba amor eterno y que no era yo.

El olvido



_ ¿Acaso no te acuerdas de ella?_ preguntó algo contrariada ya.
_Todos la conocían_ insistió y apretó mi brazo con su mano libre.
Me quedé pensando la respuesta precisa mientras cruzaba Ahumada hacia el poniente.
_No la recuerdo_ respondí al cabo de un rato al tiempo que miraba distraído la pantalla gigante sobre el edificio de enfrente y a la mujer digital que observaba sonriente el mundo tumultuoso de acá abajo.
Entonces sin percatarme resbaló su mano desde la mía y se quedó parada en medio de la calle viendo como yo continuaba mi camino sin volver la vista atrás.

martes, 1 de diciembre de 2009

Lectura y presentación

Lectura en Arte Litoral invitado por la Fundación Neruda en Isla Negra junto al taller Buceo Táctico.







Sábado 28 de Noviembre 2009 19:00hrs.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Esperando






Las esperas en las oficinas públicas o privadas tienen una estructura parecida. No importa mucho el trámite que uno vaya a hacer, lo moderna y cómoda o anticuada e inhóspita que resulte la dependencia. En todas ellas se respira el mismo perezoso y frustrante paso de los minutos.
Tomar el número del turno del dispensador y mirar algo dubitativo en donde ubicarnos, es un acto reflejo. Observar a nuestro alrededor algún asiento, si es que hay suerte, y apurar el paso para refugiarnos en él y así salir del campo de visión de todos los que como uno esperan que los atiendan, también lo es. Luego desde nuestro sitio, convertidos en un todo con los demás, es nuestra ocasión, primero de ir observando a quienes van llegando e ir desmenuzándolos en un montón de subjetivas apreciaciones. La mayoría de las veces equivocadas, y después proseguir calificando a quienes que al igual que uno, hacen lo mismo con nosotros. El realizar éstas clasificaciones bajo el peso de los detalles es un asunto entretenido, divertido casi, si es que se cuenta con una buena imaginación y además ayuda a que transcurra el tiempo un poco más rápido. Existen una variada gama de personas, personitas y personajes que deambulan por estos sitios. Los hay jóvenes y viejos, cultos y ordinarios, petulantes y humildes, ignorantes y uno que otro experto en esto de las esperas.
Algo que es una constante, es la cantidad alarmante de llamadas sin sentido que se realizan o reciben por teléfono. Abundan frases como “si, ya llegué” o “¿dónde estás?”, especialmente ésta última que suena algo urgente por lo general, como si nos desesperara estar en un sitio así, rodeados de desconocidos y necesitáramos dejar en claro que no estamos solos y que nos necesitan. Yo creo que por eso el éxito de los celulares. La necesidad imperiosa de sentirnos ligados a alguien, a estar ubicados en cualquier contexto, a hablar y que nos escuchen en cualquier lugar en que nos encontremos. Es que la soledad toma ribetes espantosos cuando estamos rodeados de gente.
Existen además, esa clase de sujetos especialistas en conseguir que los atiendan primeros. Algo que nunca he podido hacer por una cuestión de pudor creo yo. Estos personajes que son amigos de todos o al menos lo parecen y que, generalmente, te interrumpen tus profundas meditaciones con preguntas que rayan en el surrealismo tales como: ¿Hace mucho tiempo que está esperando? o en la desfachatez de meterse en cosas que no les incumben cuando preguntan: ¿y ud. a que vino?. La mayoría de las veces sucede que estamos pensando en estas circunstancias, algo contrariados ya, cuando en un acto absolutamente anormal, el mentado individuo reconoce a alguien en la ventanilla en cuestión y se dirige a saludarlo sigilosamente, terminando atendiéndose primero que todos y dejándonos de paso, con una profunda sensación de injusticia, a la cual estamos demasiados acostumbrados, y con la mirada atenta a ver si en una de esas reconocemos a algún amigo que nos pueda salvar del calvario de la espera, cosa que casi nunca sucede por supuesto.

viernes, 27 de noviembre de 2009

La manera de las cosas





La forma de deslizarse de un abrazo o de responder con un hola ahogado un saludo repentino. Ese modo de hacer las cosas que tiene, tan impersonal, eso que lo vuelve distante y frío en cada acto cotidiano que asume. El tono de los síntomas, en tono menor por cierto. Hay un poco de vergüenza ajena, de orgullo mal entendido, de pasividad incomprensible, de desazón e impotencia. Son la manera de las cosas, las grandes y las pequeñas, que se apretujan unas encima de otras restregándose en su cara. El temblor de una respuesta, la siguiente despedida, la música de fondo y una copa de vino frío. Es el tránsito de una casa a la otra y la nota en la pared de un volveré eterno. Son la voz impersonal de un lector de noticias, el sonido de la puerta al cerrarse y el crujir de un reloj agonizante. Es el espanto a la soledad absoluta y la duda, la inmensa duda mimetizada en un café, en el sonido del teléfono, en una mirada inoportuna o un gesto apenas imperceptible. La sospecha de que nada es lo que aparenta, de que seguimos la inercia de un parto inesperado a mitad de siglo y de esperar respuestas que no llegarán.

jueves, 26 de noviembre de 2009

domingo, 22 de noviembre de 2009

Latidos


"No estés mal, no has perdido tu vida porque nunca fue ni nunca sera tuya"

Alvaro Henriquez

viernes, 13 de noviembre de 2009

Fragmentos de un discurso amoroso





" Cuando imagino suicidarme por una llamada telefónica que no llega, se produce una obscenidad tan grande como cuando, en Sade, el papa sodomiza a un pavo. Pero la obscenidad sentimental es menos extraña, y eso es lo que la hace más abyecta; nada puede superar el inconveniente de un sujeto que se hunde porque su otro adopta un aire ausente, mientras existen todavía tantos hombres en el mundo que mueren de hambre, mientras tantos pueblos luchan duramente por su liberación... "

Roland Barthes

martes, 10 de noviembre de 2009

El último vómito del maldito Charles Bukowski


“Fragmentos de un cuaderno manchado con vino” reúne material publicado en revistas under y no tanto entre 1944 y 1991. Son 36 textos que van de la prosa al poema y del ensayo al experimento de estilo. Es “el eslabón perdido” de un autor clave del siglo XX.

Quince años después de enterrado, la panza del escritor norteamericano Charles Bukowski (1920-1994) vuelve a inflarse para eructar 36 piezas de valor histórico con palabras como hojas Gillette y un vaho al mejor vino barato de todos los tiempos. Publicado por editorial Anagrama, el libro “Fragmentos de un cuaderno manchado de vino” (2009) reúne ensayos, su primer relato, prosa metafísica, comentarios de libros y manifiestos donde Hank -como le decían sus amigos- resume su Ars poética: “Las palabras eran balas, las palabras eran rayos de sol, las palabras se abrían paso por entre la muerte y la perdición”.

Dentro de los hallazgos que le dieron el mote de eslabón perdido a este libro –John Martin de Black Sparrow Press lo denominó así, y el hombre tiene piso para hacerlo porque fue él quién apostó por Bukowski al darle un sueldo vitalicio cuando Hank resistía la vida con un empleo mugroso en correos- se encuentra la primera encarnación del alter ego literario de Bukowski, Henri Chinaski, quien en el relato de 1946 “La razón detrás de la razón” debuta como Henri Chelaski, un tipo brutal que apunta de humor negro alivia su absurda visión existencial: “El suicidio era mi mejor arma. Pensar en ello me daba cierta paz”.

LA SOLUCIÓN PORNO

“Consecuencias de una larga nota de rechazo”, el primer texto publicado por Hank, vio la luz en la revista Story en el año 1944. Es el primer golpe de una serie de ganchos a la mandíbula que trae este libro de 360 páginas y que contiene textos de publicaciones marginales como “Matrix”, “Trace o Los Angeles Free Press”. En la mayoría de ellos se lee su bronca contra la sociedad y su trabajo de ocho horas diarias y su redención en la escritura, el alcohol y alguna entrepierna.

“En defensa de cierta clase de poesía, cierta clase de vida, cierta clase de criatura llena de sangre que algún día morirá” (publicado en Earth en 1966) escribe: “Fíjate en la primera persona con la que te cruces por la acera: el color se le ha ido de los ojos; la manera de caminar es burda, violenta, fea; incluso el pelo de la cabeza parece crecerle de un modo enfermizo”.

En los setenta y ochenta el viejo se hace conocido. Lo entrevista Andy Warhol para la revista Rolling Stone, el filme “El borracho” con Mickey Rourke le tira los perros de la fama y empieza a escribir para Penthouse y Hustler.

“Por fin, tras décadas de cuartitos, bancos en el parque, los peores empleos, las peores mujeres, algunos de mis escritos empezaron a colarse, mayormente en las publicaciones porno. Vi que las publicaciones porno eran una salida estupenda: podías decir lo que quisieras y cuanto más directo, mejor. Sencillez y libertad al fin, entre las lustrosas fotos de coños”, anota en “Entrenamiento básico”, el último texto del libro. Publicado en enero de 1991 en la revista Portfolio el viejo se despide como empezó: “Quería perdurar pese a las trampas, morir ante la máquina con la botella de vino a mi izquierda y, pongamos, Mozart sonando en la radio a mi derecha”.


Texto escogido



Cómo viviré mañana

“Estoy aquí sentado, borracho, preguntándome cómo y dónde viviré mañana. El callejón no es sitio para un hombre que ansía la intimidad de sus pensamientos. Dicen que soy un buen poeta y manejo bien el pincel, y recibo cartas perfumadas de mujeres lejanas, pero estoy preparado para los cuervos contra el sol de mi razón, mientras escucho a Rachmáninov en la radio que mañana tengo que empeñar, te digo que somos todos locos e inadaptados y los funcionarios de la universidad que enseñan poesía desde las ventanas de campus tranquilos y polvorientos nada saben de estas paredes ni de las caseras del sur de Hollywood ni de los rostros destrozados en los callejones donde las palabras de Rimbaud o Rilke no valen ni cinco centavos, donde todo el amor del hombre y la vida no llegan siquiera a rollos de papel que aletean como nuestras sábanas, no llegan siquiera a las ratas que nos conocen y comparten nuestras callejas, nuestras pequeñas derrotas de las que nadie ha oído hablar”.


Rescatado Diario La Nación 10 de Noviembre 2009

lunes, 9 de noviembre de 2009

Consideración

A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas.
Marcel Proust

lunes, 2 de noviembre de 2009

Paris-Doudan




En Dourdan la gente revienta como ratas. Al menos, es lo que asegura Didier, uno de los secretarios de la oficina en que trabajo. Para soñar un poco, yo me había comprado el horario del RER - línea C. Me imaginaba una casa, un bull-terrier y petunias. Pero el cuadro que él me pintó de la vida en Dourdan era mucho menos idílico: vuelta a casa a las ocho de la noche, no hay ninguna tienda abierta; nadie viene nunca a visitarnos; el fin de semana uno se arrastra estúpidamente entre el congelador y el garaje. Un verdadero alegato anti-Dourdan, que Didier acabó con esta fórmula sin matices: "En Dourdan vas a reventar como una rata".
Sin embargo, le hablé de Dourdan a Sylvie, aunque con medias palabras y en un tono irónico. Esta chica, me decía a mí mismo esa tarde, yendo y viniendo con un cigarrillo en la mano, entre el distribuidor de café y el distribuidor de refrescos, es de las de las que vivirían de buena gana en Dourdan; si hay una chica entre todas las que conozco que podría querer vivir en Dourdan, es precisamente ella; tiene todo el aspecto de una pro-dourdanesa.

Naturalmente no éste sino el amago de un primer movimiento, de un lento tropismo que me lleva hacia Dourdan y que quizás tarde años en concretarse, y que incluso ni siquiera se concrete, que será contrarrestado y aniquilado por el fluir de las cosas, por el aplastamiento constante de las circunstancias. Es posible suponer, sin mayor riesgo de error, que nunca llegaré a Dourdan; tal vez hasta sea derrotado antes de ir más allá de Brétigny. No importa, todo hombre necesita un proyecto, un horizonte y un lugar de anclaje. Simplemente, simplemente para sobrevivir.


Michel
Houellebecq

domingo, 1 de noviembre de 2009

Carta a Nany


Mi estimada amiga:

No sabes cuanto lamento no haber tenido una moneda para darte. Después de todo nos conocemos de años y el no hacerlo me provoca un cargo de conciencia recurrente. El problema no es la vergüenza que estoy seguro ya no tienes, tampoco tu apariencia algo dubitativa producto del trago. Yo creo que el problema real es lo que representas: Una bella mujer derrotada por el sistema. ¡Es que tu lo representabas tan bien!. Eras una ganadora, con una renta envidiable, un régio vehículo y todo lo que sostiene esa clase de vida arribista. Pero que un descuido, un suceso trágico inesperado, destruye sin piedad alguna. Porque pese a todo las cosas nunca son lo que aparentan. La interrogante es confiar o no. Sólo nos queda lanzarnos al río sin saber nadar a ver si en una de esas flotamos.
La locura de que me hablas viene en aumento y te prometo que no se detendrá. la traición, el desprecio, la humillación, están inmersos en nuestra cotidiana vida. En realidad nada nuevo bajo el sol lo que te digo.
Un amigo con el que asistimos a unos talleres de pintura juntos, me cuenta que está que lo echan del trabajo. Me dice que los requerimientos apremiantes de su jefe lo tienen en la disyuntiva. Le digo que la decisión es simple. O vive como un simple hombrecito pobretón _algo a lo que está habituado_, o se vuelve un infeliz mariconcito con plata. La vida no está dando muchas facilidades que digamos. Hay, por concenso, que aferrarse a lo que sea. Si ya se que suena histérico, (quién no lo está). Pero es que es la idea imperante. Te digo que ya no importan los amigos, ni siquiera la familia y eso tú lo sabes muy bien. Es primordial el "bienestar" me dicen; La tranquilidad o la tenencia de la felicidad pura, la cual desde luego no existe y que vendría a ser una mezcla de estabilidad emocional, económica y por ende laboral,espiritual _para que el demonio no nos joda el alma_ y de todo un cuanto hay, esto último define los más descabellados deseos de la gallá. En definitiva, una verdadera mierda aberrante. Cosas de la globalización dirán otros más técnicos. Culpa del calentamiento global, de la baja del dólar, del ipc y de la conchadetumadre cómo apellidaría un escritor amigo mío. Entonces que nos queda por hacer a nosotros simples mortales desocupados. Cuales son nuestras expectativas de sobrevivencia digo, para aterrizarnos un poco. Hablo del cash necesario para parar la olla y pagar las cuentas, que es nuestra realidad última por vulgar que paresca. ¿Quién me dará la respuesta?, que no quiero volverme mariconcito como mi amigo que lo está pensando muy en serio.
Si amiga mía. La locura está en alza. el pandemónium de cosas que nos maltratan no cesa y no me queda ningún consejo decente que darte, salvo que te tomes uno a mi nombre y que fumes con los dientes apretados, que no nos queda otra, por el momento...

martes, 27 de octubre de 2009

4 TRES CIENTOS SESENTA Y CINCOS Y UN 366 DE ONCES




dada la continuidad de la ausencia de tibieza
considerando la permanencia de las carencias y
... las ansiedades que se perpetran cotidianamente
... y el frío sobre todo en especial o solo
... o el frío completo en salchicha con mayonesa viscosa
... seminal y estéril
... la sábana sucia que cubre monstruosos ayuntamientos
... la escasez de radiación solar
.......... (lo poco que alcanza a llegar a través del monóxido de
carbono, el humo de chimeneas pastizales que se
queman en febrero cigarrillos chimeneas tubos de escape tubos chimeneas humo)
.......... de la que tiene que atravesar además esa sucia
sábana que cubre apenas -como mera sábana polucionada-
esas teratológicas cópulas esos coitos de ahítos
................................. esas violaciones y estupros
.................................................... y las ondas
de radio en amplitud o frecuencia modulada
las largas y las cortas ondas
.............................. de radio de televisión o télex
las ondas que emiten las antenas emisoras
....................................y las receptoras, que también reciben
esas ondas que la luz solar debe atravesar
.........................................lo inconcebiblemente banal y eficazmente hipnógeno
de lo que se radiodifunde y televe
..................................lo opaco de los cristales
......................................"color humo por dentro
....................................espejo color bronce hacia el exterior"
.................................. los cristales que dispersan los que refractan
los que cromatizan la luz ..... lo exiguo de la tasa de luz que alcanza
a corresponder per cápita, por cabeza
...........................................lo gachas que se encuentran estas últimas
...........................................(lo desigual de la tasa de luz de cabeza a cabeza)
............................................lo sucio de la sábana que lo cubre todo
...............................................................................o casi todo
..........................................................................o hartas cosas
........................................ (la sucia sábana no se cubre a sí misma)
considerando también los olores a añejo, a podrido a quemado o
infectado
..........................................parece que como que hubiera que hacer alguna cosa.

........................................Aunque cabe la posibilidad de que sea mejor
...........................................................no hacer nada
...........................................................nada hacia la izquierda
............................................................ nada
......................................................hacia
....................................................la
......................................... derecha
...............................................nada hacia adelante tampoco, más aún,
especialmente, nada hacia adelante -está la inercia
.............................................................nada hacia atrás, no se puede,
trate usted de nadar hacia atrás, no se puede, la historia
.......................................................................no retrocede
-está la historia
-están las bayonetas de la historia bajo las banderas de la historia
-está la sangre en las bayonetas de la historia bajo las banderas de la
.......................................................................................historia
.......................................coagulada ya, reseca, más bien, como yesca
yesca de sangre sobre las bayonetas de la historia bajo las banderas de
............... la historia -de lo que está atrás
.......................(no fumar, peligro grave de incendios, demasiada yesca
-sangre seca- atrás)
Nada tampoco ni hacia arriba ni hacia abajo ni hacia adentro ni hacia .................................................................................... afuera
.............................nada hacer, no hacer nada
-cruzarse de brazos -sentarse en posición de loto -tirarse boca arriba y
-mirar el cielo
............................(nada hacia arriba; no pensar en escalar el cielo)
-tirarse boca abajo, la mejilla pegada al suelo
...........................................o hundida en el barro
(no pensar en hundirse; no evitar hundirse)
...............................al menos cabe la posibilidad de que eso fuera lo que
parece que como que hubiera que hacer, la cosa aquella
........................................................................... alguna
cabe la posibilidad de que eso fuese: alejarse de la acción
.......... con las manos en los bolsillos
o con las manos tomadas a la espalda
o con las manos enlazadas en la nuca
...................... o levantadas ..... mirando el suelo
................................................a patadas con las piedras
................................................aplastando descuidadamente
eventuales caracoles cuncunas, lombrices o cucarachas distraídos-as
............................. -jamás tomarán venganza-
alejarse de la acción: irse despacio a ninguna parte
................................pues no hay donde irse
................................pero hay que irse
-tal vez, digo yo, como que habría que irse....... -a ninguna parte
-tal vez haya donde esconderse, no sé
................................................ en todo caso sería preciso
no salir a la calle:
........................los sujetos que en París rayaron las murallas de mayo
graficaron las palabras francesas que traducidas al idioma español dicen:
.................... la/acción/está/en/la/calle
..........................................................y si hay que alejarse de la acción
sería inconsecuente tomar una micro
.......................tomar el metro, una liebre, un bus urbano o interurbano,
tomar
bebidas alcohólicas o de cola o cafecitos

habría que morirse de hambre, pienso
secarse en una esquina poco frecuentada o en un sótano oscuro, digo yo
porque las torres Santa María podrán ser los edificios más altos de
Chile
pero haga usted la prueba de subir
-tendrá que ir bien vestido-
tomar uno de esos ascensores que adivinan el pensamiento o poco menos
y que son tan veloces como altas son esas torres
y llegue lo más arriba que pueda, hasta la terraza, si es posible
actúe hacia arriba para después tirarse y no hacer nada
abastecido de libertad por lo libre de la caída
que te hace abrir los brazos y planear, acercándote a tu reflejo
que se acerca hacia arriba desde los espejos de agua
con tu imagen multiplicada por los vidrios que por fuera son espejos
que reflejan tu imagen cayendo de modo que tú no alcanzas a ver adentro
pero que no les impide verte dentro pasar volando en caída libre
-y creerían que pasó un ángel y habrá un momento de silencio...-


No podrás: alguien sujetará a usted del brazo justo a tiempo
............. alguien o algo, algún robot por ejemplo
..............y alguien -o algo- llamará a una ambulancia
a través de un citófono a un teléfono que llamará a una central que
.......... pasará el mensaje a otro teléfono etcétera
todo a velocidad escasamente menor que la de la luz o la de tu cuerpo
en la frustrada caída
.................probablemente el radio del radiopatrulla no será necesario
habrá una sirena o tal vez no, habrá en todo caso un silencio eléctrico
de terapia de choque ...... tac/
....................................... un vacío
................................................y un hueco para ti en una terapia
............................de grupo
..................... de un grupo cualquiera
y sean cuales fueren los cuentos que te cuenten, desgraciado
la cuenta que te pasen
...........................saldrás del hospital clínica o centro médico
tarareando gracias a la vida
motivado por los avisos y consejos de la publicidad que nos ayuda a
vivir mejor
...............desde la radio o el televisor
que tanto habrán contribuido a tu curación
.................................rumbo al local más cercano
................................ en que se pueda jugarle una cartilla a la
Polla Gol ....................a cambio de un templo donde sacrificar un
gallo a Esculapio ........que ya no se usan esas cosas, pues hombre
.................................para después entretenerse un rato mascando
chicle de un sabor predilecto
......................................en la máquina de pinbol o pinpong electrónico
..... O sea que en resumen habría que morirse sin alharaca
..... sin pánico cundiendo ni cúnico pandiendo ni púnico candi endo

suave, callado el loro
.........................-- morirse
o quedarse en la vereda como un pedazo más grande que el promedio
...................................de basura
saboreando algo así como un candi masticable o un goyak
y hasta incluso un caramelo bueno, de Serrano, o fino,
de Ambrosoli,
................pero muriéndose,
....................................... muriéndose sin alharaca,
......................................................muriéndose.


Rodrigo Lira
Revista "La Bicicleta". 1980

domingo, 25 de octubre de 2009

Dia raro


¡Fuera! ¡Basta! ¡Si, soy un bicho bolita! Soy un bicho bolita ¿nunca viste uno? ¡Uy dios mío que hincha pelotas!… está bien, está bien, está bien, me hago bolita…mira…ahí tienes…¿conforme? Ahora déjame en paz por favor, no estoy tan al pedo como tú. Tengo ¡pro-yec-tos! ¡tra-ba-jos! ¡Saca la mano, ya te mostré, fuera! Que pesadilla interminable. Para que habré venido hasta aqui. Ah, si, para el funeral de Marcel.

Copiado del Blog de Igor
Buenos Aires
Argentina

martes, 20 de octubre de 2009

Declaración SECH San Antonio.


La SECH provincial considera que dada las condiciones político-culturales que determinan el periodo, se hace necesario emitir una declaración, que intenta ser analítica, que aluda a algunos hechos relevantes para nuestra comunidad y que está en relación directa con nuestro trabajo, casi siempre centrado en la promoción del libro y la lectura, y en las escrituras que surgen del territorio en cuestión.

En primer término nos sentimos como agentes e interlocutores significativos de la cultura local y nacional, no sólo porque somos un gremio que tiene una trayectoria importante institucionalmente, sino porque hay proyectos de escritura que lo avalan.

Como gremio, y también como escritores particulares, hace un tiempo largo que hemos hecho un llamado de atención a las autoridades por el uso abusivo y burdo que se hace de la noción "litoral de los poetas", promovida por el oficialismo y por agentes políticos gubernamentales y privados (aliados en proyectos de "desarrollo", generalmente del rubro turístico-gastronómico). Aquí el tributo es mínimo, quizás la pura mención, y al gremio no sólo no se lo toma en cuenta, sino que se lo desprecia.

El otro punto al que queríamos hacer referencia es el que tiene relación con el proyecto Centro Cultural Integrado que impuso la autoridad, sin atender a los diagnósticos previos que han realizado muchos agentes culturales locales. En este punto había prioridades que el proyecto no contempla, ya sea el tema bibliotecario y la perspectiva educativo-cultural, que nosotros y nuestras organizaciones aliadas hemos discutido durante tantos años (Espacio cultural, Escuela 1 y otras organizaciones sociales y culturales). Lo que nos parece grave es que existe la posibilidad de que recursos de todos los chilenos sean manejados por una corporación compuesta por el empresariado, lo que supone un sesgo impresentable. Esto sumado a la presencia siempre invasiva de una municipalidad que, en la práctica, está constituida en un poder fáctico. Nosotros reclamamos el derecho a formar parte de esa instancia, por ningún motivo vamos a permitir que un bien patrimonial, construido con recursos de todos los chilenos, se entregue a manos privadas así como así. Creemos que podemos y debemos formar parte de un equipo de gestión que pueda hacerse cargo de una institución que, aunque parte cojeando, hay que asumirla, porque corresponde a un voluntarismo oficial, el que además, vamos a estar obligados a agradecer, con ese estilo humillante con que las autoridades "suelen beneficiarnos".

Por otra parte ponemos en tela de juicio a las autoridades por eludir y hasta omitir el tema de un proyecto bibliotecario moderno para nuestra ciudad, optando y apoyando sin ningún pudor, proyectos empresariales que han provocado un daño profundo en el imaginario urbano de nuestra comunidad, como es el proyecto Mall-Casino. El contraste es evidente.

El municipio y la gobernación (el gobierno) ha privilegiado el evento de contenido levemente cultural por sobre el tema infraestructura y la solidificación de estrategias potentes, medio y largo placistas. Estos y otros temas nos gustaría conversar con la autoridad y compartir con la comunidad, penando siempre en el desarrollo territorial.




Marcelo Mellado



Publicado en El Líder San Antonio, jueves 15 de octubre de 2009.

viernes, 16 de octubre de 2009

Buscando su dirección

Aclaración

"Las noticias sobre mi muerte han sido exageradas"

Mark Twain

Miedo


" Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso. "


Raymond Carver

sábado, 3 de octubre de 2009

Aburrido


Hoy Martes, porque es Martes en estricto orden semanal
y con la hora marcando el paso. El desfile agobiante
que minutos muchos más que menos
agregan vacíos al ser. O sea me envejecen ¿me entiende?
Hoy día martes, con el ruido del mundo zapateando en una oreja
y con el sol tan alto como le es posible.
Hoy Martes me declaro cansado. Léase hastiado, hasta la coronilla y aburrido,
muy aburrido de todo y de nada
Con la inapetencia glacial invadiendo la república de mi mismo
y sus provincias y sus colonias y todo donde estuve o estoy
Con las emociones botadas a huelga
atiborrado de la vulgaridad diaria, que esa si que es harta
y bucólica
Sin gloria ni pecado que pueda revertirlo
aburrido de la puta vida que cobra caro a los sin plata como yo, que no tengo
y nunca voy a tener, lo se
a menos que la suerte se equivoque o se apiade
y pueda comprarme emociones clandestinas, que esas si son fuertes,
remecedoras y despierta muertos
porque lo estamos por si no se ha dado cuenta.
Cansado y aburrido
Mascando chicle dos en uno que no es lo mismo que uno en dos...
o uno para dos
algo que en principio fue buena idea
pero que nunca debió serlo
Ciertas cosas no se autorizan, pero igual se hacen
y yo las hice y ya no quiero hacerlas
Para que me entienda bien.
Hoy día la vida abrió la jaula y no quise volar
Que la vida sin plata es miserable ¿no cree ud?
con la tripa vacía y la garganta seca me apagaron la chispa
y me aburrieron.
Ah! nefasta realidad mercantil
si ni un miserable poemita como este me entretiene
Mascando chicle y con las manos en los bolsillos
y si, es verdad, se pueden hacer ambas cosas
al tiempo que me derrito al sol
Paresco un charco en el pavimento
Contando autos, hormigas, gorriones y viejas gordas
alisandome el pelo con dos dedos y escuchando el tic tac angustiante
Desquiciado en un tono mayor, estridente y vacío
Hoy Martes, hastiado de todo y de todos, me declaro en duelo absoluto
Hasta nuevo aviso, osea que voy y no se si vuelvo
Sin cargo de conciencia para ir liviano
Ciertos viajes son largos y hay que ir solo
Martes, Martes!! que no me gusta el día ni la hora
ni que me digan que no me embarque
y yo que pagué el pasaje con Bip y en primera clase
al ladito del chofer para saber donde mierda vamos
para no perderme las maravillas de la vida que ando buscando
Aburrido, desquiciado, medio loco ya
Mordiendo el cigarro que se acaba ¡Por la puta si es el último!
y el Martes lánguido y miserable no se marcha.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Yo no voto

He de señalar que nuevamente somos objeto de la más grotesca y aberrante burla. Maquinada la misma para reírse de nuestras insignificantes pequeñeces, de nuestras revueltas inconducentes o cualquier tono discorde a su programática confabulación.
Se podría decir que solo sufro de un repentino arrebato paranoico u esquizoide y que la realidad dicta mucho de lo que asevero, mas les aseguro que no es así
El desencanto con nuestra seudo democracia es terminal. No existe proceso más cínico e hipócrita que este. Se encuentran toda esa pléyade de candidatos pintarrajeados en sugerentes tonos opuestos, pero que comparten en su interior el alma negra de quienes ambicionan el poder a como de lugar. Haciendo de paso, oídos sordos a cualquier protesta por justa que esta sea.
Considero pertinente señalar con certeza. Para quienes aún esperan ilusionados a casi veinte años de la preparación del carnaval, Que la mentada alegría no llegará. No era posible que aquello sucediera. Los que fueron elegidos para traérnosla yacen absortos en el beneficio propio. Un proceso degenerativo fraguado desde el mismo término de la dictadura. Nos han mantenido sedados y astutamente han sacado provecho de nuestra somnolencia. Nos manejan en un puño y ni siquiera nos percatamos de esta desgracia.
Y aquí seguimos. Contemplando nuevamente los discursos repetidos, las sonrisas falsas que nos observan desde cuanto afiche desplegado sobre nuestras cabezas. Escuchando las consignas que se aúllan desesperadas, peleando a patadas por un cupo de poder con traiciones y bajezas de la peor calaña. Candidatos caricaturescos, cómicos en su impostura, títeres más que nada, cuyos hilos todos sospechan quienes gobiernan, pero que nadie admite saberlo. Si, es una grotesca y aberrante burla, si pensamos en las precariedades diarias de nosotros “los manipulados inconcientes”, los de las cifras micro, los desvinculados, (sin trabajo, cesante. Hasta flojo de mierda me han dicho). Los únicos que nos apretamos el cinturón cuando nos lo piden, los que tenemos que dar el mejor esfuerzo cuando las cosa van mal, como si no lo hiciéramos siempre; Nosotros que esperamos la prometida recompensa que nunca llega. Nosotros las víctimas de esta patraña democrática.
Quiero decir entonces, aunque puede que no le importe a nadie, que yo me niego y reniego a participar de esta comedia irrelevante, y no por el hecho de ser un resentido intrínseco, sino más bien por un asunto de dignidad que aún conservo pese a sus salvajadas corrompedoras. Yo no quiero una cuota de poder o un segundito de fama. Me da asco participar en el festín de los vencedores. Por todo esto es que me abstengo de toda posible y desahuciada gloria. Yo no elijo lo inelegible. Yo no voto.

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Quién paga los platos rotos?



Tengo la impresión de no poder sobrevivir estas "fiestas". Por un asunto de disposición animica y también económica desde luego.

domingo, 23 de agosto de 2009

Por vino me quedé sin penas


La culpa fue del vino le dije, mientras me vestía y ella desnuda miraba el cielo tendida sobre la cama. Hay culpas imposibles de asumir. Y en cierta forma pudiera ser comprensible. Existía toda esa mezcla odorífera impregnando la atmósfera, ese estremecimiento visceral enardeciendo la piel y el salobre sudor mezclándose con saliva en la comisura de los labios. Estaba la sensibilidad angustiosa en la yema de los dedos y la urgencia extrema de perderse en un abrazo en la antesala de la embestida inicial. Pero insisto, la culpa fue del vino, un cabernet de excepción, de afrodisíacas y almizcladas cepas, que cual poción milagrosa, sembró el rubor en las mejillas asombradas derribando de paso cualquier asomo de pudor u decencia según como se mire.
La culpa la tuvo el vino y el par de botellas vacías que yacen victoriosas sobre la mesa recogen mi silueta totalmente saciada que huye rumbo a la puerta. Escapa de lo que vendría, de lo que yo suponía inevitable y para lo cual no poseía respuesta alguna. Pero nada de ello aconteció. Ninguna sílaba pronunciaron sus labios aparte de un inaudible hasta pronto resignado y un último abrazo de despedida. Entonces fue que el vino inocente, en un acto de venganza justiciera por tantas condenas en noches como ésta, escanció de un golpe la culpa sobre mí.

martes, 18 de agosto de 2009

LA OTRA PESCA




Existen ciertos cambios que son necesarios. El hacer un punto aparte justo a tiempo frente a la rutina indiferente, la impotencia y la desdicha. Un cambio drástico de trabajo, de ciudad, hasta de amigos, provoca el renacer de la capacidad de asombro, la perplejidad necesaria para reencantarse con el mundo cuando éste apesta más de la cuenta.
Cuando al territorio lo transforman y nos impiden habitarlo. Cuando el progreso mal entendido subyuga nuestras tradiciones y costumbres, toda nuestra precaria cultura. Hasta nuestras más básicas y rudimentarias formas de sobrevivencia. Allí es necesario e imperioso el cambio. El traslado desde esos lugares desérticos hacia una nueva tierra fértil y promisoria.
Y la travesía debe hacerse en silencio cual rito fúnebre. Una suerte de duelo por la muerte que va quedando atrás. Porque cada cambio es la muerte de viejos deseos y el renacer de otros nuevos. En definitiva la muerte siempre implica, aparte del dolor cauterizado por el llanto, el florecimiento de otras esperanzas, de nueva vida. Existen otros horizontes que debemos perseguir en nuestro cambio de timón. En algunos casos, la búsqueda de la verdad última, el amor verdadero, la dignidad y justicia perdidas. En otros, la creación como sustento de ideas y desarrollo. El relato del entorno para preservar la memoria.
Es en este contexto y en el marco de una serie de trabajos audiovisuales que se realizarán propiciados por la CNCA, en el que existe un proyecto en que participaría activamente el Taller Buceo Táctico. La perfomance de concretarse consistiría a groso modo en el traslado de una embarcación u bote pesquero, tirado por un determinado numero de personas. Se partiría desde el muelle artesanal, pasando frente a la mole de hormigón que es el casino poniendo como punto de destino la Escuela 1 o nueva Escuela como la llaman algunos, con toda la significancia que ello conlleva. De ser así, sería el responso necesario para Denis Muñoz Aguilera, Pescador que agobiado por la crisis terminal que afecta a su rubro y que nadie hace nada por resolver, pusiera fin a su vida esta semana como último recurso desesperado frente a nuestra impávida indiferencia.

martes, 28 de julio de 2009

Haiku


De madrugada,
negros cantos de pájaros.
Quejas del alma.

Ley de Murphy


Si esperas un autobús que no llega, o un taxi o que empiece la sesión de una película (cualquier actividad en la que esté prohibido fumar), enciende un cigarro e inmediatamente aparecerán autobuses, taxis y empezará el cine.

Juliet, Juliet...

jueves, 23 de julio de 2009

GRAFFITI

El trabajo dignifica al hombre; lo que le degrada son los sueldos

El brindis de despedida


Fue en el año 1985. Osvaldo Villanueva intentó dos veces quitarse la vida y no lo consiguió. Cansado de la insatisfacción permanente de sus días, de la amargura crónica que envolvía sus palabras. Pensó en el suicidio como única solución a tan desastrosa existencia. La razón de tal comportamiento la encontró luego de largas sesiones con su siquiatra. Según éste, su depresión se debía a la muerte de sus padres. Esto último ocurrió durante su niñez, pero ni siquiera él lo recordaba claramente. Saber que lo del fuego fue un accidente y que la providencia o más bien la suerte, (Osvaldo era un ateo acérrimo), lo salvó de morir quemado igual que sus padres, no disminuyó ni un ápice su fatalidad.
La primera vez fue un sábado por la mañana. Luego del desayuno y haber revisado el periódico. Ató el extremo de una cuerda a la viga que pasaba por el cielo de la vieja cocina y el otro extremo lo anudó fuertemente a su cuello. Saltó entonces de la silla en donde se había subido, pero la viga semipodrida no resistió sus 90Kg. de peso y toda su humanidad fue a dar al suelo en un aparatoso aterrizaje. Para la segunda ocasión optó por las píldoras. Se tomó decenas de pastillas tranquilizantes mezcladas con la mejor botella de ron que tenia en la licorera. ¿El resultado?, una pérdida parcial de la memoria inmediata y un desastroso dolor de estómago luego del lavado que le hicieron en la posta central. Sólo recuerda una serie de sondas entrando y saliendo de su cuerpo y la inmutable indiferencia de las enfermeras, seguramente hastiadas de los frecuentes casos como el suyo. Así es que definitivamente desechó de momento la idea del suicidio. Al menos hasta encontrar algún sistema más eficiente y menos doloroso.
Convencido de ser presa de una mala suerte congénita. Decidió enfrentar sus fantasmas depresivos, total que puede perder. Opta entonces, por disfrutar lo que más pueda los años que le quedan de vida. Pensando claro, antes de encontrar una nueva ocasión de suicidarse. Es aquí que invierte la mayor parte de su salario en comprar valiosos y elegantes trajes. También unos zapatos a la moda y un elegante reloj, y un sombrero de tela, que aunque no se usan, siempre quiso tener uno. La mayoría de sus chaquetas son de cuello alto para intentar ocultar la desagradable cicatriz que le cruza el cuello producto de su primer intento. Así es que aperado en todos estos detalles cosméticos se lanza al encuentro de cuanto evento social tenga conocimiento. Rodearse de gente era la mejor terapia que pudo imaginar e increíblemente, la única que su siquiatra no le recomendó. Siempre sospechó de él. Era probable que fuera tan amargado como él mismo.
Se hizo habitué de cines y teatros. Asistió a cuanto evento artístico o deportivo hubiera y fue asiduo oyente a los mítines políticos de la época. Iba también a clubes y discotecas, en donde se hizo conocido por sus generosas propinas. Tenía Osvaldo la caballerosidad precisa para tratar a la variada fauna que rondaba aquellos lugares y por ésto también lo reconocían. Y así todo se transformó en una rutina. El constante deambular de local en local, de calles y más calles huyendo bajo sus zapatos. Buscando en el lugar más inesperado quién sabe que esperanzadora redención.
Fue en uno de estos clubes que la conoció. No recordaba el nombre, sólo que estaba al final del callejón y que eran las cuatro de la madrugada. Su nombre era Natalia y era bailarina del local. Bueno, en realidad era toplera, striptisera o como quiera que le digan. Eso no le importó. Criatura más hermosa que ella nunca había visto. Se enamoró perdidamente de aquella mujer de pelo negro y mirada calma, sosegada, al igual que sus palabras. Asistía todas las noches que actuaba a ver su show y era el único que enviaba una caja de chocolates al vestuario de la chica. Ella sonreía agradecida, pero a su jefe el asunto no le parecía nada bien y cada vez que podía la sermoneaba por compartir demasiado con ése cliente. Sin embargo a ella no le importaban sus opiniones, por el contrario. Incentivaba las visitas de Osvaldo ya que también le había atraído. Le llamaba la atención lo educado que era y su mirada franca, directa, que en el fondo ella creía adivinar una inmensa soledad y ternura. Sería que a ella le pasaba algo parecido. La soledad acompaña a todos los que rondan éstos sitios.
Pasaron tres meses de haberla conocido y ya la acompañaba hasta el lugar donde vivía. Al cabo de un tiempo empezó a quedarse al menos unas dos noches a la semana, luego fueron tres, hasta que un día decidieron juntarse a vivir definitivamente. Transcurrió un tiempo más y Osvaldo le pidió que abandonara su trabajo. Le explicó que con el sueldo que él ganaba era suficiente para mantenerlos a los dos, que él cubriría cualquier necesidad que ella tuviera. Natalia aprobó de buena gana la idea y al día siguiente le dijo a su jefe que renunciaba. Éste aceptó a regañadientes. Era la mejor chica del local y de seguro perdería algunos clientes. Pero a pesar de aquello igual le deseó suerte en la nueva vida que comenzaba.

Osvaldo era feliz. Su vida transformada por completo giraba en torno a ésta mujer. Todas sus conversaciones, ya sea en el trabajo o en el almacén en donde hacia sus compras, tenían como tema principal su relación con Natalia. Los vecinos del barrio comentaban lo cambiado que estaba. Si hasta conversador se había puesto. Sus ojos se iluminaban solo al mencionarla. Ella, que por entonces ya tenia varios meses de embarazo, había aceptado casarse con él. Para aquello reservaron hora en el registro civil y prepararon una pequeña celebración a la cual solo invitaron unos pocos compañeros de trabajo de Osvaldo, dado que no era posible hacer lo mismo con Natalia. A ella su familia la abandonó siendo pequeña y pasó la mayor parte de su niñez en orfanatos. Un día se escapó y de una u otra manera logró sobrevivir. Por lo tanto no tenía a nadie conocido a quien invitar a su boda.
Los meses fueron transcurriendo raudos y el vientre de Natalia cada vez se hizo mas abultado. Osvaldo aseguraba que sería una niña y ella decía lo que mi Dios quiera. Previsores, ya habían adquirido ropa para la criatura, pero en colores neutros con tal de que pudieran ser usadas de todas maneras. Él arregló una habitación y la llenó de numerosos juguetes. Por su parte Natalia, pese a no saber nada de costura, confeccionó un hermoso juego de sábanas para la cuna de su bebé, con bordados de flores y dejándole el espacio suficiente para poner las iniciales. Dependiendo de lo que fuera. Porque ya tenían sus nombres elegidos. Serian los de ella, Natalia o los de él, Osvaldo. No pensaron en ningún otro porque solo estaban ellos. Era de ellos su felicidad. No existía nadie más en sus vidas y la verdad es que poco les importaba porque eran felices igual, de todas formas, como aferrados a esta felicidad cual tabla de salvación en un mar inhóspito. Esa alegría de vivir tan esquiva para ambos tiempo atrás, contra viento y marea, con los dientes, con el alma en cada acto, hasta el mas simple y cotidiano, como el de preparar la maleta para la hora señalada, el momento del parto, que ya llegaba aquella noche…


Me estaba quedando sin el final de la historia. El auxiliar del bus nos hacía señas de que debíamos abordar para continuar el viaje al norte. Llevábamos 10 horas de marcha y nos quedaba algo similar para llegar a destino que era la ciudad de Iquique. Nos habíamos detenido para llenar el estómago, estirar las piernas, fumar un par de cigarrillos y más de alguno, como en mi caso, bebernos una cerveza para capear el calor que reinaba allí en medio de la nada. Esto aconteció hace dos años más o menos. Entonces viajaba constantemente por razones de trabajo a distintas ciudades del país. Era vendedor de una empresa de repuestos y me trasladaba de aquí para allá con mi maletín lleno de ofertas, aumentando considerablemente el kilometraje de mis huesos. El 2003 los vuelos en avión no eran convenientes para mi bolsillo.
Lo primero que llamó mi atención al descender del bus, fue el mendigo que se acercó al chofer a preguntarle si le podía limpiar el parabrisas a cambio de algunas monedas. Me fije bien en él. Era un hombre corpulento, algo encorvado, con su pelo canoso desgreñado. Su aliento apestando a alcohol y su mirada extraviada daba cuenta de largos años en ese estado, sin embargo se notaba algo en su manera de hablar que llamó mi atención. Era su voz profunda e inusitadamente calma. También estaban esos ademanes exagerados, indignos, casi humillantes que pretendían ser agradables con el único afán de ganarse un trago. Me acerque a él y le ofrecí una cerveza helada, la cual agradeció de sobremanera y comenzó a contarme aquella extraña historia. Vestía unas ropas bastantes desaseadas y lucia una barba de varios días, su mirada vidriosa se estacionaba por momentos en el espejo contemplando su reflejo y hacia pausas demasiado largas para mi gusto, pensando obviamente en que tenía poquísimo tiempo de escucharle.
El auxiliar hizo el último llamado y me subí al bus a regañadientes, preguntándome que habría sido de Osvaldo, de su mala suerte y de su amor por Natalia. Cuando estuve en mi asiento al lado de la ventanilla, el bus encendió el motor y comenzó a ponerse en marcha, fue entonces que el mendigo, que nunca me dijo como se llamaba, se acercó un poco al bus y levantó el vaso a modo de despedida y desde arriba pude ver, bajo el cuello subido de su chaqueta, la cicatriz que serpenteaba su garganta. No alcancé a despedirme, porque el bus ya continuaba el viaje.

domingo, 19 de julio de 2009

Graffiti

Estaremos siempre al lado del gobierno... porque si vamos delante nos cóje, y si vamos detrás nos caga.

domingo, 12 de julio de 2009

Pussycat


El tiempo nunca es como queremos, las horas adquieren esa duración impensada dependiendo de las circunstancias. A veces las horas son interminables y desesperadas, imposibles de soportar, y otras se escapan furibundas e instantáneas por un destino impensado. A veces solo escucho el gotear interminable de la llave que me dijo reparara y que no hice. A veces no quedan más que siluetas fantasmales bailando y riendo a mí alrededor. Supongo que no estoy alegre, aunque triste tampoco estoy. Pussycat se fue a la salida del sol con destino desconocido. Dejó su cepillo de dientes, unas medias rosadas y una argolla de plata que encontré ésta mañana debajo de un sillón. El café humeante que sirve Javier en el lugar de siempre, no huele igual y los cigarrillos sin filtro son más fuertes que nunca. Al leer el periódico ya nadie me interrumpe para preguntar por el horóscopo del día, ni para criticarme por fruncir demasiado el ceño. Ya no tengo que atorarme con las tostadas por apurarme en ir a dejarla al trabajo, ni limpiarme el lápiz labial que dejaba en mi mejilla al despedirse. No tengo que romperme la cabeza pensando en la marca de leche descremada que me encargó le comprara. No tengo que comprar entradas para el teatro del Viernes, ni reservar mesa para dos en la cena acostumbrada de fin de mes. A veces me sorprendo reservando su revista quincenal en el kiosco de la esquina o comprando una pizza para dos a la hora del té. No he cambiado las flores marchitas que dejó en el jarrón de la mesa, ni he borrado el beso que estampo en el espejo al marcharse. Pussycat se marchó hace tantos días ya, pero aún sigue por aqui...

El hombre en el espejo

domingo, 5 de julio de 2009

Mi yo desterrado

El cliente pasajero



Me despertó el sonido estridente del timbre. Comúnmente me duermo como un tronco, pero de un tiempo a esta parte cierta necesidad insatisfecha que transita por mi dermis provocando un desasosiego insomne puede más que el cansancio. Llevaba alojado en esa residencial cerca de cinco días y todavía no lograba acostumbrarme al metálico y monocorde llamado que solía ahuyentarme el sueño en mitad de la noche. Más que una residencial normal, aquel lugar consistía en unas piezas de dudosa construcción en donde alojaban esporádicamente pasajeros, que como yo, se quedaban por lo general un par de semanas debido a su cercanía al centro de la ciudad y sobretodo por sus bajos precios, los que obviamente impedían cualquier asomo de reclamo o protesta por malestar alguno. Al poco tiempo comprendí que el verdadero negocio era arrendar las piezas por horas a furtivas parejas en mitad de la noche, y recordándolo bien, creo que era un excelente negocio dada la cantidad de parejas que acudían a aquel lugar. Pareciera ser que la orden del día fuera joder y joder hasta más no poder. Comprenderán uds. que no solo el timbre me mantenía despierto. En más de una oportunidad los jadeos y aullidos histéricos de alguna quejumbrosa y acrobática pareja arriba de la cama al otro lado de mi delgada pared lograban definitivamente desvelarme.
Los pasos de la encargada, severa administradora del sitio aquél, se arrastraron por el piso haciendo crujir la madera y tintinear los adornos de cristal que colgaban con absoluto mal gusto por todo el pasillo. Era ésta una mujer de gruesas y prominentes formas, especialmente su busto. La dama en cuestión sobresalía por tener un inmenso par de tetas que resultaba casi imposible desviar la mirada y evitarse pensar divertidamente en el equilibrio que ellas hacían sobre su pecho para no escaparse enloquecidas en cualquier dirección. De rostro siempre ojeroso y cabello desgreñado,
su mirada hosca y amenazante impedía cualquier atisbo de acercamiento amistoso hacia ella. Daba la impresión que siempre estaba recién despertando de un profundo
sueño, aunque realmente nunca supe si de verdad lo hacía, ya que siempre estaba atenta a todos los sonidos del hostal y si algo la contrariaba se ponía de píe refunfuñando un par de frases inteligibles y siempre caminando con una lentitud exasperante.
_ ¡Ya van, ya van!_ Exclamó molesta por haber despertado para atender a quienes urgentemente deseaban un nidito de amor. Eran cerca de las cinco de la madrugada y el amanecer se adivinaba en el color del cielo, en el trinar de algunas aves posadas sobre los alambres del tendido eléctrico y en el aumento paulatino del tránsito de vehículos que viajaban rumbo a quién sabe dónde. Era muy probable que a la regente no la invitaran desde hacía bastante tiempo a un lugar como aquél a hacer cosas como aquellas, y tal vez de ahí provenía su agrio genio. La imaginé bostezando enfundada en esa bata de dormir de un azul desteñido, abriendo la puerta, transando el precio con los posibles clientes para luego pedirles la identificación. Con su voz grave y casposa por el tabaco, la escucho decir un par de palabras de advertencia acerca de no se que problema de higiene y conducirlos a la que sería su pieza, justamente al lado de la mía.


_ ¿No se acuerda de mi? _ Preguntó el hombre con su rostro pegado al cuello de la mujer sentada en la barra de aquel atestado bar. Vestía ella un ajustadísimo jeans y una polera blanca que no ocultaba en lo mas mínimo la aureola inquietante de sus pezones. Su pelo de un color rubio indefinible producto de alguna tintura de mala calidad, caía sobre su ojo derecho haciendo algo enigmática su expresión. Eran cerca de las cinco de la madrugada de aquel viernes y la risa y los gritos surgían espontáneos producto del alcohol que calentaba la sangre. Ella lo miró como entre brumas, como si un lejano recuerdo nublara su mirada. Su mano elevó la copa a modo de brindis de bienvenida y apuró su contenido de un sorbo. Los tragos de más hacían precario el entendimiento y la música estridente que apagaba
las voces la forzaron necesariamente acercarse mucho para escuchar las palabras que pronunciaba éste individuo. Lo miró con tristeza. Añorando viejos tiempos olvidados en otras noches más amigables que éstas y que nunca volvieron. Años a la espera entre bailes y fiestas, aguardando el paso seguro de aquél que se presentaba ante ella y que sin embargo estaba segura, no era. La transacción fue rápida. El hostal archí conocido por ella quedaba a pocos pasos de allí, cruzando la calle. Comprobó si traía dentro de su bolso los preservativos necesarios para la ocasión y se dispuso a continuar con la trama eterna que el destino reservó para ella, dejando además esa conocida sensación de angustia que generalmente combatía con alguna pastilla contrabandeada por su amiga enfermera o por algún polvo blanco camuflado en el baño que la hacían olvidar por un rato su obsesiva depresión. La noche estuvo floja. La culpa era de la fecha, a mediados de mes el dinero escasea en la mayoría de los bolsillos, especialmente en los de aquellos que buscan compañía de alguien como ella. Las sombras se aprestaban a iniciar la retirada ahuyentadas por el parto del ruidoso nuevo día. Era tarde ya y el sueño y el trago le habían amargado el ánimo.

Intenté dormirme. Metí mi cabeza debajo de la almohada y me cubrí por completo con las sábanas, pero era inútil. El sueño huyó y muchos recuerdos acudieron a mi memoria. Pensé en la urgencia de dormir y en el dinero gastado en esa miserable pensión, vieja y sucia, llena de baratas que recorrían las paredes en forma frenética y que ya me había cansado de espantar. Pensé además contrariado, en que tenía que levantarme temprano para ver la posibilidad de algún trabajo, que a fin de cuentas era a lo que había regresado, gastándome de paso hasta el último peso que tenía reservado para ese único y determinante objetivo.
Hacia varios años que no venía a ésta ciudad. La conocía bien es cierto, sin embargo algo había cambiado en ella, aunque no podría precisar exactamente que es. Eran las mismas calles, las mismas casas viejas con sus colorinches tonos, la misma avenida principal con sus árboles desnudos de hojas como mudos espectros casi resecos por el sol, las mismas torres eléctricas colgando de los cerros amenazadoramente y con el mismo sabor salado del aire partiendo la piel, ése que tan bien conocí en un millar de noches largas y descarriadas que se ocultan en algún rincón de mi memoria y que tienden a aparecer en noches como ésta, cuando el quejido leve y dulce de una mujer se filtra a través de la pared. También estaba lo otro, pero de eso no vale la pena acordarse, o quizás ella no se acuerde y quién sabe, tal vez jamás lo hizo.


La mujer arrastró al hombre por la calle solitaria y fría. Éste la abrazaba torpemente y a la vez que hundía su cabeza en el pecho de ella le confesaba sus impostergables deseos. Se podría decir que intentaba caminar, porque trastabillaba cada cierto tiempo producto del ron y otros entremezclados licores que embotaban su cabeza. Su aliento alcohólico no era lo que la molestaba. Tampoco esa manera tan grotesca de recorrer su piel con esas manos ásperas por el duro trabajo que realizaba en el interior. No era que estuviera casi inconsciente, ni la manera brusca, casi brutal de acoplarse sobre ella; No era su súbita explosión de ternura al momento de pagar con esa expresión de niño culpable que tan bien conocía. Lo que verdaderamente la aterraba, era la espera interminable del amanecer, sola, siempre sola, pues las horas pagadas se terminan y hay que marcharse, ella a su casa arrendada al final de la calle y él, avergonzado, se iría a su hogar y probablemente le mentiría a su mujer, le hablaría de la juerga con los amigos por un motivo innegable y de la comida y de los tragos de más, pero de ella, pese a haberle jurado que lo traía
loco y que estaba inclusive medio enamorado y que era la primera vez que lo hacía, y de un montón de otros que. De ella se olvidaría para siempre.

Me levanté de un salto y me dirigí a la salida. El aire frió del amanecer me recibió dándome una suerte de palmadas en la cara a modo de bienvenida, como si se
alegrara de volverme a ver transitar sus impredecibles vericuetos. Con inusitada alegría me encaminé al bar de la esquina. Me senté en la mesa más alejada de la puerta y pedí
algo de beber. Después del tercer trago los problemas se fueron poco a poco diluyendo y la atmósfera alegre que inundaba el lugar me entibió el espíritu. Observé a la gente bebiendo y riendo, hablando de cosas superfluas porque no era la ocasión para otra cosa, tal vez para mirar un poco a la mujer de la otra mesa, que pese a estar acompañada, no dejaba de coquetear descaradamente. Hay ciertas cosas que nunca cambian. Sentía la música brotar de los parlantes con fuerza, con un ritmo infartante que algunas parejas intentaban seguir en grotescas acrobacias sobre la pequeña pista de baile. Las luces reflejadas en las copas de la barra y en algunos espejos de las paredes, le daban a todo un aire fantasioso, casi irreal que me gustaba, o quizás solo era que a éstas alturas mis tragos habían hecho lo esperado y ya estaba un poco ebrio. Fue entonces cuando la descubrí. Estaba sentada en el extremo de la barra que daba hacia la calle. No había duda de que era ella. Aún tras haber transcurridos varios años, mantenía la misma mirada lejana y melancólica que alguna vez me había trastornado, ese aire inquietante que da el caminar demasiado la noche. Parecía una loba en permanente celo. Me aproximé entonces con decisión a donde estaba y acercándome mucho a su oído le pregunté:
_ ¿No se acuerda de mí? _

sábado, 27 de junio de 2009

El sonido y la furia (fragmento)


" Quentin, que amaba no el cuerpo de su hermana, sino algún concepto de honor familiar y (él lo sabía bien), temporalmente suspendido en la frágil y diminuta membrana de su virginidad, semejante al equilibrio de una miniatura en la inmensidad de la esfera terrestre sobre el hocico de una foca amaestrada. Quien amaba, no la idea del incesto que no cometería, sino algún presbiteriano concepto de su eterno castigo: él y no Dios, podría arrojarse a sí mismo y a su hermana al infierno, donde eternamente podría protegerla y cuidarla para siempre jamás, invulnerable ante las llamas inmortales. Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada, hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja, renunciando a todo, ahogándose. "

William Faulkner